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Ecuador entra de lleno en el conflicto del narco

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La guerra en Colombia desvió la cocaína hacia Venezuela; la paz la desborda hacia Ecuador

Acapulco Gro., 02 mayo del 2018(ABC).-de La guerra de Colombia contra las FARC hizo que los narcoterroristas desviaran gran parte de sus cargamentos de droga a través de Venezuela; ahora la paz está provocando otro derrame del narcotráfico, esta vez a Ecuador. Colombia evitó convertirse en el estado fallido que se predecía, y quien ha sucumbido como narcoestado ha sido Venezuela. ¿Qué será de Ecuador?

Desde comienzos de año se han producido nueve ataques contra instalaciones del Ejército y de la Policía en la provincia de Esmeraldas, en el norte de Ecuador, en la zona fronteriza con el sur colombiano. Fueron obra de elementos disidentes de las FARC: el frente Olivier Sinisterra, dirigido por Walter Arízala, alias Guacho. En esas acciones en suelo ecuatoriano el grupo mató a cuatro militares. Luego asesinó a tres civiles a los que había secuestrado (un equipo del diario El Comercio, compuesto por un reportero, un cámara y el chófer, cuya muerte impactó enormemente a todo Ecuador); eso mismo podría ocurrir con dos jóvenes a los que el grupo mantiene retenidos desde hace casi dos semanas.

Con el agravamiento de la situación el presidente Lenín Moreno convocó un gabinete de crisis, se reunió con su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, y desplegó en la densa jungla de la zona fronteriza cerca de 12.000 miembros del Ejército y de la Policía. Aunque se han practicado 42 detenciones vinculadas con el grupo del Guacho, el líder sigue sin localizarse. La necesidad de ofrecer una imagen de contundencia llevó a Moreno a sustituir la semana pasada a los ministros de Interior y de Defensa. Asimismo, ha firmado un acuerdo de colaboración con la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos, de la que su antecesor, Rafael Correa, se mantenía a cierta distancia.

Por qué el derrame

El derrame sobre Ecuador de toda esa violencia se debe a los cambios que el acuerdo de paz de Colombia está introduciendo en la dinámica del narcotráfico. La desmovilización de la mayor parte de los combatientes de las FARC y el acceso que el Ejército tiene ahora a determinadas zonas ha ido concentrando el cultivo de hoja de coca en los departamentos de Nariño, Putumayo y Cauca (los dos primeros lindan con Ecuador; el tercero está igualmente próximo) y Norte de Santander (fronterizo con Venezuela y donde opera la guerrilla del ELN), como ha indica el último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

Esa concentración del cultivo de coca en el suroeste de Colombia ha hecho crecer en intensidad las rutas que llevan la droga a Estados Unidos por el Pacífico (el 82%), frente a un descenso de la droga que salía por Venezuela.Tumaco, el último puerto del Pacífico colombiano antes de pasar a Ecuador, se ha convertido en un gran punto exportador.

Pero no es solo una cuestión de mayor concentración del cultivo y producción en esas zonas, sino que además la disidencia de las FARC ha comenzado a operar como cualquier otra organización de crimen trasnacional, sin las limitaciones que podía tener antes por ciertas apariencias que debía guardar.

Mientras las FARC fueron un grupo combatiente contra el Gobierno de Colombia aduciendo unos ideales políticos, tenían que andar con cuidado cuando pasaban al otro lado de la frontera buscando lugares de reposo. Ciertamente promovían redes de narcotráfico a ambos lados, pero en Ecuador debían mantener un bajo perfil para no obligar a las fuerzas ecuatorianas a que les hostigaran. Mientras fueran un asunto interno colombiano, Quito no iba a desplegar su Ejército para expulsar a esos guerrilleros que, aunque traspasaban la frontera, no ejercían violencia en su territorio. Esa condescendencia quedó de manifiesto cuando el Gobierno de Bogotá bombardeó en 2008 un campamento de las FARC en Ecuador, matando al dirigente Raúl Reyes, dada la inacción del gobierno de Correa (en Venezuela los campamentos de las FARC han gozado de un apoyo y una protección aún mayores).

 

Hoy ya no hay ninguna consideración ideológico-estratégica que prevenga a los disidentes de las FARC de operar de igual modo en Colombia que en Ecuador. Su actividad a ambos lados de la frontera es ahora la misma y también, por tanto, la violencia que generan. Para el Gobierno de Quito han pasado a ser un problema propio.

 

Comercio desde Guayaquil

Ecuador no es nuevo como lugar de paso de la droga. Situado entre los dos principales productores de cocaína –Colombia y Perú–, el país ha sido desaguadero de la producción, en mayor o menor medida en función de las vicisitudes en el resto de rutas del narcotráfico. Cocaína procedente del Putumayo colombiano ha ido al puerto ecuatoriano de Manta, o la que salía del puerto colombiano de Tumaco, en Nariño, ha sido llevada a Guayaquil: desde esos puertos de Ecuador tenía más seguro tránsito hacia Europa.

Además, como destaca el último informe del Departamento de Estado norteamericano sobre narcotráfico en el mundo, Ecuador es un importante lugar de tránsito de precursores químicos para la fabricación de la cocaína a partir de la pasta de coca. El informe destaca la destrucción en septiembre de 2017 de un laboratorio en suelo ecuatoriano, cerca de la frontera con Colombia, que estaba equipado para producir una tonelada de cocaína a la semana.

Ese informe también advierte sobre la importancia de Guayaquil para el comercio ilícito, pues solo se inspecciona el 7% de las exportaciones en contenedores. De hecho, EE.UU. logró en febrero la extradición de un capo ecuatoriano residente en Guayaquil, Edison Washington Prado Álava, en cuyas propiedades se hallaron escondidos 15,4 millones de dólares. Se le acusa de traficar más de 250 toneladas de cocaína en los últimos diez años.

Futuro de Ecuador

Todo esto sugiere que el problema del narcotráfico se va a agravar en Ecuador. Aunque desde el nuevo partido político FARC haya exguerrilleros que sigan activos en tráfico de ilícitos, como se ha visto con la detención de Jesús Santrich, la desmovilización está ya dando entrada a nuevos actores en el negocio. Es el caso de carteles mexicanos, que han sido detectados en zonas de cultivo colombianas como las próximas a Tumaco. Tanto para esos carteles, como para la actividad criminal de los disidentes de las FARC, la frontera con Ecuador ya no supone ninguna barrera mental.

El notable incremento de la producción de cocaína en Colombia en los tres últimos años –la ONU habla de un 30% más de cultivo y un aumento del 25% de cocaína pura– va a tener que encontrar el modo de llegar a los grandes mercados de Estados Unidos y Europa. Ecuador, con menor experiencia que Colombia en combatir fuerzas irregulares, puede ser el eslabón débil. Además, una economía dolarizada presenta ciertas oportunidades de blanqueo.

El discurso público del presidente Moreno contra la corrupción, y algunas acciones contundentes tomadas al respecto, permiten confiar que el país no se deslizará hacia ningún tipo de descomposición institucional.