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Berlusconi y Trump no están solos: 2017, el año en que los políticos pagaron por su trato a las mujeres

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La primera ministra británica, Theresa May, ha obligado a su número dos Damian Green a renunciar después de que admitiera haber mentido sobre el hallazgo de imágenes pornográficas en su ordenador hace diez añosLa primera ministra británica, Theresa May, ha obligado a su número dos Damian Green a renunciar después de que admitiera haber mentido sobre el hallazgo de imágenes pornográficas en su ordenador hace diez años. Los coletazos del «escándalo Weinstein» han arrasado también entre las filas conservadoras del Parlamento británico.

Acapulco Gro., 25 de diciembre del 2017.-La renuncia de uno de los aliados más acérrimos de May, que ayudó a estabilizar al profundamente dividido Partido Conservador, supone un duro varapalo para los objetivos políticos de la «premier». La salida de Green viene justo en el inicio del último año de las tortuosas negociaciones que afronta May de cara a la segunda fase del Brexit.

En su portada de «persona del año» la revista «Time» ha considerado que quienes han roto el silencio por abusos y machismo, desde el mundo del cine y otros ámbitos, han dominado la atención durante este año, y por eso ha elegido al movimiento #MeToo y sus distintas variedades. La publicación estadounidense ha recogido esa designación con una foto en la que figuran, entre otras, la actriz Ashley Judd y la cantante Taylor Swift, pero también la trabajadora agrícola Isabel Pascual.

Cometer abusos sexuales desde una posición de poder se ha dado siempre en política, lo que ha cambiado en los últimos años es la conciencia del público y que las líneas rojas del siglo XXI deben llegar también para las mujeres y sus derechos. En los ochenta y noventa era habitual que una joven desconocida denunciara públicamente a un influyente político, pero salvo raras ocasiones el hombre señalado lanzaba una campaña de desprestigio contra la denunciante, a quien una mayoría pasaba a ver como otro caso de alguien que tan solo quiere su minuto de fama y «forrarse» en los programas de cotilleo. En 2017 la campaña del «Me Too» por el escándalo Weinstein y la confirmación del feminismo -ha sido la palabra del año para el diccionario Merriam-Webster- como una ola de concienciación global sobre las luchas por la igualdad de oportunidades y trato de las mujeres en todos los ámbitos están obligando a algunos hombres -políticos en este caso- a rendir cuentas por sus actos y a pagar por sus abusos.

Silvio Berlusconi, Bill Clinton, Vladimir Putin, Hugo Chávez y ahora Donald Trump se instalaron en el poder pese a las críticas por su comportamiento con las mujeres. En muchos casos incluso les favoreció. Berlusconi, condenado a siete años de cárcel por prostitución de menores y abuso de poder, ha fomentado desde su imperio mediático una figura de la masculinidad/feminidad adaptadas a su visión machista de las mujeres. Muchos le ven como un ídolo: dinero, mujeres y poder.

También en el gobierno Tory, el ministro de Defensa de Reino Unido, Michael Fallon, presentó en noviembre su dimisión por su «comportamiento del pasado» después de que admitiera haber tocado la rodilla a una periodista, en el marco de la polémica que se ha desatado en el país por los casos de acoso sexual entre la élite política. No son casos aislados: un equipo de asesores del Partido Conservador elaboró una lista con al menos 36 diputados «tories» envueltos en supuestos escándalos sexuales. Con la valoración conservadora en picado, el caso Weinstein ha levantado las alfombras del Partido Conservador británico con denuncias de humillaciones y acoso como la de un secretario de Estado, Mark Garnier, que ordenó a su secretaria ir a comprar vibradores.

Michael Fallon, ministro de Defensa de May que dimitió por un escándalo sexual

El escándalo Lewinsky contra el presidente Bill Clinton, el hombre más poderoso del planeta, supuso uno de los primeros grandes hitos en la lucha por la igualdad de género y contra los abusos de poder. «Me llamaron vagabunda, pendona, puta, bimbo, ligera y por supuesto ‘esa’. Todos sabían de mí, pero pocos me conocían. Era difícil recordar que la otra tuvo un corazón que alguna vez estuvo intacto», dijo Lewinsky a la revista Vanity Fair en 2014 cuando decidió iniciar una campaña de concienciación contra el acoso online a las mujeres. Ella, blanco de las críticas por «casi romper» un matrimonio tan influyente con el de los Clinton, lo sufrió en sus carnes en la era pre-Facebook. El presidente demócrata negó haber tenido relaciones sexuales con «esa mujer», pero las prueban indicaban lo contrario. Clinton «sobrevivió» a este escándalo y a una moción de censura y completó su mandato presidencial y continúa siendo una figura importante y activa en los asuntos mundiales.

¿Y España?

Francia se sumó a la ola mundial de protesta del «Me too» con otro escándalo que dio pie a otro eslogan: «Balance ton porc» (denuncia a tu cerdo). La justicia francesa ha abierto un procedimiento contra el intelectual del islam y polemista Tariq Ramadan -nieto del fundador de los Hermanos Musulmanes, Hassan al-Banna- después de que dos mujeres hayan presentado sendas denuncias por violación y varias más estudien acudir también a los tribunales por ese mismo delito o por agresión sexual. Francia es un país que se ha acostumbrado a los líos amorosos de sus presidentes, el propio Hollande tapó sus dudosa gestión de la crisis económica y política del país con sus «affaires» sentimentales. O Dominique Strauss Kahn (DSK) que tras liderar el Fondo Monetario Internacional se postulaba como gran candidato socialista para las elecciones de 2012. En 2011, Nafissatou Diallo, una inmigrante guineana, le denunció por haberla atacado el 14 de mayo de 2011 en el hotel de Nueva York donde ella limpiaba, afirmando que la había golpeado y violado. Christine Lagarde asumió el cargo de directora gerente del FMI tras la dimisión de DSK.

En EE.UU., varias mujeres han pedido al Congreso que investigue a Trump por acoso sexual hace diez días. Esa misma semana el presidente de EE.UU., que se ha visto envuelto en innumerables escándalos sexuales como la grabación en plena campaña jactándose de agarrar por los genitales de algunas mujeres, respaldó públicamente al candidato republicano al Senado Roy Moore, acusado de haber acosado sexualmente a un grupo de mujeres que, tal y como pasó en la campaña presidencial de 2016, decidieron hacer públicas sus alegaciones esta semana para exigir una investigación del Congreso. En el lado demócrata, el senador por Minnesota Al Franken anunció hace semanas que su renuncia por las denuncias de abuso sexual y acoso por parte de varias mujeres. El Comité de Ética del Senado ha abierto una investigación sobre Franken por presunta conducta sexual inapropiada.

Entre tanto, la ola Weinstein no ha sacudido el panorama político español como ha ocurrido en el mundo anglosajón. Frente a los incontables escándalos de corrupción, de momento en España son pocos los casos de políticos salpicados por polémicas de índole sexual.