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Dom, Feb

El Madrid cumple con lo justo en la despedida

Deportes
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Once de gala para despedirse de la Liga. Volvía Valverde al extremo derecho, una de las lecciones aprendidas del año. Es su sitio, desde donde da al Madrid superioridades en todas las posiciones de esa banda. También Kroos, cuyos pases racionales aportan serenidad y son como un portavoz del club. Transmite una inteligencia como de clasicismo de Weimar.

(ABC).- Había ganas en el Madrid, pero no muchas ganas. Pelota sin desmarques, balón sin trepidación. Fútbol de calentamiento, poco a poco, con tiros lejanos, el mejor de los cuales fue, sin embargo, del Cádiz, de 'El Pacha' Espino. Los jugadores sudamericanos que traen ese mote con artículo son siempre contundentes, como si además del nombre trajeran consigo una fama.

Tras un primer cuarto de hora, Valverde comenzó a mover al equipo con pases largos, intentos de tuyamía con Vinicius.

Cogía el ritmo el Madrid pero se interrumpió por una tángana (homenaje a Azuara, q.e.p.d.) iniciada donde Vinicius, al que le hicieron el ya habitual dos contra uno en la banda: entra el lateral y le remata el que ayuda, en este caso Fede San Emeterio, con una fuerte carga. No le tiró del campo como Isi, pero la jugada era algo más que falta aunque al árbitro, Soto Grado, que tiene un aire a James Woods cuando saca las tarjetas pero sobre todo cuando se las guarda, no se lo pareció. Esos 'dos contra uno' a Vinicius son ya como encerronas de callejón oscuro, impunes, por supuesto, a las que tiene que responder poniendo cara de Cristo de Medinaceli para que no se enfade el fútbol español, que ha cambiado al irse Messi. Es como si hubiéramos vuelto a los 80 o incluso antes. Los defensas podrían dejarse el bigote porque vuelve el fútbol varonil y ¡muera de repente el fútbol arte!

Vinicius es un rebelde y no solo no puso cara de pégame más sino que inmediatamente después reaccionó contra lo que pareció una agresión de Fali a Rodrygo. Se pusieron cara contra cara, tarjeta para los dos. El lance no se vio. No entró el VAR y solo se obtuvo una repetición lejanísima desde el palomar. ¿Cómo es posible esto? Empieza a cundir la impresión de que situaciones así pueden adulterar 'audiovisualmente' la Liga. Las cámaras y la realización son parte del juego, del juicio sobre el juego y del discurso sobre el juego. De todo, e importa qué se ve, hasta qué punto se ve y cuándo se ve.

El partido se embarulló y el Madrid se desorientó. No había llegado a jugar bien del todo y ya perdía la brújula. Pero pudo remediarlo un poco antes del descanso. Tras un córner, Kroos mandó un centro medido a Militao, que remató con un cabezazo hermoso, con un giro de cuello que era a la vez violento y plástico, como el de una modelo de anuncios de champú al sacudirse la melena. El gol se cantó o cantuvo dos veces porque el VAR tuvo que hacer su escrutinio milimétrico, no fuera a ser que tuviera Militao alguna falange sobresaliente…

Rodrygo no es un nueve. Dicen que lo es, pero parece más todo lo que rodea a un nueve: un falso nueve, un siete, un extremo diestro y zurdo. Pero un nueve, no. Le faltaba cuerpo, poder y referencia al Madrid ahí.

El local dominaba con espesura, pero Sobrino tuvo una ocasión muy clara en el 52 a la que el Madrid respondió con un contragolpe espectacular, lo mejor hasta entonces, que falló por poco Valverde. ¿Por qué el contragolpe tiene tanto prestigio en el baloncesto, los Lakers, por ejemplo, y tan poco en el fútbol? Esto es un enigma.

En el Madrid destacaba la voluntad de Lucas Vázquez, lo que habla más o menos de cómo estaba el partido hasta que Kroos, después de un córner, aprovechó un balón suelto fuera del área; sin dejarlo caer, chutó con fuerza y marcó el 2-0 y hasta en ese tiro, una volea en la que se lanzó con energía sobre la pelota, había algo rectilíneo, pulcro, bien trazado y en todo, en su disposición previa, sus pasos adelante y atrás para ubicarse y su celebración brillaba algo distinto, lejano y hasta anticuado, pero a la vez eterno, como si sus rectas y sus curvas fueran ideales formas sobre la abigarrada correría del partido.

Se abrió el Cádiz y Vinicius, despertando, le regaló un gol a puerta vacía a Modric, que falló con estrépito. Ley del fútbol: el regalo lo aprovechó el Cádiz y Lucas Pérez marcó el 2-1, con fallo de Courtois, que escupió despejes oferentes. El Madrid está blando, concede un gol por partido esta Liga, 0'8 en la anterior, y aun sufrió en una ocasión de Espino en el descuento. Ahí tiene trabajo Ancelotti, y en qué pensar, mientras el fútbol se marcha a Catar.