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Dom, Ago

Mariano Barbacid:«Si los científicos nos echáramos a la calle no pararíamos ni el tráfico»

Ciencia y tecnología
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Cuando regresó a España tras una brillante carrera en Estados Unidos le dieron «casi todo» lo que pidió. Ahora a este investigador del cáncer le duele la situación de la ciencia española. «La clase política ha abandonado la I+D», dice

 

Desde que dejó en 2011 la dirección del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Mariano Barbacid se deja ver lo justo. Pero en la calle su nombre aún suena como el científico de élite que es. Probablemente sea el investigador más popular en un país donde la ciencia rara vez sale del anonimato. Barbacid se convirtió en una estrella en Estados Unidos al descubrir en 1982 el primer oncogén humano, un gen mutado que provoca cáncer. Su regreso a España marcó una nueva época, la del interés político por la investigación. Se recuperaban «cerebros» huidos como el suyo, se construían grandes centros de investigación y la inversión en I+D+i crecía. «Ahora la ciencia española está moribunda», se duele. Barbacid habla con ABC en un descanso del curso sobre Genómica y Cáncer que la Clínica de la Universidad de Navarra ha organizado en Madrid. La excusa es charlar sobre los últimos avances oncológicos, de cómo los medicamentos más novedosos permiten administrar un tratamiento personalizado. Pero a sus 68 años Barbacid aún es ese enfant terrible que no se calla ni se resigna, salvo cuando se le pregunta por la situación en el CNIO: «Prefiero no hablar».

¿Cómo está cambiando la genómica la forma de tratar el cáncer?

El órgano donde se origina el cáncer ya no es el tema central de la Oncología. Para escoger el mejor tratamiento y entender los tumores debemos conocer su DNI molecular, las mutaciones genéticas presentes en el tumor. En estos momentos conocemos los errores que conducen a la formación de un tumor aunque no cómo pararlos. Como el cáncer son más de cien enfermedades diferentes, el progreso no llega de la misma manera para todos los cánceres. Habrá hallazgos que mejoren la supervivencia e incluso podremos curar algunos tumores, pero en otros casos será imposible. Lo estamos viendo con la inmunoterapia. Es una herramienta fantástica pero no funciona para todos los tipos de cáncer.

¿Estamos siendo demasiados triunfalistas con la inmunoterapia?

Tengo amigos oncólogos que me cuentan la satisfacción de ver cómo responden a la inmunoterapia enfermos que iban a morir. Luego están las cifras: solo un 20 por ciento de los pacientes de cáncer de pulmón sobreviven a largo plazo. Hay un 80 que, o no puede recibir el tratamiento, o cuando lo recibe no responde. Uno de los grandes problemas de la inmunoterapia es que no se sabe quién va a responder. Esto crea un gasto inútil. El problema es que cuando se anuncia una nueva terapia contra el cáncer, muchos pacientes están convencidos de que resultará útil para todos. Pero el cáncer son muchas enfermedades diferentes. Nadie confunde el ébola con una gripe, pese a estar causados por dos virus.

En ese campo estamos casi como en la Edad Media cuando todas las infecciones parecían lo mismo.

Sí, es un buen símil. En aquella época todo era la peste y podía ser una gripe, el cólera o un sarampión. El cáncer es casi tan variado o más que las enfermedades infecciosas.

Al paciente al que se le ofrece un fármaco para una mutación concreta, ¿está de enhorabuena?

Claro, por supuesto, porque la alternativa serían los citotóxicos de toda la vida.

¿Esa quimioterapia clásica tiene los días contados?

Ojalá tenga los días contados porque irán saliendo nuevos tratamientos, pero desgraciadamente yo no veo la quimioterapia desapareciendo en los próximos años.

«No veo a la industria farmacéutica como la mala de la película. Sin ella, no habría investigación»

La medicina personalizada, está dando sus primeros pasos pero falta una estrategia nacional

El problema es que es muy cara. El tratamiento de inmunoterapia está alrededor de 60.000 euros. Si el paciente no responde, la Sanidad pública habrá tirado ese dinero a la basura, pero si funciona serán 60.000, más 60.000, más 60.000. Si pensamos en la cantidad de pacientes con cáncer de pulmón que hay en España no hay que ser economista para imaginar el coste que puede tener para las arcas públicas.

El precio de los medicamentos contra el cáncer se ha duplicado en los últimos diez años. ¿Debería alcanzarse un pacto con la industria para que los tratamientos sean asumibles?

Yo, en esto, voy a contracorriente y defiendo a la industria. Nadie le pide a El Corte Inglés que abarate las camisas. Es un tema de mercado, tenemos que entender que la industria farmacéutica financia la investigación y ésta tiene un coste altísimo. Evidentemente, los gobiernos deben negociar con la industria, pero no se debe pensar en la industria como los malos de la película. Si mañana desaparecieran los medicamentos que ha desarrollado la industria, las farmacias se quedarían vacías. Cuando yo trabajaba en Bristol Myers en Estados Unidos, este laboratorio dedicaba a investigación más presupuesto que todo el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en España.

«La investigación en España está moribunda a pesar de que nos quieran engañar con lo contrario»

 

¿El presupuesto del CSIC de hace 20 años o el de ahora?

¿Se disfruta más de la investigación cuando no se tienen responsabilidades directivas?

En mi caso no, desde luego. Para mí el haber montado el CNIO fue muy satisfactorio, marcó mi carrera. Entonces tuve la suerte de compaginar las dos cosas.

«El CNIO está en manos políticas y estamos pagando las consecuencias»

¿Hoy hubiera montado el CNIO de otra manera?

Solo hubiera cambiado una cosa, que no estuviera en manos de políticos, sino de la sociedad civil. Lo intenté, se lo pedí a Ana Pastor -entonces ministra de Sanidad-, pero no pudo ser. Me dieron prácticamente todo lo que pedí menos eso. Y ahora estamos pagando las consecuencias. El presidente del patronato siempre es un cargo político y no hay realmente un órgano de dirección colegial, como ocurre en los centros de investigación en Estados Unidos.

¿A qué consecuencias se refiere?

Prefiero no entrar en ello públicamente.

¿Cómo está siendo esta época como investigador?

Terrible. No a nivel personal porque hemos logrado financiación europea y mi grupo está relativamente bien financiado, pero el país está en un momento desastroso. Me parece una irresponsabilidad que la clase política esté abandonando el I+D en España. Estamos convirtiendo España en un país de servicios.

No le habrá sorprendido que en el último informe Cotec se advierta que la inversión en I+D fue la más baja de la última década. O que uno de cada dos euros destinados a investigación no se ejecuten.

Esto para un país es una irresponsabilidad. No solo del Gobierno sino de todo el Parlamento. Los señores de Ciudadanos y PNV han exigido el aumento de las pensiones, pero nadie ha abierto la boca para pedir un aumento de la I+D con el agravante de que aumentar la inversión a los niveles de 2008 no representa un grandísimo gasto. No hablamos de romper la hucha

Cáritas ha pedido que se suavice el triunfalismo cuando se habla de recuperación de la crisis. ¿Esto también se puede aplicar al mundo científico?

El país va hacia atrás. No es que no avancemos, es que estamos retrocediendo gravemente. Yo regresé a España en el año 98, era un momento en el que parecía que España se iba a comer el mundo. Ahora veo una España de servicios, basada en el turismo. No veo una España tecnológica e industrializada.

El mismo partido que le recuperó es el que ahora está gobernando. ¿Qué ha cambiado en este tiempo?

La ciencia no debe estar ligada a ningún partido. Por eso, no echo las culpas en exclusiva al Gobierno sino a toda la clase política.

Hoy, ¿volvería a España?

Nooo, ni se me ocurriría. El máximo de ayuda del gobierno en proyectos de investigación está en en menos de 400.000 para cuatro años. Y lo han dividido de tal manera que este año a la directora del CNIO le han dado 35.000 euros. Eso es un insulto, es como darle un euro a un pobre y decirle que se vaya a comer. Estamos en un momento de auténtica desesperación. La gente joven se va y los mayores abandonan la investigación.

Los pensionistas se han echado a la calle, a lo mejor uno de los problemas es que los científicos no hacen ruido con sus demandas

Mire, creo que si los científicos nos echáramos a la calle no conseguiríamos ni parar el tráfico (risas). Somos muy poco corporativistas, cada uno va a un «sálvese quien pueda». Yo estoy incluso ofendido, que el ministro de Economía diga que la Ciencia está en un momento vibrante, no sabemos si se está riendo de nosotros o es un perfecto ignorante.

El Ministerio de Ciencia no existe, ¿eso importa o es solo una cuestión estética?

No, no lo es. Su existencia es fundamental. En las reuniones del Consejo de Ministros no está la Ciencia. ¿Nos podríamos imaginar que no estuviera Sanidad o Defensa?. Sin Ciencia y Tecnología, seremos solo un país de servicios, vulnerables a los cambios económicos.