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Jue, Feb

Putin desarrolla un misil hipersónico tras suspender el acuerdo nuclear con EE.UU.

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«Nuestros socios norteamericanos anunciaron que suspenden su participación en el tratado, pues también lo hacemos nosotros», declaró el mandatario ruso

(ABC) Rusia ha rechazado el ultimátum o mano tendida, según se mire, de Estados Unidos en demanda de adecuarse en los próximos seis meses a lo estipulado en el Tratado de control de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF).

Sin esperar ni un solo minuto a que se cumpla ese periodo, justo al día siguiente de que Washington diese por iniciado el proceso hacia el abandono total y definitivo, el próximo mes de agosto, de este importante acuerdo de desarme firmado en 1987, el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció ayer que su país suspende todos los compromisos que emanan del INF.

Y lo ha hecho de inmediato, sin darse ningún plazo de medio año ni de media semana. «Daremos una respuesta simétrica (a EE.UU.). Nuestros socios norteamericanos anunciaron que suspenden su participación en el tratado, pues también lo hacemos nosotros», declaró Putin en un encuentro con sus ministros de Defensa y Exteriores, Serguéi Shoigú y Serguéi Lavrov, cuyas imágenes fueron difundidas por las televisiones rusas.

Aseguró que «no debemos ni vamos a dejarnos arrastrar a una carrera armamentista costosa». Sin embargo y a renglón seguido, el máximo dirigente ruso aceptó la propuesta de Shoigú de proceder de inmediato al desarrollo de un nuevo misil hipersónico de alcance medio. El ministro de Defensa recibió además de Putin el encargo de adaptar los misiles de crucero «Kalibr», también de rango intermedio y cuyo empleo actualmente en Siria se hace desde navíos de guerra, a su utilización con base en tierra, algo que el INF prohíbe.

El presidente ruso dijo además que quiere escuchar «propuestas para eliminar la posible amenaza de que -EE.UU.- pueda desplegar armas ofensivas en el espacio». Putin advirtió que supervisará personalmente la entrada en servicio de cohetes como los «Kinzhal» y «Avangard», cuya fase de pruebas acaba de finalizar.

Según sus palabras, «hay que ver también cómo va la producción de los cohetes Sarmat y los preparativos para su entrada en servicio además de comprobar cómo avanzan los trabajos en relación con el ingenio submarino no tripulado Poseidón». Todas estas armas, «invencibles», según Putin, fueron por él presentadas el 1 de marzo del año pasado en su tradicional discurso anual ante las dos Cámaras del Parlamento. Los canales de oposición rusos en Telegram anunciaban ayer «el comienzo de una nueva carrera de armamentos».

El Ministerio de Defensa ruso afirmó a través de un comunicado que EEUU empezó ya hace dos años a preparar el terreno para salirse del acuerdo de misiles intermedios, cuando «dio comienzo en una factoría militar de Arizona el programa para la fabricación de misiles de corto y medio alcance prohibidos por el INF». En la nota se señala también que, en el marco del programa, «el Congreso asignó al Pentágono un primer tramo de 58 millones de dólares en noviembre de 2017». Los militares rusos aportaron también ayer una imagen satélite de la planta que hace dos años comenzó supuestamente a violar el acuerdo.

Pero Washington ha insistido siempre en que la decisión de abandonar el tratado se debe a que Rusia lo infringe por haberse dotado del misil 9M729 (Novator), cuyo alcance, según Moscú no supera los 500 kilómetros. Washington sí cree que el arma es capaz de superar ese rango, entrando así de lleno en la clasificación de cohete «intermedio». La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, aseguró el viernes que Estados Unidos "no ha presentado ninguna prueba" de que Rusia viole el tratado.

Putin ordenó ayer a Shoigú y Lavrov «no iniciar» con EE.UU. nuevas negociaciones de desarme «mientras los socios estadounidenses no alcancen la madurez y sean capaces de abordar un diálogo a fondo y en igualdad de condiciones». Según el jefe del Kremlin, «este asunto atañe a nuestra seguridad a la de ellos y a la del mundo entero».

En diciembre, Washington dio 60 días a Moscú para cumplir de manera «verificable» el INF, lo que implicaba destruir el cohete Novator. Putin rechazó entonces el ultimátum. Ahora, ha vuelto a ser el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, quien ha vuelto a lanzar otro ultimátum, esta vez de seis meses, y Putin, fiel a su estilo, también lo ha desestimado.

Los expertos señalan que, con ligeras modificaciones, el 9M729 puede convertirse en un cohete de alcance medio, pero, en el actual contexto militarista reinante en Rusia, renunciar a este arma por imperativo de Washington supondría un duro golpe para la autoridad de Putin a nivel interno. Pero la procesión va por dentro, en el Gobierno ruso hay temor a que el país no pueda asumir económicamente la carrera de armamentos que se avecina, como le sucedió a la Unión Soviética. Aquel esfuerzo por contrarrestar la amenaza estadounidense terminó reventando la URSS.

El INF, rubricado en Washington el 8 de diciembre de 1987 por Gorbachov y Reagan, fue el primer acuerdo importante de desarme nuclear. Estipulaba la eliminación de todos los misiles de alcance corto (500-1000 kilómetros) y medio (1000-5500 kilómetros), estuvieran o no provistos de cabeza atómica. El objetivo del tratado era proteger a Europa de un ataque desde la URSS con este tipo de armamentos y a los soviéticos de los cohetes desplegados en el Viejo Continente por la OTAN.

El viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, durante una aparición televisiva el viernes, expresó el temor de que en los planes de EEUU esté también salirse del Tratado de Misiles Estratégicos o de largo alcance, START, que expira en 2021. El consejero de Seguridad estadounidense, John Bolton, estaría a favor de no prolongar la vigencia del START.