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Siria, una guerra sin líneas rojas

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Rusia ampara por sistema todos los ataques químicos lanzados por Al Assad

Acapulco Gro., 13 de abril del 2018(ABC).-La historia se repite en Siria. Mismas imágenes, mismo horror. Familias enteras durmientes, rostros pálidos, sudorosos y miradas perdidas. Niños muertos. Equipos de rescate con mangueras de agua, trapos húmedos y poco más para intentar ayudar a los intoxicados... La oposición acusa, el Gobierno lo niega y Rusia le avala. El Consejo de Seguridad de la ONU propone abrir una investigación y Moscú usa su derecho al veto. La secuencia de los hechos vuelve a reproducirse ahora tras la nueva denuncia de un ataque químico en Duma, que reabre el debate sobre si el régimen cumplió o no lo pactado con EE.UU. en 2013, cuando se comprometió a entregar todo su arsenal químico para evitar una operación estadounidense a gran escala. Los expertos aseguran que es compatible la entrega del arsenal con esta serie de ataques, ya que «sustancias como el gas cloro no se incluyeron en el acuerdo y pueden producirse y usarse en Siria con fines pacíficos» ,y este es el agente que se ha podido emplear con efecto letal en Duma.

Pero además del cloro, el régimen ha empleado también gas sarín, un agente nervioso extremadamente potente, según recogió el informe publicado por Naciones Unidas en septiembre. El organismo internacional investigó durante cinco meses el ataque contra la aldea de Jan Sheijún, en el que 83 personas murieron, y concluyó que la bomba lanzada por un avión sirio era un artefacto «de gas sarín producido por la antigua URSS con 40 kilos de sarín» y otros agentes nerviosos. En esa ocasión, el régimen y Rusia también negaron el uso de sustancias prohibidas, pero la ONU reveló que su equipo de investigación había logrado documentar 33 ataques con armas químicas desde el inicio de la guerra en Siria. De ellos, el organismo internacional atribuyó 27 a las fuerzas del régimen, mientras que en seis casos no fue capaz de identificar a los autores.

La hoja de ruta pactada entre EE.UU. y Rusia para el desarme químico de Siria se cumplió sobre el papel, y la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) confirmó «la destrucción de los equipos de producción de armas químicas» en el tiempo previsto, tal y como informó el 31 de octubre de 2013. El director general de la OPAQ, Ahmet Üzümcü, destacó la labor de los ocho inspectores que se desplazaron a Siria para las verificaciones, en la que calificó como la misión «más difícil que jamás ha emprendido la organización».

El descubrimiento

El sirio es uno de los regímenes más opacos del mundo y solo en ese momento salió a la luz la magnitud de su arsenal ya que Christian Chartier, portavoz del OPAQ, reveló que había «mil toneladas de agentes químicos que pueden usarse para elaborar armamento y 290 toneladas de armas ya preparadas». El organismo internacional no entró en detalles, pero el entonces secretario de Estado estadounidense, John Kerry, aseguró que el arsenal prohibido de Siria estaba compuesto «sobre todo de gases sarín y VX (agente neurotóxico), cuyos componentes almacenaba por separado». El ejército de Al Assad también disponía de «gas mostaza (agente tóxico que se absorbe por la piel y produce graves quemaduras) y otras cosas en las que no puedo profundizar», en palabras de Kerry.

La Sociedad Médica Siria Americana y la Defensa Civil Siria o «Cascos Blancos», ambas organizaciones opositoras apoyadas por EE.UU., aseguran que el Ejército empleó el sábado barriles explosivos con «sustancias prohibidas» en Duma y que unas sesenta personas perdieron la vida.

El Gobierno sirio dice que es «una invención» y su gran aliado militar y diplomático, Rusia, señala que sus expertos y miembros de la Media Luna Roja han investigado sobre el terreno y no han encontrado prueba alguna. El lugar del supuesto ataque es Duma, bastión del Ejército del Islam, y se habría producido tan solo unas horas antes de la rendición definitiva de este grupo yihadista apadrinado por Arabia Saudí. Siete años después el Gobierno recupera el control absoluto de Guta, pero la denuncia del ataque químico eclipsa el mayor logro militar para el Ejército y sus fuerzas aliadas.

Hace un mes las mismas fuentes opositoras denunciaron un ataque con gas cloro en Hammoria, también en Guta, y los equipos de rescate de los Cascos Blancos informaron de «30 casos de pacientes sofocados», pero finalmente los propios equipos médicos de la zona opositora dijeron que fue una falsa alarma. El sábado, en el nuevo ataque denunciado, los pacientes presentaban «síntomas como dificultad respiratoria, espuma en la boca y ojos irritados que indicaban la exposición a agentes químicos. Además, olían a cloro», según las organizaciones opositoras que difundieron imágenes terribles de familias enteras muertas en los sótanos en los que se protegían de los bombardeos y de centros médicos desbordados con niños echando espuma por la boca y los ojos fuera de sus órbitas.

«Línea roja»

Barack Obama calificó el uso de armas químicas como «la línea roja» que Al Assad no debía superar. En agosto de 2013, la oposición denunció un ataque químico también en Guta y la CIA informó de la muerte de más de mil personas. Cuando todo estaba listo para una operación de castigo, Obama dio marcha atrás y apostó por la vía diplomática en lugar de los Tomahwaks. EE.UU., con la mediación de Rusia, llegó a un acuerdo por el que el régimen que se comprometió a entregar su arsenal químico y firmó la Convención de Armas Químicas.

El programa de armas químicas de Siria nació a comienzos de los 70 cuando, según informes estadounidenses, recibió una pequeña cantidad de este tipo de armamento por parte de Egipto antes de la guerra árabe-israelí de 1973. Creció y se desarrolló en secreto en la década posterior bajo la supervisión de la URSS en manos del Centro de Estudios Científicos e Investigación, que tenía cuatro fábricas y decenas de almacenes repartidos por el país, hasta llegar a dotar al régimen del «mayor arsenal del mundo», tal y como lo definió en 2012 el Ejército israelí poco después de que su existencia saliera a la luz por boca del portavoz de Exteriores sirio, Yihad Makdessi. Un año después del estallido de la revuelta, este diplomático encendió todas las alarmas al responder a una pregunta sobre el tema en una rueda de prensa asegurando que este tipo de armas se emplearía «solo en caso de agresión externa». A partir de entonces el régimen intentó maquillar los hechos, pero no logró tranquilizar a la comunidad internacional. Aunque nadie olvida el fiasco de las armas de destrucción masiva de Sadam Husein en Irak, las armas químicas en Siria han aparecido de forma reiterada en los siete años de una guerra sin líneas rojas.