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Mar, Dic

Lo que faltaba...Vía libre en EE.UU. a construirse su propio rifle en casa

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A partir de mañana se puede descargar en internet el manual para impresoras en 3-D

Acapulco Gro., 30 de julio del 2018(ABC) ¿Tiene una impresora 3-D en casa? ¿Le gustaría tener un arma pero sus antecedentes le impiden comprar una? No se preocupe, a partir del 1 de agosto tan solo deberá seguir unas sencillas instrucciones, que podrá descargar sin problemas desde una web de internet, y construir en casa su propia arma, incluido el AR-15, el rifle favorito de las masacres en Estados Unidos.

Es bien sabido que las leyes suelen ir con la lengua fuera detrás de la evolución tecnológica, pero es más inusual que los legisladores le pongan alfombra roja sin acotar antes los riesgos asociados a casi todo avance. Con discreción, la administración Trump ha llegado a un acuerdo con Defense Distributed, empresa de Cody Wilson, estadounidense de treinta años, nacido en Arizona, residente en Texas, anarcocapitalista, amante de las armas y autor de un tutorial para fabricarlas mediante tecnología 3-D.

La batalla legal empezó con Obama en la presidencia. En 2013, Wilson colgó en internet el primer manual sobre cómo montar tu propia pistola con tecnología 3-D. Se trata de la que bautizó como «The Liberator» (El Libertador). El Departamento de Estado le amenazó con multas y cárcel si no retiraba de la web un documento que, consideraba, violaba las leyes de exportación, al tratarse de tecnología y material militar sensible. Wilson lo retiró, pero en el tiempo en que estuvo a disposición del público se contabilizaron más de cien mil descargas.

En 2015, y con el apoyo de una organización pro-armas con sede en Washington DC, Wilson demandó al Departamento de Estado al considerar que la obligación de retirar el manual de la web violaba la Primera Enmienda, la referida a la libertad de expresión. A pesar de que fue acumulando varias derrotas judiciales, y de que el Tribunal Supremo se negó a atender su caso, el Departamento de Estado, ahora con Trump de presidente, ha llegado a un acuerdo con Wilson por el que, no solo le permitirá volver a hacer público el material, sino que incluso le ha indemnizado con 40.000 dólares por las costas legales. En la web de la empresa ya se anuncia que a partir del 1 de agosto «comienza formalmente la era de las pistolas descargables».

De plástico

El material con el que se fabrican estas armas mediante impresoras 3-D, que se pueden adquirir a partir de 5000 dólares, es plástico, por lo que eluden los detectores de metales. Cualquiera, con independencia de sus antecedentes, y sin necesidad de licencia, puede fabricarse una. Además carecen de número de serie, lo que imposibilita detectar su rastro. Un problema, este último, parecido al que provocan las llamadas «pistolas fantasma», que se pueden ensamblar de manera doméstica. Cody Wilson explica que financió su defensa legal con maquinaria que ayuda a diseñarlas y que vende a través de su página web.

«Imagina un mundo en el que cualquiera -incluidos terroristas, delincuentes convictos y abusadores domésticos- tienen acceso inmediato a armas no rastreables», escribía el sheriff Paul Penzone en ‘The Washington Post’. Como advierten otras voces, el alto coste de las mejores impresoras en 3-D hará que sean organizaciones criminales con alta financiación las que se beneficien de esta barra libre armamentística aprobada por la administración Trump.

La decisión va en consonancia con la voluntad de Trump de desregular el acceso a las armas. Irónicamente, este acuerdo con Wilson se produce en un año en el que una parte de la sociedad se ha movilizado masivamente en varias ocasiones para forzar al Gobierno a lograr una mayor regulación y control de los antecedentes de las personas que acceden a ellas, especialmente después del tiroteo de febrero en una escuela secundaria de Parkland, en Florida, que dejó 17 muertos.

Este mismo año, el Gobierno ha propuesto un cambio normativo que haría más sencilla la exportación y difusión de detalles técnicos de las pistolas. Si se aprueba, determinados productos pasarían a estar controlados por el Departamento de Comercio, y no por el de Estado, cuyas licencias a la exportación conllevan requisitos más estrictos. Un cambio largamente ansiado por las empresas armamentísticas.