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Mié, Dic

Neil Harbisson: «Me pondré en la cabeza un órgano para sentir el paso del tiempo»

Ciencia y tecnología
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El primer cíborg del mundo, que tiene una antena en el cráneo con la que «escucha» los colores, se someterá a una nueva cirugía en un lugar secreto en el subsuelo de Barcelona

Acapulco Gro., 08 de junio del 2016 (ABC) Cuando las autoridades británicas le permitieron posar para la foto del pasaporte con una antena en la cabeza, Neil Harbisson (Londres, 1984) se convirtió en el primer cíborg del mundo reconocido oficialmente. Esa antena, llamada «eyeborg», lleva ya trece años implantada en su cráneo. Gracias a ella «escucha» los colores, los que no puede ver a causa de una patología llamada acromatopsia e incluso los invisibles al ojo humano. Criado en Cataluña y residente en Nueva York, utiliza ese sentido extraordinario para crear arte y promueve con su fundación los derechos de los cíborgs. Ahora busca un nuevo sentido. Lo ha explicado en el foro sobre Analítica y Computación Cognitiva SAS Forum España, celebrado esta semana en Madrid.

—¿Es su rutina diferente a la de cualquiera por la antena?

—De la misma forma que una transgénero no lleva pechos, sino que los tiene, yo no llevo la antena, la tengo. No es un «wearable», es un órgano, y hago una vida normal.

—Le permite captar colores como si fueran frecuencias audibles. ¿Cómo lo hace?

—Lo simplifico diciendo que escucho colores, pero realmente es como una vibración dentro del hueso que se convierte en «sonido» interno.

—Vibraciones que usted aprendió a interpretar.

—Sí, exacto. Tardé tres años. Al principio tenía que pensar de qué color era algo, de la misma forma que lo hace un niño o igual que se aprende a diferenciar un violín de un chelo. Después la percepción pasó a ser automática.

—¿Es cierto que puede captar frecuencias de fuera de la Tierra?

—Yo tengo cuatro implantes. Dos son para sujetar la antena. Otro es el chip que vibra dependiendo de la frecuencia de luz, lo que me da el sentido del color, y el cuarto implante me permite recibir información a través de internet directamente al cráneo, de forma que con un ordenador o un móvil pueden mandar imágenes a mi cabeza (solo cinco personas en el mundo tienen permiso) o puedo contectarme al «livestream» de la Estación Espacial Internacional para percibir colores del espacio, extraterrestres. Mi sentido del color ya está fuera de este planeta.

—¿Y cómo lo percibe?

—La gente cree que el espacio es negro, pero está lleno de colores invisibles: ultravioletas, infrarrojos... Cuando me conecto a la ISS me considero «senstronauta». Mis sentidos están en el espacio pero yo no. Y esa es una buena forma de explorarlo. En el futuro podremos enviar a Marte una impresora 3D para imprimir ADN, crear un segundo cuerpo y conectarnos por internet.

—¿Cuál es la experiencia más intensa que ha tenido gracias al «eyeborg»?

—Sin duda, conectarme al espacio. Pero antes, andar por un súper. Vosotros estáis acostumbrados a ese bombardeo de colores, pero realmente no es normal. Eso sí, el espacio es como una combinación de miles y miles de supermercados juntos.

—También ha sufrido algunos incidentes, como problemas con la Policía o para sacarse el carné.

—Sí, en 2004 esto era extremadamente raro, la gente pensaba que era broma, se reían. En el aeropuerto, el personal de seguridad se ofendía porque creía que me estaba burlando. La gente ya no tiene esa reacción, pero todavía no está acostumbrada a que alguien tenga un órgano nuevo. Creen que se puede quitar, y no.

—Porque su antena está osteointegrada. ¿Le da molestias?

—Es parte de mi esqueleto, así que soy oficialmente más alto (sonríe). Hay veces, pocas, que tengo dolores de antena, como quien tiene dolor de cabeza, quizás por un cambio de temperatura o presión. Me tomo una pastilla y ya. Por cierto, el material que usé para la antena es sueco y ahora estoy pidiendo la nacionalidad, porque parte de mí es sueca desde hace trece años.

Harbisson, en el SAS Forum- M.B.

—¿Como cíborg, ha conseguido el respaldo de la comunidad científica?

—En el comité de bioética que presenté mi cirugía, había catorce médicos; once dijeron que sí y tres no, suficiente para ser rechazado (La antena fue implantada por doctores anónimos). De la misma forma que hay científicos que creen que el móvil no tiene efectos dañinos y otros que sí, conmigo igual.

—¿Es usted mejorable?

—Voy a añadir un nuevo órgano sensorial para la percepción del tiempo. Ya está diseñado e impreso. Es circular, irá entre la piel y el hueso, y va a tardar 24 horas en dar una vuelta a la cabeza, una órbita. Como el Sol que da a la Tierra, sabré qué hora es por el punto de calor en la cabeza. Cuando mi cuerpo se acostumbre, modificaré la velocidad en la que el punto de calor gira para cambiar mi percepción del tiempo. Es llevar la teoría de la relatividad de Einstein a la práctica.

—¿Cómo va a llevarlo a cabo?

—Lo tendré instalado por fuera unos meses para ver que funciona bien antes de implantarlo. La operación será en Barcelona, tenemos un estudio, el «ciborgbúnker», una situación secreta subterránea, y hay una red de doctores anónimos dispuestos a hacer cirugía transespecie, de la misma forma que en los 60 se hacían las primeras cirugías transgénero.

—¿Transespecie?

—Añadimos sentidos y órganos que no son tradicionales en nuestra especie, pero sí en otras, como una antena o percibir el ultravioleta. Mi vibración dentro del hueso es similar a la de los delfines: no tienen orejas y perciben a través de un agujero en la mandíbula.

—¿Cree que en el futuro seremos todos cíborgs?

—Ser cíborg tiene que ver con tu sentido de identidad, no solo con tu cuerpo. Cada vez hay más adolescentes que se identifican como tal y quieren hacer cirugía cuando tengan 18 años. Pero llegará un punto en que no necesitaremos la tecnología. En los años 40, podré imprimir esta antena con mi ADN y será tan orgánica como un dedo. Es el postciborgismo.

—¿Eso nos va a dar muchas ventajas?

—Sí. Por ejemplo, si tuviéramos visión nocturna, las ciudades podrían ser oscuras. Nos beneficiaríamos nosotros, otras especies que no serían alteradas por la luz artificial y el planeta, ya que gastamos mucha energía para ver. De igual forma, si percibiéramos infrasonidos, sabríamos si se acerca un tsunami o un terremoto. Es mejor diseñarnos a nosotros que diseñar el planeta. Cuando la gente se dé cuenta de eso, los cíborgs serán mucho más aceptados.

Los otros cíborgs

Moon Ribas - Siente terremotosArtista de vanguardia catalana, un implante permanente conecta su cuerpo a sismógrafos online y puede percibir terremotos en cualquier lugar del mundo. También los lunamotos, la actividad sismica en la Luna.

Kevin Warwick - «Capitán Cyber»Este profesor británico se conectó al ordenador de un edificio (a su paso se abría la puerta y las luces se encendían), movió con su cerebro un brazo robótico al otro lado del Atlántico y se conectó al cerebro de su mujer.

Chris Dancy - El más conectadoDicen de él que es el hombre más conectado del mundo. El estadounidense lleva una decena de dispositivos encima que leen su estado físico y mental las 24 horas.

Rob Spence - Una cámara en el ojoSe llama a sí mismo «Eyeborg». El canadiense perdió un ojo en un accidente cuando era niño y lo ha sustituido por una cámara con la que graba documentales y transmite imágenes de vídeo.

 

Jerry Jalava - Dedo-USBEl programador de software finlandés perdió parte de un dedo en un accidente de moto y se implantó un lápiz de memoria USB en la prótesis. Lleva encima todo tipo de archivos informáticos . Se lo quita para conectarlo al ordenador.