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México despide un sangriento 2017: el más violento en veinte años

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Con más de 25.000 asesinatos, Peña Nieto superará las muertes violentas de 2011, durante el mandato de Felipe Calderón

Acapulco Gro., 31 de diciembre del 2017(ABC).-El 2017, un año que será recordado por ser el más sangrientos de las dos últimas décadas. A falta de contabilizar las cifras de diciembre, el país registró un total de 23.101 homicidios premeditados hasta noviembre, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Gobernación. Estos números reflejan ya una cifra superior al anterior récord de 22.852 asesinatos de 2011, año en el que el Ejército estaba plenamente involucrado en la llamada guerra contra el narcotráfico. Y es que, con una media de unos 70 asesinatos diarios, es previsible que el país cierre 2017 con más de 25.000 asesinatos dolosos, un dato que evidencia el espeluznante repunte de la violencia que asuela México. Para hacerse una idea de la dimensión de la violencia en el país, en España se registraron 292 asesinatos en 2016.

Enrique Peña Nieto llegó al poder a finales de 2012 prometiendo poner fin a la escalada de criminalidad que caracterizó el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012). Calderón se centró en combatir militarmente a los cárteles de la droga, lo que fue respondido por las bandas criminales con una espiral de violencia. Peña Nieto enarbolaba un mensaje de reconciliación y la población entreveía que el líder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) –agrupación que gobernó México durante 71 años hasta el 2000– llegaría a algún tipo de acuerdo secreto con el fin de rebajar el conflicto, aunque el presidente negara que fuera a pactar con el crimen organizado. Y es que el PRI siempre se presentó como «el partido que sabe gobernar».

Con una media de unos70 asesinatos diarios, es previsible que el país cierre 2017 con más de 25.000 asesinatos dolosos

Al principio de la presidencia de Peña Nieto la violencia comenzó a descender. El número de homicidios dolosos rondó los 14.000 en 2014, esto es un tercio menos que los registrados en 2011. Sin embargo, 2015 marcó un punto de inflexión, y a partir de entonces el número de asesinatos repuntó en 2016 y finalmente 2017 ha quedado como el año más sangriento desde que se empezaron a recopilar estos datos en 1997. Peña Nieto se encuentra ante el espejo de Calderón, es decir, llegó a la residencia de Los Pinos prometiendo rebajar la violencia y terminará su sexenio en 2018 con unas cifras de criminalidad tan negras como las de su predecesor. Y es que son cerca de 100.000 homicidios los que han ocurrido en México desde 2013.

Narcotráfico

El narcotráfico es el oleaje que mueve todo el mar de criminalidad que sufren los mexicanos. El tráfico de drogas es un negocio extremadamente rentable –como bien es sabido– y México es un país con cerca de 50 millones de pobres, casi la mitad de la población. La falta de oportunidades hace que unirse a las bandas criminales sea visto como algo atractivo para muchos mexicanos, debido a las elevadas cantidades de dinero que mueven. Y un lucrativo negocio en un contexto de pobreza convierte al narcotráfico en una opción para aquellos que viven en las áreas menos desarrolladas.

Fuerte Enfrentamiento Deja 14 Zetas Muertos en Tamaulipas, en 2013

Al norte, México tiene una frontera de 3.200 kilómetros de longitud con Estados Unidos, uno de los mayores consumidores de droga del mundo. Y, mientras haya demanda, México seguirá produciendo y distribuyendo narcóticos a través de la porosa frontera. Por ahora, nada hace prever que el consumo de drogas en Estados Unidos vaya a decaer. Es más, en los dos últimos años se ha visto un incremento en el consumo de heroína en la primera potencia y, como resultado, México ha pasado a ser el mayor productor de amapola en el mundo.

Ante el incesante consumo de drogas, el número de cárteles se ha multiplicado. Hace una década este negocio estaba controlado por un puñado de organizaciones criminales. Hoy, son varias decenas de agrupaciones las que se pelean por controlar el mercado. Por ejemplo, el Cártel del Noroeste surgió en 2014 y es una escisión de Los Zetas, pero luego hay células dentro de las organizaciones que van por libre o incluso se enfrentan a sus mismos dirigentes.

Pero, aunque haya más grupos criminales, el volumen del negocio no crece al mismo ritmo. Por ende, los conflictos para hacerse con el control de las diferentes plazas ha ido en aumento, lo que ha provocado miles de víctimas. Y, al mismo tiempo, las bandas han diversificado sus ingresos añadiendo nuevas actividades ilegales a la organización. Es decir, ya no sólo se dedican al narcotráfico, sino que también secuestran, extorsionan o cobran un impuesto revolucionario a los ciudadanos para financiarse, lo que provoca más víctimas.

Todo esta progresiva atomización, además, se ha acelerado según los grandes líderes de los cárteles han ido desapareciendo en los últimos años. El encarcelamiento de «el Chapo» Guzmán en 2016 abrió una guerra por hacerse con el control del Cártel de Sinaloa entre los hijos del afamado narcotraficante y «el Licenciado», quien era el número dos de la organización y fue arrestado en mayo de este año. O el Cártel de los Beltrán Leyva ha sufrido una progresiva división que ha terminado con la creación de una veintena de grupos tras el asesinato y arresto de sus dirigentes entre los años 2009 y 2014.

Corrupción

El siguiente elemento que explica esta fuerte subida de la violencia es la elevada corrupción que desde hace décadas asola México, lo que debilita el poder de las instituciones para garantizar la seguridad y el orden. En ese aspecto, la Universidad de Texas publicó este año un informe en el que detallaba cómo Los Zetas sobornaban a altos funcionarios y a los gobernadoresde los estados de Coahuila y Veracruz para operar con impunidad. Ya sea por acción u omisión, las instituciones han dejado de actuar, quedando los ciudadanos desprotegidos.

Impunidad

Y la tercera clave es la impunidad, derivada de la corrupción. Un informe de la Universidad de Las Américas Puebla estima que la impunidad en México ronda el 99% de los delitos, es decir, casi todos los crímenes quedan sin castigo. De esta manera, entre impunidad, corrupción y narcotráfico; el país cierra un 2017 para olvidar, y del que el populismo tratará de sacar tajada en las elecciones presidenciales del año que viene.

Será en verano de 2018 cuando México elegirá a su próximo presidente hasta 2024 y el populista de izquierda Andrés Manuel López Obrador, quien se presenta como el favorito en todas las encuestas, ve como una opción otorgar una amnistía a los narcos para frenar la criminalidad. En este contexto, López Obrador, un viejo conocido de la política mexicana, espera que este caldo de cultivo de descontento con el PRI debido al auge de la criminalidad sea uno de los factores clave que finalmente le llevará a la presidencia del país, después de dos asaltos fallidos como candidato en 2006 y 2012. ¿A la tercera irá la vencida?