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Setenta años del Santiago Bernabéu, el estadio que cambió la historia del Real Madrid

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Este jueves se cumplen siete décadas de la inauguración del Nuevo Chamartín, un campo que convirtió al club blanco en un trasatlántico deportivo y económico

Acapulco Gro., 12 de mayo del 2018 (ABC).-A primeros de diciembre de 1947, días antes de su inauguración oficial, Santiago Bernabéu convocó a doscientos periodistas para que pudieran ver, en exclusiva, su gran obra. Tras muchas noches en vela y unas cuantas zancadillas económicas, también le tocó esperar pacientemente más de tres años de obra. Pero, por fin, había llegado su momento. Al presidente de la entidad blanca le tocaba presumir del mejor estadio de fútbol jamás construido en España, y el más moderno de Europa. Y lo hizo del modo más auténtico, como era él mismo.

«Durante un momento de la visita, Bernabéu y los doscientos periodistas se pusieron a botar en la grada que estaba repleta de sacos de cemento, utilizados para hacer las pruebas de carga. Debajo, se situó Luis Alemany, supervisando que todo salía bien. Una vez terminada la demostración, el jefe de obra le comentó a Alemany que se la había jugado, pero este le contestó que si Bernabéu y dos centenares de periodistas echaban abajo la grada, mejor que le pillara debajo...», explica a ABC con una sonrisa Rafael Alemany. Ya jubilado, Rafael es hijo de Luis, el arquitecto (junto a Muñoz Monasterio) que diseño el Nuevo Chamartín, además de ser el responsable de la reforma de 1982.

 

«Esto es un campo, señores»

Este jueves, el rebautizado desde 1955 como estadio Santiago Bernabéu cumplirá 70 años. Fue el 14 de diciembre de 1947, con un amistoso entre el Real Madrid y el Os Belenenses de Portugal (3-1), cuando el sueño del madridismo se hizo real. Así lo presentó el mito de la comunicación Matías Prats: «Las obras empezaron en octubre de 1944. Se movieron 120.000 metros cúbicos de tierra, 10.000 de hormigón en masa y hubo 550 obreros trabajando durante 820 días. Se tuvo especial cuidado en la siembra del césped. Cuando el césped hubo crecido, fue segado con máquina. Los 80.000 espectadores pueden presenciar el partido con la comodidades hasta entonces solo reservadas a las salas de lujo de la Gran Vía. Cada uno en su asiento y los vendedores de gaseosa en los de todos. Esto es un campo, señores».

En 1943, Bernabéu llegó por casualidad a la presidencia del Real Madrid, y aunque le dijo a su mujer María que no duraría ni un solo año en el cargo, acabó presidiendo el club hasta su muerte, en 1978. 35 años de mandatario iniciados con una apuesta arriesgada, que sirvió de trampolín a la pomposa historia blanca: «En aquel Madrid de posguerra, la vida era muy complicada. Los ingresos de los clubes de fútbol solo provenían de la taquilla y para poder fichar a los mejores jugadores, el Madrid necesitaba ampliar el aforo del estadio», cuenta Ignacio Salazar, director del largometraje «Bernabéu».

Madrid y Os Belenenses, el día de la inauguración del Nuevo Chamartín

El dirigente blanco no tuvo fácil encontrar apoyo financiero para una obra que pretendía multiplicar por seis la capacidad del estadio, en un Paseo de la Castellana que entonces no era más que un camino de tierra, pero se cruzó con Rafael Salgado. El director del Banco Mercantil siempre creyó en el proyecto, a pesar de las muchas críticas, como la de los medios catalanes, que calificaron la idea de Bernabéu como «una quimera impracticable, propia de un loco visionario y megalómano». Pocos años después, a aquella aseveración le salieron los colores.

Para sacar el estadio hacia adelante, la idea del Banco Mercantil fue la emisión de obligaciones de deuda para los socios, a veinte años, respondiendo con su propio patrimonio. La noche anterior a su puesta en marcha, Bernabéu no pudo dormir. No confiaba en que los aficionados se atrevieran a dar tan importante paso: «Me levanté temprano y me fui a una esquina al lado del banco. Antes de que abriera, vi con alegría como se formaba una gran cola en pocos minutos. En poco tiempo me di cuenta que habíamos triunfado. Dicen que el Madrid es un club de ricos, pero se equivocan. La realidad es que las bases de la entidad están entre los que construyeron el estadio. Y de los primeros cuarenta mil socios, aristócratas hubo solo veinte».

Como deferencia, Salgado le ofreció a Bernabéu los terrenos aledaños al Nuevo Chamartín, a ocho pesetas el metro cuadrado, pero el mandatario se negó a comprarlos, argumentando que eso era lucrarse a costa del Madrid: «Santiago era una persona sencilla. Y visionaria. Mi padre le diseñó un proyecto pionero, que consistía en entrar al estadio a un nivel medio, dejando las gradas hacia abajo y hacia arriba. En los cuarenta, nunca antes un recinto deportivo se había construido así. Era una estructura que facilitaba la comodidad y la evacuación», recuerda Rafael Alemany.

La primera gran reforma

En 1954, siete años después de su estreno, se llevó a cabo la primera gran reforma: la construcción del lateral de Padre Damián, elevando el aforo a los 125.000 espectadores. 36 meses después, en mayo de 1957, un amistoso ante el Club do Recife brasileño (5-3) sirvió para estrenar la iluminación artificial, tanto interna como externa. El estadio ya colmaba las aspiraciones de Bernabéu y hasta 1982, cuatro años después de su muerte, no se volvería a reformar.

«Fueron tres grandes novedades: la fachada, la cubierta y el aforo. En 1947, por falta de dinero, la fachada diseñada no pudo realizarse y en su lugar se hizo una más clásica que algunos calificaron de franquista. Así que mi hermano Luis y yo basamos esa reconstrucción en el proyecto primitivo de mi padre, que era mucho más moderno y adaptado al entorno. También cubrimos los dos fondos y el lateral principal con una cubierta, que fue probada en túneles de viento y por la que recibimos varios premios. Y el aforo, para cumplir la normativa FIFA de todos los espectadores sentados, bajó a 90.000 butacas», explica Rafael Alemany.

Imagen de la reforma de la década de los noventa

Entre 1991 y 1994, con Ramón Mendoza como presidente, el Estudio Lamela fue el encargado de levantar las cuatro torres de las esquinas, que mejoraban el acceso al estadio. Además, se construyó el Tercer Anfiteatro. Todo ello en una meticulosa obra de ingeniería: «Hubo que elevar la cubierta a la vez que se construía el nuevo graderío y hubo que construir unos puentes para apoyar la grada sin tocar la bóveda del metro que unía Atocha con Chamartín, que pasa por debajo del estadio y cuya distancia al terreno de juego es de solo un metro», explica Carlos Lamela, cuyo vínculo con el Madrid va más allá de lo profesional. Su padre Antonio fue socio merengue desde 1940 hasta su muerte, el pasado mes de abril, motivo por que el que el Madrid decretó un minuto de silencio en el derbi ante el Atlético, y el propio Carlos, lleva más de cincuenta años de socio.

La última gran reforma fue a principios de siglo, ya con Florentino como presidente. Se creó un cuarto anfiteatro en el lateral de Padre Damián y se techó esta misma zona, la única que aún no estaba cubierta. Desde entonces, es un campo «cinco estrellas» que, para 2022, espera celebrar sus bodas de platino con una cubierta abatible, un aspecto exterior futurista, 12 metros más de altura y un hotel de lujo dentro de un estadio que hace 70 años cambió la historia del Real Madrid.