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Vie, Ago

Siria el infierno en la Tierra; Trump el creador de ese paraíso

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Un año después, Siria volvió a despertar tras un ofensiva de Estados Unidos. Entonces fueron 59 tomahawks los que lanzó Donald Trumpcontra la base aérea de Al Shayrat, en la provincia de Homs, tras una denuncia de ataque con armas químicas en Jan Sheijun, al norte del país.

Acapulco Gro., 15 de abril del 2018(ABC).-Esta vez se lanzaron 103 misiles contra «objetivos vinculados al programa de armas químicas» en Damasco y Homs, según el Pentágono, y el ministerio de Defensa ruso informó de que los sistemas antiaéreos sirios lograron interceptar 71 de ellos. Ni entonces ni ahora la acción de Trump parece que vaya a cambiar la marcha de una guerra en la que el ejército sirio y sus fuerzas aliadas son los vencedores desde el punto de vista militar.

Este último ataque se produjo pocas horas antes de que comenzara el trabajo de los investigadores de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), quienes, pese a la lluvia de tomahawks, emitieron un comunicado para reafirmar su intención de desplazarse a Duma en cuanto se les garanticen las medidas necesarias de seguridad para «determinar los hechos sobre las denuncias de uso de sustancias químicas tóxicas». Trump no necesitó esperar al informe de este organismo internacional sobre el ataque denunciado por la oposición el fin de semana pasado, porque la decisión de atacar ya estaba tomada. No había vuelta atrás.

«Vivíamos mirando al cielo»

Las explosiones comenzaron a las cuatro de la mañana (hora local en Siria), duraron casi una hora y Elías Amal las siguió entre su balcón y la televisión, donde sintonizó la cadena CNN. «Desde que Trump lanzó su amenaza vivíamos mirando al cielo y esperando el ataque cada noche. Al final llegó, pero ha sido cosmético, una acción estúpida que no altera la marcha de la guerra y que solo le puede servir a Trump para llevarse unos millones de Arabia Saudí, que seguro que paga por esto», reflexiona al otro lado del teléfono Amal, empresario y representante del ministerio de Reconciliación Nacional sirio, encargado de mediar en los acuerdos entre grupos armados y Gobierno.

 Terminadas las explosiones se subió al coche y condujo por Damasco, donde la situación era de «total normalidad» y algunos grupos de ciudadanos no tardaron en salir a lugares como la plaza de los Omeyas para mostrar su apoyo al ejército y maldecir a Trump. «No ha sido una sorpresa, pero mientras que hace un año en Jan Sheijun el montaje del ataque químico fue muy profesional, esta vez en Duma fue una chapuza mala y barata, pero para ellos suficiente para lanzar sus misiles», señala Amal.

El lugar atacado en Damasco fue el Centro de Investigaciones Científicas, situado en el barrio de Barzeh, que quedó reducido a escombros, según las imágenes difundidas por los medios sirios. Los otros dos blancos se situaron en Homs y como consecuencia de los ataques al menos tres personas resultaron heridas, según la agencia oficial Sana.

El régimen sirio denunció una «agresión bárbara y brutal de los occidentales» y una «violación flagrante» del derecho internacional. Mientras la Unión Europea, Israel, Turquía o Arabia Saudí aplaudían la decisión de Trump, Damasco recibía el apoyo firme de Rusia e Irán, sus dos grandes aliados en esta guerra.

«La vida sigue»

El guía supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, tachó de «criminales» a Trump; su homólogo francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra británica, Theresa May. El presidente de la república islámica, Hasán Rohaní, telefoneó a Bashar al Assad y este le transmitió que la operación liderada por EE.UU. supone «un reconocimiento de las fuerzas occidentales coloniales de su apoyo al terrorismo».

Los sirios volvieron a sus puestos de trabajo, el tráfico colapsó las calles de Damasco y «el ambiente es de total normalidad, sin histerismo, sin miedo a explosiones, porque después de siete años ya estamos acostumbrados a este tipo de situaciones. La vida sigue», reflexiona Maher al Mounes, periodista damasceno que cubre la guerra desde el primer día y quien piensa que el nuevo frente que se abre es el del Yarmouk, donde el ejército y sus fuerzas aliadas tratarán de acabar con el último foco en poder del grupo yihadista Daesh al sur de la capital. La vida sigue y la guerra también.