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Sáb, Abr

O’Rourke, el demócrata tejano que cabalga hacia la Casa Blanca

Política
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El candidato, una mezcla entre Obama y los Kennedy, inició ayer en Texas su campaña para el 2020

Nunca un perdedor levantó tantas expectativas. Beto O’Rourke, con 46 años, se convirtió en un figura política en EE.UU. el pasado otoño subido a su furgoneta. Se lanzó a una campaña improbable para destronar del puesto de senador por Texas a Ted Cruz, el excandidato presidencial y uno de los pesos pesados del conservadurismo estadounidense. Parecía una aventura imposible en un estado de fuerte implantación republicana, que no elegía a un senador demócrata desde 1988. Mezcló las formas tradicionales de la política local –carretera y manta, miles de kilómetros por pueblos perdidos– con las nuevas formas de conectar con los votantes –vídeos de Facebook Live al volante– y una apuesta por una campaña no convencional, solo sufragada con aportaciones de ciudadanos.

Perdió por la mínima contra Cruz, pero consiguió movilizar al electorado demócrata y atraer votantes que muchas veces se quedan en casa. Eso es lo que necesitan los demócratas para evitar la reelección de Donald Trump en 2020 y O’Rourke tratará de venderse como el único candidato capaz de hacerlo: batió el récord de donaciones en un día entre candidatos demócratas y este fin de semana arrancó su campaña en el estado de Texas, con tres mitines en un día.

El sábado por la mañana se presentó en El Paso, cabeza del distrito en el que se convirtió en diputado de la Cámara de Representantes en 2012. De allí viajó a Houston, la principal ciudad del estado, y cerró la jornada en Austin.

En escena, O’Rourke es efusivo, hiperactivo. Aparece con el uniforme de campaña –vaqueros, camisa remangada, gorra deportiva– y se mueve sin parar, casi como el baile de un boxeador. Su energía, su mensaje progresista y su aspecto juvenil –y esa dentadura– le han valido comparaciones con Robert Kennedy, el hermano de JFK que murió asesinado poco después de iniciar su campaña presidencial en 1968.

Un progresista moderado

En Houston, se presentó en una universidad histórica negra, Texas Southern University, pero su mensaje está lejos de estar centrado en las minorías. Se notaba en el público del mitin, una amalgama de jóvenes, hispanos, negros, blancos… Es, de alguna forma, la célebre coalición que amasó Barack Obama para ganar las elecciones de 2012, cuando se convirtió en un candidato que arrastró a las minorías a las urnas, entusiasmó a los jóvenes y no asustó a los moderados de ambos partidos y a los independientes.

Quizá O’Rourke tampoco meta miedo al votante blanco que muchas veces parece esquinado en el discurso político de los demócratas. En un partido escorado hacia la izquierda, él queda como un candidato moderado, a pesar de que durante el mitin recitó propuestas habituales de la izquierda: cobertura sanitaria pública y universal, reforma migratoria laxa, más acceso al voto, subvención de la educación superior, salario mínimo de quince dólares la hora… Su énfasis, sin embargo, no es en las propuestas –todas con muy poca concreción– sino en la pátina de unión y optimismo de su mensaje. «Este país necesita que nos unamos. Sean cuales sean nuestras diferencias, dónde vivas, a quién ames, a quién reces, a quien hayas votado en la última elección, eso no nos define», dijo en Houston, entre gritos de un público electrizado y carteles en español de «Viva Beto». Es una antítesis de diseño frente a Trump, al que dedicó una de las frases más aplaudidas: «Antes que nada, primero somos americanos», una vuelta de tuerca al lema de campaña del presidente, «América primero».