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Sáb, Abr

Veracruz, donde el olor a muerte significa esperanza

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ABC acompaña a un grupo de búsqueda de desaparecidos en México, durante su recorrido por un basurero municipal. Foto: Cuarto Oscuro

Una bandada de buitres sobrevuela el basurero de Veracruz, ciudad al este de México. Botellas, ropa, bolsas; miles de desperdicios pueblan un terreno aledaño a la montaña de basura donde el sucio suelo podría esconder un preciado tesoro: fosas clandestinas repletas de restos humanos. Para hallarlos, Rosalía, Sabina y Janet –familiares de desaparecidos– extienden verticalmente una larga varilla metálica. Con unos martillazos, la hunden casi un metro en la tierra. La extraen y olisquean la afilada punta. «No huele feo», concluye Janet. Esta vez no hubo suerte, no hiede a cadáver.

«Son tesoros para nosotros», así define Rosalía Castro, portavoz del grupo de búsqueda de desaparecidos Colectivo Solecito, a los restos humanos posiblemente dispersados en diversas fosas clandestinas en las proximidades del basurero municipal. Y es que ahí podría estar su hijo Roberto, desaparecido desde Nochebuena de 2011. «Mi único fin en la vida es encontrarlo. Sea como sea, (vivo o muerto) Dios sabrá, pero espero no morir con esa incertidumbre», afirma Rosalía, quien a diario peina una zona de 300 hectáreas –casi tres veces El Retiro–. Sospecha que el crimen organizado en Veracruz transformó la zona en un cementerio ilegal donde sepultaban a sus víctimas.

Cerca de 300 cráneos y otros 22.000 restos óseos distribuidos en 125 fosas clandestinas. Ese es el impresionante hallazgo en 2017 del Colectivo Solecito en un área conocida como Colinas de Santa Fe, terreno al que llegaron tras recibir un mensaje anónimo que les indicaba dónde escarbar. Ahora, mediante otro anónimo, una veintena de familiares y brigadistas –arqueólogos, médicos y rastreadores– buscan otros 400 cuerpos que podría haber enterrados en el llamado kilómetro 13,5, el terreno cercano al basurero ubicado a escasos metros de Colinas.

«Quizá no encontremos a los nuestros, pero ayudaremos a que otros lleguen a sus casas», dice Sabina, miembro del colectivo desde hace un año y quien no sabe nada de su hijo Juan Manuel desde abril de 2011. Juan Manuel, entonces, tenía 20 años y estaba en una fiesta cuando un grupo de hombres armados aparecieron y se lo llevaron junto a tres amigos. «A uno de los tres lo soltaron porque le dijeron que era muy chaparro (pequeño). Mi hijo, en cambio, sí era atlético y yo me pregunto: chaparro para qué. ¿Para qué necesitaban a alguien fuerte como mi hijo?», solloza Sabina, quien mantiene la esperanza de que Juan Manuel siga con vida.

En el estado de Veracruz hay unos 7.000 desaparecidos, según la fiscalía. Mientras tanto, el gobierno mexicano calcula 40.000 desaparecidos en todo el país, número que varias enegés estiman en más de 300.000 casos, puesto que muchas víctimas no son reportadas por miedo a sufrir represalias. Con el objetivo de revertir esas negras cifras, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha lanzado un programa de búsqueda que incluye la creación de un instituto que coordinará los servicios forenses de los 32 estados. Entre 2006 y 2016 fueron halladas casi 2.000 fosas clandestinas en todo México. «Es un saldo doloroso, terrible», dijo López Obrador.

Escasos perfiles de ADN

«Finalmente se visibilizó la problemática porque con Gobiernos anteriores los desaparecidos no existían», dice Carlos Martínez, arqueólogo forense del Colectivo Solecito que celebra la llegada de López Obrador a la presidencia el diciembre pasado. No obstante, advierte que la búsqueda no termina con el hallazgo de un cuerpo, ya que luego sigue una ardua tarea de identificación. «Lo preferible es que el cadáver tenga ropa, eso permite identificarlo rápido», explica Carlos, «pero en la mayoría de los casos es con el ADN».

Sólo 19 de los casi 300 cráneos hallados en 2017 en Colinas han sido identificados debido a los escasos perfiles de ADN que tiene la fiscalía, ya que al miedo a presentar una denuncia de desaparición supone entregar datos genéticos.

Entre tanto, el Colectivo continúa trabajando bajo el abrasador sol veracruzano. De lunes a viernes, de ocho a dos, una veintena de personas clavan varillas, las extraen, olisquean y si huele feo sacan las palas y comienzan a escarbar. En el Kilómetro 13,5, por ahora, han encontrado restos de un coche quemado y un DNI de una mujer, evidencias que podrían indicar que alrededor hay un tesoro que desenterrar, explica Rosalía.

No reciben subvenciones y financian sus actividades de forma independiente a través de rifas, bazares o campañas para captar fondos. También obtienen donaciones de particulares. ¿Por qué Colectivo solecito? «Porque algún día volverá el sol a brillar en nuestras vidas cuando encontremos a nuestros ‘tesoros’, ya sea de una manera o de otra», concluye Rosalía.