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Lun, Jul

El misterioso cubo de uranio de Hitler: ¿construyeron los nazis un reactor nuclear?

Ciencia y tecnología
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Una investigación cuenta cómo los nazis habrían estado muy cerca de la energía nuclear, pero la división de los proyectos condenó el objetivo

(ABC)El profesor asociado de investigación de la Universidad de Maryland, Timothy Koeth, recibió en el verano de 2013 el regalo de cumpleaños más extraño de toda su vida: una bolsa de papel marrón en la que había algo envuelto en varias capas de servilletas. Cuando desembaló el misterioso presente, vio un pequeño cubo de metal de unos cinco centímetros de lado que, no obstante, era muy pesado: casi dos kilos y medio. El paquete venía acompañado de una nota en la que se podía leer: «Tomado de Alemania, del reactor nuclear que Hitler trató de construir. Regalo de Ninninger».

Este fue el principio de una investigación liderada por Koeth junto con la estudiante de doctorado Miriam Hiebert, que fue, sin embargo, el final de la historia sobre cómo los alemanes tuvieron al alcance de la mano ser los primeros en desarrollar la energía nuclear, pero se quedaron en el intento. Las conclusiones de lo que Koeth llama «la aventura de su vida» se acaban de publicar en la revista «Physics Today», convirtiéndose en un apasionante relato que involucra experimentos paralelos, guerra, espionaje y 70 años en los que el cubo viajó de la Alemania nazi a Estados Unidos.

Tres experimentos nucleares por separado

Nada más observarlo, Koeth y su equipo se imaginaron qué era el presente. Se trataba de uno de los 664 cubos de uranio metálicoque se reunieron para uno de los tres experimentos paralelos que los nazis llevaron a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. «Varios físicos alemanes participaron en ese programa de investigación, aunque quizás el más reconocido fue Werner Heisenberg», afirman en su artículo los investigadores. Heisenberg fue uno de los físicos teóricos más importantes de su época y uno de los visionarios clave para desarrollo de la mecánica cuántica. Por ello, se le dejó encargado del proyecto de Berlín.

De forma paralela, se desarrollarían dos experimentos más en las ciudades de Gottow Leipzig, pero no llegaron a compartir sus resultados, lo que condenó el proyecto, según Koeth y Hiebert. «En lugar de trabajar juntos bajo el liderazgo central, como lo hicieron después los científicos del Proyecto Manhattan, los investigadores nucleares alemanes se dividieron en tres grupos, cada uno de los cuales realizó una serie de experimentos por separado».

El experimento B-VIII

Cuando el fin de la guerra estaba cerca y Alemania estaba siendo invadida, con el fin de salvaguardar la reputación de los científicos alemanes -que daban por perdida la contienda- el laboratorio de Heisenberg se trasladó a los bajos de un castillo en la ciudad al sur de Haigerloch (ahora reconvertido en el Museo Atomkeller). Allí se dio una actividad frenética para conseguir crear el primer reactor nuclear autosuficiente a partir de una especie de tela de araña creada con 664 cubos de uranio unidos por acero trenzado y suspendidos en un tanque de agua pesada (óxido de deuterio), para moderar la reacción, y todo ello rodeado por un anillo de grafito.

Recreación del reactor alemán en el museo de Haigerloch- LepoRello

Se bautizó al experimento como B-VIII y «fue su último y más cercano intento de crear un reactor nuclear autosuficiente, pero no había bastante uranio presente en el núcleo para lograr el objetivo», explica Koeth. El último ensayo tuvo lugar en marzo de 1945, apenas un mes antes de que llegaran las tropas americanas.

¿Podría haberse desarrollado si se hubieran sumado los 400 cubos que se emplearon en el experimento de Gottow? Los investigadores creen que de haber compartido los recursos y la información, el sueño de la energía nuclear habría estado más cerca, pero aún hubiera faltado más uranio (sobre un 50% más, ya que los cubos eran de uranio natural no enriquecido, por lo que apenas contenían un 0,7% del isótopo uranio-235, el único fisible y por tanto con capacidad para provocar una reacción en cadena de fisión nuclear) y más agua pesada para hacer funcionar el reactor. «A pesar de ser el lugar de nacimiento de la física nuclear y llevar casi dos años de adelanto a los físicos estadounidenses, al final de la guerra no hubo una amenaza nuclear nazi real», afirma Koeth.

El viaje de los cubos

Antes de que llegaran las tropas aliadas, los científicos alemanes se afanaron por desmantelar y esconder todos los experimentos. Los documentos se encontraron dentro de una letrina y 659 de los 664 cubos, enterrados. Una vez recuperados, fueron enviados primero a París y, después a Nueva York. Los demás se los llevó Heisenberg, quien logró huir en bicicleta al amparo de la noche. Mientras, laOperación Alsos, por la que los estadounidenses reclutaron a investigadores nazis relacionados con la energía nuclear, hicieron que los cubos acabaran en su mayoría en Estados Unidos.

La nota dentro del regalo de Koeth contenía la clave de la procedencia de ese cubo: Ninninger fue el responsable dentro del Proyecto Manhattan del acopio de uranio para construir Trinity, la primera bomba atómica que se detonó el 16 de julio de 1945 cerca de Alamogordo, Nuevo México. Probablemente, Ninninger se quedó con uno de estos cubos en su llegada a Nueva York. De él se averiguó en 2015 que no había formado parte de una reacción en cadena. «No vemos ninguna evidencia que indique que el cubo haya estado expuesto a una irradiación de neutrones significativa. Por lo tanto, no hubo reacción en cadena autosuficiente», escribía el principal autor de aquel estudio y analista forense nuclear de la dirección de seguridad nuclear del Centro Común de Investigación (JRC) de la UE, Klaus Mayer.

Qué ocurrió con el resto

Pero poco se sabe del resto. Se cree que la mayoría acabaron fundidos de nuevo, aunque algunos se enviaron a diferentes personas por todo EE. UU. «No sabemos cuántos fueron entregados o qué pasó con el resto, pero es probable que haya más cubos escondidos en sótanos y oficinas en todo el país, ¡y nos gustaría encontrarlos!», afirma para Phys.org el propio Koeth.

La aventura continúa, porque aún no se sabe cuántos cubos de este tipo existen y cuál es su historia. Además, tampoco se conoce qué paso con los 400 cubos del experimento de Gottow, que seguramente se quedaran los rusos. Y los interrogantes acerca del estrambótico regalo de cumpleaños continúan: «Por mucho que hayamos aprendido acerca de nuestro cubo y otros similares, aún no tenemos una respuesta sobre cómo terminó exactamente en Maryland 70 años después de ser capturado por las fuerzas aliadas en el sur de Alemania».