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Eleccciones 2018
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BAJO FUEGO / Los prospectos (3) /  Por: José Antonio Rivera Rosales

   Todo parece indicar que la magistrada Adela Román Ocampo cuenta con la mayor probabilidad de ser postulada candidata a la alcaldía porteña, pero finalmente nada es seguro.

   De acuerdo con fuentes fidedignas, la dirigencia nacional de Morena aún evalúa si la candidata es Román Ocampo o Zeferino Torreblanca Galindo, decisión que podría tomarse en estos últimos días de diciembre o en los primeros de enero.

   Pese a su obstinación, en la oferta política ni siquiera figura el cirujano plástico Javier Solorio Almazán, a quien los líderes locales del Partido del Trabajo promueven como coordinador local de la campaña de Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué atributos tiene este tipo?, se preguntan en el círculo político morenista.

   Así las cosas, si no hay una decisión en favor de Torreblanca, será Adela Román la abanderada de los morenos para contender por la alcaldía del municipio más importante de Guerrero.

   En caso de que así sea -y todo parece pintar en ese sentido- a Román Ocampo le tocará lidiar entre los grupos enfrentados de Morena, que han causado un desorden en las decisiones internas que, primero, abrieron la oferta a candidatos varones -algunos de ellos muy respetables, como el doctor Gabino Solano- pero después se cargaron por una candidata mujer después de que el propio López Obrador tuvo que intervenir para ponerlos en paz.

   Esas confrontaciones estériles, generadas en la ambición política, provocaron una muy mala publicidad para Morena, lo que se tradujo en una percepción de falta de seriedad ante la opinión pública.

   El diferendo interno entre Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros y Marcial Rodríguez Saldaña -aunque César Núñez Ramos también contribuyó de soslayo para incentivar la pugna- es el primer reto que deberá enfrentar Adela Román si es que quiere llevar la fiesta en paz.

   Porque para enderezar una campaña política exitosa es menester dirimir la pugna por el poder que mantienen estos grupos facciosos de Morena, que con su actitud demuestran que les interesa más el poder y el dinero y menos la justicia social. En ese sentido, no se diferencian mucho de los partidos de enfrente, comenzando por el PRI y el PRD.

   En su favor, Román Ocampo cuenta con la experiencia de cargos administrativos, legislativos y, ahora, en la impartición de justicia como magistrada del Tribunal Superior de Justicia. 

   En su gestión como síndica municipal Román Ocampo sostuvo un abierto enfrentamiento con el entonces alcalde de Acapulco,  Zeferino Torreblanca (1999-2002), a quien interpeló en diferentes ocasiones respecto de las decisiones que el edil tomó al frente de la administración municipal, diferendo que se ha extendido hasta la fecha.

   El respaldo que López Obrador ofreció públicamente a Adela Román parece no dejar lugar a dudas de que la magistrada será la abanderada morenista, pero los adeptos de ZTG aún guardan esperanzas de que en el exgobernador recaiga la decisión final.  

   Por otra parte, son huesos duros de roer los grupos en pugna al interior de Morena, lo que con seguridad impactará en la logística, empatía, discurso y efectividad de su eventual campaña, si resulta confirmada por AMLO como candidata oficial.

   Si Román Ocampo logra conciliar acuerdos con Sandoval y Saldaña, lo que se antoja algo bastante difícil por no decir imposible, entonces podría suceder que la precandidata pueda llevar la fiesta en paz y centrarse en obtener la mayor votación posible.

   Con todo, Román Ocampo es una idónea representante de las mujeres guerrerenses en la puja por el poder del municipio más importante de Guerrero, que concentra el 24.5 por ciento de la población total del estado.

   Hasta donde se ha observado el escenario -complejo, inédito y abigarrado- los prospectos enfrentarán una situación muy complicada frente a un enorme caudal de votos diferenciados e indecisos y, en lo general, un mercado electoral inestable y volátil, que pronto deberá definir lealtades ante una oferta política variopinta que carece de propuestas políticas específicas.

   La clave de este proceso electoral de 2018 es que, en semejanza con los comicios del estado de México donde triunfó Alfredo del Mazo por un margen mínimo, el interés de López Obrador se centra más en la cuantía de votos que le puedan asegurar una victoria nacional, que en triunfos locales. En este sentido, el equipo de López Obrador tiene una lección bien aprendida del laboratorio político que fue la elección en  el Edomex. 

   Es decir, a AMLO no le interesa si el candidato postulado en Acapulco gana la alcaldía, sino que le genere el mayor caudal para ganar la Presidencia de la República. Ese es el verdadero objetivo. Lo demás no importa. 

   En ese sentido, la estrategia electoral morenista estará dirigida hacia segmentos bien identificados del mercado electoral en el que buscarán los votos necesarios para que el tabasqueño alcance su objetivo, aunque pierda posiciones como la alcaldía de Acapulco.

   Es decir, sea la candidata Adela o cualquier otra persona, es factible inferir que perderá la competencia electoral por Acapulco, porque todo el equipo y la estrategia morenista estarán concentrados en la lucha por la Presidencia de la República.

   Es por lo menos complicado adelantar que el arrastre de López Obrador beneficiará a quien resulte postulado en Acapulco. En tal sentido el escenario es impredecible, pero también es posible que la experiencia de Adela marque la diferencia y pueda remontar las probabilidades en contra.

   Pero, por si no lo han notado, otros actores políticos podrían actuar como caballo negro en este juego de ajedrez político. Pronto lo veremos.