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Sáb, Abr

Gas lacrimógeno y emoción desbordada en la parte venezolana

Mundo
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Miles de trabajadores de Táchira vivieron un día épico en su intento de pasar los puentes

«Pasamos porque pasamos», esas eran las palabras de los manifestantes que estaban concentrados ayer desde tempranas horas en la población venezolana de Ureña (estado Táchira), zona fronteriza con Colombia. Antes de que amaneciera, un grupo de 15 personas llegó al puente Francisco de Paula Santander para exigir que se abriera el paso hacia Colombia. Muchos de los que se encontraban en el lugar aseguraron que tenían que cruzar hasta el vecino país para trabajar. «Tengo que llevar comida a mi casa y si no voy a trabajar me pueden despedir», dijo una persona que se encontraba esperando a que se reabriera el paso a uno 200 metros del puente.

Sin embargo, un cordón de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) estaba ubicado en la entrada del paso hacia Cúcuta, bloqueando cualquier posibilidad de ingreso por parte de los habitantes de la zona. Desde las 23.00 hora local (4.00 hora peninsular) del día viernes, ya el puente había sido clausurado por ambos lados. Una hora después de que el régimen anunciara el cierre «temporal» de la frontera colombo-venezolana -Maduro prolongó el cierre por 72 horas más tras los disturbios en el paso fronterizo-. Según los habitantes de Ureña, el puente Santander a esa hora está abierto normalmente para quienes retornan a Táchira desde Cúcuta.

Alrededor de las 6.00 de la mañana (hora local) el número de personas se triplicó. Rápidamente comenzaron a advertir a un grupo de funcionarios que saltarían por encima de las barricadas para cruzar al otro lado. A medida que pasaban los minutos, más personas llegaron al lugar para participar de la manifestación que de repente exigía el ingreso de la ayuda humanitaria desde Colombia, liderada por el presidente interino Juan Guaidó.

Los venezolanos retiraron el cerco colocado por los uniformados. Con patadas y a la fuerza derribaban el bloqueo del puente Santander. «Dejad pasar que vamos a trabajar», era la petición de las personas hacia la Guardia Nacional

Gas lacrimógeno

El 23 de febrero era la fecha más esperada por los venezolanos, desde que e también presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, anunció el pasado 12 de febrero que ese día entraría la donación internacional realizada por 44 países busca atender más de 300.000 vidas en riesgo.

Pasadas las 7.00 de la mañana (hora local), el brazo represor del régimen comenzó a dispersar con gas lacrimógeno a las personas que arrojaban piedras hacia los militares que acordonaban el perímetro. Los manifestantes se taparon las caras con sus franelas y desafiaban a los militares.

La tensión se apoderó de cada rincón. Los que exigían la salida de Nicolás Maduro cantaban el himno nacional y consignas en contra del régimen. Las familias se resguardaban en sus hogares y algunos curiosos se asomaban por la ventana para presenciar los enfrentamientos.

La GNB continuo reprimiendo a los civiles durante horas. Los neumáticos fueron incendiados, así como cualquier otro elemento que sirva para bloquear el paso entre la Guardia y los manifestantes.

Damas de blanco

Una marcha pacífica se unió a los manifestantes de la zona. Mujeres de blanco y con banderas del tricolor venezolano iban delante de la concentración. Pero ni porque gritaban «paz y diálogo» los uniformados aceptaron alguna opción. Una señora rompió la seguridad y se acercó a pocos metros del piquete, pedía libertad y compasión por ellos. «Guardia, amigo, el pueblo está contigo», cantaban al unísono a los soldados atrincherados a pocos metros del Santander.

Una unidad de transporte del Gobierno fue asaltada por los protestantes que incendiaron con el objetivo de empujarlo hacia donde estaba el piquete de la guardia, pero el intento no resultó. El vehículo colisionó con la pared de una vivienda, causando que se prendiera en fuego la unidad, la casa y también algunos cables eléctricos.

Poco después del mediodía, una marcha que partió de Cúcuta hacia Táchira por el puente Santander, cruzaba para ingresar ayuda humanitaria. Las personas lograron pasar al menos cinco barricadas que tenían alambres de púas. La movilización estaba liderada por la diputada Gaby Arellano, miembro del equipo que organizó la recolección de ayuda humanitaria desde Colombia. Sin embargo, terminó con la quema de dos camiones con la ayuda humanitaria.