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Mié, Mar

TENIS... Djokovic barre a Paul y jugará su décima final en Australia

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ABIERTO DE AUSTRALIA | SEMIFINALES

(ABC).- El serbio se levanta de un engañoso primer set, pero aplasta sin remordimientos a Paul para jugar por su décima corona en Melbourne y por el número 1 el domingo contra Tsitsipas (7-5, 6-1 y 6-2 en dos horas y 20 minutos)

Ya está Novak Djokovic en la final del Abierto de Australia. Como si para él solo fuera la rutina de enero. Son ya diez finales, a la caza de su décima corona, después de batir a un entregado Tommy Paul que sufrió las consecuencias de un Djokovic más hambriento que nunca. Hubo batalla en el primer set, algo confuso porque el serbio lideraba sin problemas y comenzó el estadounidense a meterle algunas dudas. Pero ya no hubo más opciones para Paul en cuanto Djokovic puso ese nivel inalcanzable que convertía todos sus golpes en bombazos inalcanzables. 7-5, 6-1 y 6-2 en dos horas y 20 minutos.

ABIERTO DE AUSTRALIA

SEMIFINALES

Novak Djokovic

7 6 6

Tommy Paul

5 1 2

En su primera gran semifinal, Paul intentó soltarse, disfrutar, intentar arañar algo de protagonismo al camino de Djokovic, que había puesto una marcha más en los dos últimos encuentros. Después de las dudas de los primeros encuentros con la lesión en la pierna izquierda, el serbio había apabullado a De Miñaur y a Rublev, y ya tenía ese tenis infalible y de apariencia fácil con el que ha conquistado, hasta el momento, 21 Grand Slams. Pero Paul se encontró enseguida con que no iba a poder hacerle demasiado daño ni en los casi siempre complicados inicios de encuentro.

 

Una máquina de percutir a un lado y a otro, con efectividad y sin error, Djokovic manejó el encuentro a su antojo. Ahora un revés paralelo, ahora una derecha cruzada, ahora un saque dirigido. Y engatusó al estadounidense, desbaratada cualquier estrategia y cualquier síntoma de diversión. 5-1 en un suspiro.

Sin embargo, algo cambió; un poco más de tensión Paul, y un bajón mental del serbio, provocó que el primer set se alargara y se envalentonara el estadounidense. Se aprovechó el 35 del mundo de los 22 errores no forzados que cometió Djokovic en esos juegos de zozobra (por comparar, en todo el partido contra Rublev cometió 21), en el que también se echó la mano al muslo vendado en una ocasión, y enlazó cuatro juegos consecutivos con cierta ligereza. Buen juego y actitud la del nacido en Voorhees hace 25 años, en este resurgir del tenis estadounidense que se ha vivido en Australia (Sebastian Korda, Paul y Ben Shelton en cuartos de final masculinos).

Hasta tuvo 0-30 para igualar el primer set para ponerse por delante empatado el marcador a 5-5, pero son 21 Grand Slams y otras once grandes finales en el otro lado de la pista. No solo evitó el peligro sino que apuntilló a Paul al resto para llevarse la primera manga por 7-5.

Y a partir de ahí, recital el serbio, que martilleó la derecha de Paul sin remordimientos hasta derrotarlo y dejarlo en solo tres juegos, uno en el segundo set y dos en el tercero. Porque jugó Djokovic más suelto que nunca. Tan superior que hasta se permitió ligerezas como contradejadas por debajo de las piernas, con ganas de más. Palos de lado a lado, 12 saques directos, 31 ganadores, 10 de 13 puntos ganados en la red. Impecable. Todavía cauto en su celebración. Para una nueva final, 33 de Grand Slam en su carrera, y una, además, que lo significa todo.

 

Contra Stefanos Tsitsipas, verdugo de Karen Khachanov en la primera semifinal, Novak Djokovic se jugará su décima corona en Australia, su Grand Slams número 22 para alcanzar a Rafael Nadal, y el número 1 para alargar ya unos registros inabordables.