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Dom, Sep

Francia elimina a Argentina y da un golpe al Mundial. Doblete del delantero francés con una exhibición memorable

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El «10» es Mbappé...El partido comenzó con una Francia atómica. A otro nivel. Superior en cada línea, en cada enfrentamiento directo. En el 7 Mbappé ya metió la directa y le tuvieron que hacer falta. Su vertical no era ordinaria. De esa falta sacó Griezmann un larguero.

Acapulco Gro.,30 de junio del 2018 (ABC) Argentina, guiada por la sonrisa de Messi en el himno, de la que depende el estado general de su nación futbolística, habíaa comenzado con iniciativa y hasta con confianza. Daba una sensación de convencimiento y seguridad, pero encontraba enfrente que la sorprendía. Unos pocos minutos, Messi perdió un balón por su zona de ataque, lejísimos para cualquiera salvo para Mbappé. Con la pelota en los pies atravesó el campo a una velocidad extraordinaria, se fue de todos,y solo tenía a Rojo al ingresar en el área y ahí esprintó como solo recordábamos hacer a Ronaldo. Superado, Rojo tuvo que hacer penalti.Marcó Griezmann y fue el 1-0. El gol era la jugada del Mundial. Era para lo que habíamos esperado tantos partidos. Subía el nivel de significación. Era definitivamente otra cosa.

Argentina no podía con Francia. Matuidi ayudaba mucho a hacerle una cárcel a Messi si quería bajar a recibir. Matuidi llegaba al lateral. Giroud permitía balones largos que él bajaba, le daba a Francia un juego variado y otra salida más. En largo jugaba Pogba, lanzador de Francia en esos primeros minutos. Un pase a la carrera de Mbappé provocó otra amarilla de Tagliafico y una falta al límite del penalti. Mbappé tenía a Rojo y Tagiafico, los defensas de su zona, amonestados en el minuto 20.

Pogba perdió algún balón pero tuvo unos minutos devastadores. Superaba la presión y rompía líneas con auténtica brutalidad, con una zancada que es un espectáculo. El problema fue alguna pérdida de balón, pero su contraste con Mascherano o Banega era escandaloso. Francia exhibía otra cosa, otra energía, otro fútbol.

Porque además atacaba bien, con unos escalonamientos perfectos. Muy bien Pavard en un par de subidas por la derecha. Los apoyos de Griezmann y Mbappé en esa posición de mediapunta eran cruciales. Bajaban a un punto auténticamente linfático entre los centrales y medios argentinos y abrían diagonales, espacios, paredes para los apoyos de Pavard o el atómico Pogba con su zancada de otro mundo. La posesión era argentina. Salvo excepciones, preguntarse por la posesión en este mundial es preguntarse por quién lo está haciendo mal.

¿Reaccionaba Argentina? Hubo ajustes, mayor viveza y precaución un reaprendizaje rápido de la nueva situación por sus expertos jugadores. Se notó a Di María porque antes del gol ya había ayudado en banda. Jugaba de extremo y eso ofrece Di María: peligro en el ataque y además un trabajo tan grande como el del lateral o el interior. Messi apareció en el 40, y se encontraba solapado por Kanté.

Pero en ese tramo final, Argentina encontró un premio a su mínima recomposición y una forma de sujetarse al partido. Di María recibió solo fuera del área, sin nadie, como en un aclarado de baloncesto se habían olvidado de él. Puso una cara de toro hozando, oscureció la mirada y dejó claro antes de lanzar por dónde iba a ir la pelota. Un zurdazo curvado que se le fue cerrando a un lento Lloris. El 1-1 no es que fuera justo, pero le daba mucho a Argentina. Salía viva de una devastadora demostración de los franceses.

Esos últimos minutos antes del descanso fueron suyos y de Pogba, que no se rendía y arrastraba media argentina tras de sí. Esto es importante, porque Pogba fue sostén de Francia cuando su partido se le complicó.

Porque al volver, el rechace en un córner le cayó a Messi, su chut rebotó en Mercado. Toda la juventud de Francia se le subía a la cara. Francia tenía un problema, su planteamiento de esperar y atacar rápido ya no valía. Tenía hacer algo más que sorprender. Francia además tenía que ganar por fútbol, imponiendo su superior categoría porque lo emocional lo pondría Argentina.

Y sucedió. Si en la primera parte Francia atacó por la derecha ahora comenzó a hacerlo por la izquierda. Pogba se hizo dueño del juego. Es un jugador que no da sensación de control, que parece lo contrario, pero que dio contra Argentina una de las exhibiciones de su vida.

Hubo primero un despiste de Fazio que Griezmann casi aprovecha y luego comenzó el destape de la otra forma de atacar de Francia. Balones abiertos por Pogba ya no a la contra sino en profundidad hacia afuera para Hernández. Su centro de primeras llegó a posición de extremo, a Pavard llegando como un avión con una volea colosal que se ajustó al palo.

El golazo de Mbappé

El 3-2 fue parecido: Pogba abrió a Hernández y su centro quedó muerto en el área y ahí cambió el tiempo. La cogió Mbappé y el efecto fue de aceleración y pausa. Un efecto de video, de algo tecnológico, polirrítmico, absolutamente personal que le incumbía a él. El estadio se resumió en él, en su respiración, en su movimiento. Se hizo una pausa. Recortó como un felino, se quitó a todos y del regate la jugada ya salió lanzada hacia la normalidad. Era otro golazo de Mbappé.

Mbappé entraba en la historia y daba la vuelta al escalafón, lo tumbaba, pero con él el resto del equipo. No hay términos futbolísticos para describir la diferencia física y técnica de Francia respecto a Argentina. Kanté fue lo que es siempre y Pogba lo que se sonó de él. Un jugador para un fútbol que no está hecho todavía. Qué superior al dogmatismo habitual que lo resume todo en una fórmula mágica de toques.

Pogba destrozó todo lo que pudiera hacer Banega, Mascherano y hasta Messi. Abarcó todo, lo corrió todo, lo alcanzó todo. Y el 4-2 fue el reconocimiento a esa superioridad francesa. Fue una jugada perfecta, coral, que empezó en Lloris, siguió por Porgba hasta la inteligencia de Griezmann, que junto a Giroud puntearon con sabiduría al primer toque cada ataque, la pelota, de nuevo llegando desde la izquierda, acabó en la aparición de Mbappé, como alguien que llega desde velocidades irreconocibles.

De nuevo el inicio en una banda y el final en otro. Un cursillo. Un fútbol de pizarra, exacto, físico, perfecto. El partido se murió para las contras francesas y para el último arrojo de Argentina, que ha estado recomponiéndose el ánimo todo el Mundial, haciendo ejercicios virtuosos de agonismo. Pero no es un Mundial de misticismo ni de éxtasis, es de fútbol, y estaba todo dicho. Sampaoli cambió cada alineación y cometió el crimen deportivo de no contar con Dybala, marginado por algún criterio que seguro no es futbolístico.

Destacó sobre todo Di María, que por algo hizo el gesto de los «huevos» al marcar. Tremendo, como casi siempre. Luego Messi hizo por aparecer. No se borró, simplemente no podía con lo que tenía delante. Intentó algo y le dio el pase al Kun para el 4-3.

Si pensaban los argentinos que con el descuento había partido se volvían a equivocar. Apareció de nuevo Pogba para hacerse con la media e imantar el fútbol y hasta la frustración de las malas artes de Otamendi. Se moría el partido ahí.

El día en que Francia dio un golpe al Mundial y actualizó el sentido del fútbol, estableció un nuevo dominio sobre la superioridad extraterrstre de Mbappé, que citó a Maradona y a Ronaldo en su jugada descomunal origen del 1-0. Incluso a Pelé. Nadie con menos de 20 años había hecho algo así en un partido del Mundial desde O'Rei. Pase lo que pase ya en Rusia el 10 es Mbappé.