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Dom, Oct

¿Por qué hacer dos cosas a la vez, sí es bueno para el cerebro?

Ciencia y tecnología
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Entrenarnos en tareas duales puede ayudarnos a mantener durante más tiempo nuestras capacidades cognitivas. En nuestra actividad diaria, de forma casi constante, exigimos a nuestro cerebro que trabaje al mismo tiempo en dos tareas. Por ejemplo, andar y hablar por teléfono.

 

Acapulco Gro., 24 de septiembre del 2018  (ABC) .-La activación combinada del cerebro para dos tareas independientes y no relacionadas se conoce como dual task. Estas conllevan una mayor activación del cerebro y pueden combinarse de forma que la tarea dual sea movimiento-movimiento (como andar y hablar) o movimiento-cognitiva (como andar y resolver cálculos matemáticos).

Pero, ¿cómo responde el cerebro ante una de estas tareas duales? Pongamos dos ejemplos:

Provisto por el autor

Al caminar en el gimnasio, una persona tiene que activar en el cerebro las áreas encargadas de la marcha. Sobre todo, las áreas motoras y de coordinación (Figura 1. A).

 

Al caminar para cruzar la calle, una persona también tiene que activar las áreas mencionadas en el ejemplo anterior. Pero, además, las áreas visuales (para ver los coches), las áreas de memoria (que le hacen recordar la velocidad de los vehículos y calcular si le da tiempo a pasar) y las áreas de toma de decisiones (para decidir si, al final, cruza o no cruza). Al mismo tiempo, debe coordinar todas esas áreas (Figura 1. B).

Se ha demostrado que en el segundo ejemplo se activan más áreas cerebrales que tienen que coordinarse entre sí. Pero si nos fijáramos solo en el área cerebral encargada de la marcha, la activación sería mayor en la primera situación, pues el cerebro sólo se centra en esa tarea.

Al implicar nuevas áreas cerebrales, pierde fuerza la activación de la parte del cerebro que se encarga de caminar. Por eso pacientes en rehabilitación que caminan bien en el gimnasio pueden tener problemas fuera de él.

Podemos ver otro ejemplo cuando conducimos y hablamos por teléfono al mismo tiempo (algo que nunca deberíamos hacer). Es evidente que existe un mayor riesgo de accidente, pues el cerebro deja de estar concentrado solo en la conducción para centrarse, al mismo tiempo, en la conducción y en el teléfono.

Un entrenamiento muy saludable

Nuestro cerebro es capaz de aprender. La base de ese aprendizaje está en la repetición y, en última instancia, en la experiencia vivida. El entrenamiento de las tareas duales permite a nuestro cerebro estar más preparado para afrontar las que se encuentre en el día a día.

Esto puede resultar poco atractivo a primera vista. Aun así, cobra vital importancia si añadimos que, conforme nuestro cerebro envejece, pierde capacidad para enfrentarse a las tareas duales. Gran parte de las caídas en personas mayores ocurren mientras estaban realizando una de ellas. Del mismo modo, los cerebros que tienen alguna enfermedad neurológica son peores a la hora de enfrentarse a esta activación combinada.

En la literatura médica las tareas duales suman 241 artículos publicados en sujetos jóvenes y 429 en personas mayores. También 146 en pacientes con párkinson, 128 en ictus, 96 en traumatismo craneoencefálico, 40 en esclerosis múltiple y más de 250 en pacientes con deterioro cognitivo.

Como norma, se aprecia una mejoría tras el entrenamiento de las tareas duales en las diferentes poblaciones y situaciones. Sin embargo hay que tener cuidado, pues tendemos de forma generalizada a independizar las funciones motoras y cognitivas en los procesos de entrenamiento.

La importancia de entrenar las tareas duales es doble. Por un lado mantiene el cerebro activo, lo que de por sí ralentiza el envejecimiento cerebral. Por otro, y esto es lo más significativo, mantiene el cerebro activo tal y como trabaja a diario. Esto lo prepara para afrontar situaciones tan normales como cruzar la calle al mismo tiempo que repasamos la lista de la compra, o utilizar los cubiertos mientras cuento lo que me pasó ayer.

Así, el entrenamiento puede prevenir las caídas, la retracción social (socializar nos exige, por ejemplo, conversar al mismo tiempo que caminamos). También reduce el sentimiento de pérdida de capacidades. ¡Cuántas veces escuchamos eso de “yo antes hacía un montón de cosas a la vez”!

Cómo practicar las tareas duales

Una persona no tiene por qué tener una enfermedad neurológica para beneficiarse del aprendizaje de las tareas duales. Con el afán de mejorar este entrenamiento, en el equipo de Dualebike nos planteamos la posibilidad de mejorar estos procesos y nos decantamos por una una tarea motor-cognitiva.

Éramos conscientes de que la marcha es la tarea motora más trabajada, así que nos decidimos por el pedaleo. Como tarea cognitiva escogimos algo lúdico y social al mismo tiempo: los solitarios de cartas.

Así surgió el concepto Dualebike (Figura 1.C), una tarea dual que combina el pedaleo con los solitarios de cartas. El paciente pedalea y, al mismo tiempo, tiene que completar el juego. Pero, ¡ojo! si deja de pedalear no podrá seleccionar y mover las cartas. Además, la velocidad del ratón del ordenador se adapta a la velocidad del pedaleo.

El resultado es que conseguimos una activación cerebral muy importante, con muchas áreas cerebrales distintas y que requieren la coordinación de todas ellas.

Aunque Dualebike es una herramienta diseñada para el entrenamiento de tareas duales, estas pueden practicarse de muchas formas. Por ejemplo, ir a nadar y, al mismo tiempo, contar hacia atrás desde 100, restando 3 cada vez. O caminar mientras decimos los meses del año en sentido inverso. En definitiva, realizar una tarea motora y otra cognitiva a la vez.

Por este motivo animo a todos los lectores a potenciar su cerebro mediante el entrenamiento de las tareas duales, estén o no diagnosticados de una enfermedad neurológica. En cualquier caso, todos perderemos capacidad para llevar a cabo esta activación combinada con la edad. Estoy seguro de que esta estrategia merece la pena a largo plazo: debemos entenderla como una prevención activa.

Manuel Murie Fernández es doctor en Medicina y especialista en Neurología de la Universidad Pública de Navarra. Este artículo fue publicado originalmente en «The Conversation».