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Mar, Mar

Como una «navaja suiza», el terrible ataque de las larvas de mosca asesina

Ciencia y tecnología
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Sus mandíbulas son multifunción: sostienen a las presas, las perforan, inyectan veneno y extraen sus nutrientes

(ABC) Aunque las moscas que revolotean en verano en nuestras casas suelen ser más molestas que amenazantes, existen especies cuyas tácticas para alimentarse pueden quitarle el sueño a más de uno. Es el caso de la mosca asesina australiana (con el nombre científico de Blepharotes splendidissimus), una de las más grandes entre sus congéneres alados y quienes emboscan en el aire a mariposas y libélulas, inyectándoles unveneno neurotóxico y proteólico, que primero las paraliza y luego va preparando los tejidos para su posterior digestión. Pero ya desde crías, estas moscas son peligrosas y poseen una mandíbula al estilo de «navaja suiza»: sujeta, perfora, inocula el terrible veneno que también utilizan sus padres y chupa las vísceras de sus víctimas.

Así lo han comprobado investigadores de la Universidad Nacional Australiana, quienes acaban de publicar los resultados de su estudio en la revista «Austral Entomology». Los científicos han conseguido acercarse tanto a las larvas de esta mosca gracias al método de la microscopía electrónica de barrido que han observado cómo de mortíferas pueden ser ya desde pequeñas. El equipo ha descubierto que sus mandíbulas son como ganchos con la forma de hoja de una navaja y los «dientes» en forma de púas apuntando hacia atrás. Este sistema permite que perforen víctimas de cuerpo blando, como otras larvas (a menudo de escarabajos) o madera podrida.

Una armadura con espolones

Además, estas púas tienen otra misión: cuando se juntan se convierten en una especie de «jeringa» por el que inoculan sálica venenosa a las presas, a semejanza de sus padres. Y esta herramienta les sirve también para la acción contraria: a través de estos filamentos aspiran los fluidos blandos de sus presas, a modo de pajita.

Los investigadores también han descubierto que una vez que la cría madura, por lo general debajo de la tierra o dentro de la madera, la pupa -una fuerte armadura que tapa toda la larva- crea una especie de espolones y espinas que permiten a la nueva mosca asesina, una vez formada, perforar el suelo para alcanzar la superficie.

Sin embargo, por muy horrendas que puedan parecer estas moscas, en realidad este tipo de especies (que se cuentan por miles: alrededor de 7.400) son beneficiosas para el ser humano. Tanto ellas como sus larvas sirven para regular las plagas de insectos que se alimentan de los cultivos, como las orugas y las larvas de escarabajos. Por eso, a pesar de su aspecto, podemos estar agradecidos a estas «larvas multiusos».