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Sáb, Sep

El peligroso color que tiñe tus vaqueros

Ciencia y tecnología
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El empleo a escala industrial del índigo, uno de los tintes más antiguos de la humanidad, supone un grave problema para el medio ambiente. Una bacteria intestinal podría ayudarnos a conseguir el tono azulado de los «jeans» de una forma más ecológica

Acapulco Gro., 28 de enero del 2018 (ABC).-Tonalidades ocres parecen extenderse desde el cielo impregnando todo cuanto les rodea, mientras en el horizonte se dibuja la silueta de jinetes que cabalgan sobre distinguidos camellos. Son los tuareg, los “hombres de azul”, perseverantes viajeros de una tierra infinita e inhóspita.

La figura de los tuaregs está tejida por un halo de misterio y romanticismo. Su nombre significa “abandonado”, un término que define a la perfección a este pueblo solitario y orgulloso que tiene por símbolo un turbante de color azulado, que les protege de la arena del desierto y que al desteñir les deja el rostro con esa tonalidad característica.

En este momento la población tuareg se extiende por cinco países africanos: Argelia, Libia, Níger, Malí y Burkina Faso. Sus turbantes están fabricados en una fina de tela de algodón, cuyo color se obtiene a partir de una planta llamada índigo, que al mezclarse con otros pigmentos proporciona la coloración que les ha hecho célebres.

El índigo es el color de las profundidades abisales, que todo lo oculta. Los tuareg adoptaron esta tonalidad porque es el color del techo de sus casas, ya que al ser un pueblo nómada, su techo no es otro que el azul del cielo.

El índigo -antiguamente denominado glasto- es uno de los tintes más antiguos de la humanidad, y como su propio nombre indica procede de la India, en donde ya se usaba en torno al 2000 a.C. Se obtiene a partir de las plantas del género Indigofera, un arbusto hermoso con pequeñas hojas de color verde ceniciento y flores de color rosa.

Desde la península del Indostán, a través de la ruta de las caravanas, llegó al Viejo Continente y a África. Se calcula que hacia el 1850 a.C. se utilizó el índigo para teñir el vendaje de las momias y para dar color a la vela del barco del faraón, de forma que cuando navegaba por el Nilo las demás embarcaciones lo reconocieran y se apartaran para permitir el paso del barco de la familia real.

Los soldados de infantería francesa llevaron durante mucho tiempo pantalones de color rojo de granza, del que se pasaron al índigo cuando llegaron a la conclusión de que el rojo era un blanco mucho más fácil para la artillería enemiga.

Una bacteria como solución

El índigo es el único pigmento capaz de proporcionar a los pantalones vaqueros su inconfundible coloración azulada. En la actualidad se sintetiza de manera química a escala mundial y se estima que anualmente se producen unas 45.000 toneladas, de las cuales el noventa y cinco por ciento se emplean para teñir los cuatro mil millones de pantalones vaqueros.

Esta demanda supone un grave problema para el medio ambiente, debido a que para su fabricación se requieren sustancias químicas muy agresivas, como el formol –muy inflamable y altamente volátil- y el cianuro de hidrógeno, así como el hecho de que algunas empresas químicas viertan sus materiales de tinturas en las cuencas fluviales.

Un equipo de científicos estadounidenses parece haber encontrado una solución viable, modificando la bacteria E coli mediante ingeniería genética sería posible obtener una sustancia que, con la ayuda de una enzima, sería capaz de obtener el índigo característico de las prendas vaqueras. De esta forma podríamos conseguir el mismo tono azulado pero de una forma mucho más ecológica.

Así pues, la E coli, una bacteria responsable de una gran parte de las gastroenteritis que padecemos, podría ayudarnos a ser más respetuosos con el medio ambiente en la fabricación de los tintes textiles.