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Dom, Ago

Crece el descontento internacional por "La persecución de Putin contra los testigos de Jehová", publica Newsweek

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El Kremlin los acosa, encarcela, estigmatiza y orilla a huir del país por considerarlos anti patriotas;  La Iglesia ortodoxa rusa podría estar detrás de todo 

Acapulco Gro., 09 de junio del 2018(Newsweek).-Amanecía el 10 de abril en Ufa, una ciudad industrial en la región central de Rusia, cuando Anatoly y Alyona Vilitkevich escucharon el timbre de su departamento. Los visitantes madrugadores eran agentes de policía enmascarados que portaban armas automáticas. “¡Abran!”, gritaron. En el interior, el matrimonio se vistió de prisa y llamó a su abogado. “Eran diez, incluidos investigadores vestidos de civil”, informa Alyona (35 años) a Newsweek. “Uno filmaba todo. Me dijeron que no podía usar el teléfono”.

Luego de registrar el departamento, los agentes ordenaron a Anatoly (empleado de mantenimiento de 31 años) que reuniera algo de ropa abrigadora. “Dijeron que no volvería a casa”, recuerda Alyona. Su marido ha estado bajo custodia policíaca desde la redada, y la mujer asegura que los investigadores no le han permitido hablar con él.

Las tácticas policiales de aquella mañana suelen utilizarse para aprehender criminales peligrosos. Pero Anatoly no es sospechoso de terrorismo, ni de homicidio, ni narcotráfico. La policía lo arrestó porque él y Alyona son testigos de Jehová, movimiento cristiano evangélico que se destaca porque sus miembros hacen proselitismo puerta a puerta. Además, los testigos de Jehová son pacifistas decididos. A lo largo de su historia han sido perseguidos por gobiernos de todo el mundo debido a que se niegan a prestar servicio militar o a rendir honores a la bandera. Algunas de las represiones más brutales ocurrieron bajo el régimen del cubano Fidel Castro, en la Alemania nazi y en la Unión Soviética.

Y ahora, el Kremlin —con la bendición de la Iglesia ortodoxa rusa— está incrementando la tensión. La represión de Estado forma parte de un esfuerzo gubernamental para suprimir las religiones minoritarias “extranjeras”. La campaña se inició en julio de 2016 cuando el presidente, Vladimir Putin, aprobó una legislación que prohibía las labores misioneras y establecía que las personas solo pueden compartir sus creencias religiosas en lugares de culto reconocidos por el Estado. La ley entró en vigor en un momento en que Moscú emprendía un gran esfuerzo propagandístico antioccidental, el cual abarcó desde acusar a Estados Unidos y al Reino Unido de tramar el derrocamiento de Putin hasta jactarse de la capacidad de Rusia para reducir a Estados Unidos a “cenizas radiactivas”. Hasta ahora, los únicos que han sufrido bajo la controvertida ley son los seguidores de religiones “importadas”, como los mormones y los bautistas. Y la razón es que enfrentan problemas frecuentes para obtener los permisos estatales necesarios para abrir sus templos, por lo que no tienen más remedio que organizar reuniones informales en los hogares de sus seguidores.

Sin embargo, quienes se han llevado la peor parte son los testigos de Jehová, cuya sede mundial se encuentra en Nueva York. En abril de 2017, la Suprema Corte de Rusia decidió clasificarlos como una “organización extremista”, y englobó a la corriente cristiana con el movimiento Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) y los neonazis. Los fiscales del Ministerio de Justicia afirmaron que los testigos de Jehová representaban una amenaza al “orden y la seguridad pública”, y funcionarios rusos los acusaron de predicar “la exclusividad y la supremacía” de sus creencias.

Rusia también clausuró los centros de culto del grupo y prohibió sus traducciones de la Biblia (la diferencia principal entre su versión y las versiones cristianas restantes: usan la palabra Jehová en vez de Dios o Señor). Esta prohibición fue aprobada a pesar de que una cláusula de la ley prohíbe que los tribunales califiquen de “extremistas” incluso los extractos de los libros sagrados de las cuatro religiones más importantes del país (cristianismo, islamismo, judaísmo y budismo).

Los críticos acusan a las autoridades de explotar las leyes antiterroristas para presionar al grupo. “No hay fundamento alguno para proscribir a los testigos de Jehová”, señala Alexander Verkhovsky, experto en legislación antiextremista en Sova, centro moscovita de derechos humanos. “Es verdad, ellos insisten en que solo su religión es cierta. Pero lo mismo hacen otras religiones. Y nadie los ha acusado de alguna acción extremista específica” (el Ministerio de Justicia ruso no respondió a la solicitud que se hizo sobre su postura sobre este tema).

Analistas de Naciones Unidas opinan que la supresión de movimiento cristiano presagia un “futuro sombrío” para la libertad religiosa en Rusia. Sin embargo, el Kremlin insiste en que el dictamen de la Suprema Corte se limita a los testigos de Jehová, y no viola el derecho individual a practicar la religión elegida, como garantiza la Constitución postsoviética del país.

Muchos observadores difieren. “La creciente represión de los testigos de Jehová es, sin duda, el peor retroceso de la libertad religiosa en Rusia desde la era soviética”, asegura Geraldine Fagan, editora de East-West Church and Ministry Report, publicación en línea que informa sobre asuntos cristianos en los países del antiguo bloque soviético.

Y hay pocos indicios de que la campaña esté por concluir. El arresto matutino de Anatoly Vilitkevich fue parte de un operativo nacional que los servicios de seguridad rusos implementaron contra los testigos de Jehová. Desde febrero, la policía emprendió redadas en ocho ciudades, pero el ritmo de la operación se aceleró a partir de marzo, cuando Putin fue reelecto para un cuarto periodo presidencial. El 18 de abril, agentes armados detuvieron a Roman Markin, un testigo de Jehová de 44 años, luego de derribar la puerta de su departamento en Múrmansk, una ciudad del círculo polar ártico. “Hicieron que él y su hija de 16 años se tendieran en el suelo a punta de pistola”, informa Yaroslav Sivulskiy, portavoz de la Asociación Europa de los testigos de Jehová. También arrestaron a otras dos personas durante las redadas. Cada cual podría enfrentar hasta diez años de prisión por la acusación de “organizar las actividades de una organización extremista”.

La policía no se limitó a hacer arrestos durante el operativo nacional; se sabe que también interrogó a decenas de individuos, incluidos niños y ancianos. Según Sivulskiy, después los agentes presionaron a algunas personas para que renegaran de su fe, les dijeron que serían puestas en libertad si lo hacían. Los testigos de Jehová también han denunciado incendios provocados en sus propiedades y amenazas de funcionarios de quitarles a sus hijos y ponerlos a cargo del Estado. La ley rusa establece que los menores pueden ser separados de sus padres si estos están implicados en actividades “extremistas” (el Ministerio del Interior ruso fue consultado sobre el tema, pero no respondió).  (ILUSTRACIÓN ÁLVARO DOMÍNGUEZ)