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US OPEN... Nadal doblega a Berrettini y se cita con su 19º «grande»

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El tenista español alcanza de nuevo la final de un torneo que ha ganado en tres ocasiones

 

(ABC) En un partido de tenis, existe la impotencia de quien no puede desplegar su juego: por problemas físicos, por nervios, porque no le sale nada. Pero hay una impotencia mucho peor: la que sacude al tenista cuando despliega su mejor juego, tiene una noche maravillosa, le entran todos los golpes… Y acaba derrotado. Así se marchó Matteo Berrettini la noche del viernes en la semifinal del Abierto de EE.UU. (6-7, 4-6, 1-6). La clave de su derrota se explica en dos palabras: Rafael Nadal. En las noches importantes, si el español está sano, hay que dar el 120% en cada punto. El italiano lo hizo en el primer set, pero tampoco sirvió de nada: se lo llevó Nadal. Igual que el resto del partido, que coloca a Nadal en otra final de un ´grande’, con la posibilidad muy cercana de llegar al 19 y poner el récord de Roger Federer a tiro.

Berrettini se pegará unas cuantas noches, mientras enrolla en el tenedor el «spaghetti carbonara» de la cena, pensando qué más podría haber hecho para ganar ese set. Lo hizo todo bien: sacó de maravilla, movía a Nadal con una derecha tremenda y no fallaba con el revés. Le colocó además media docena de dejadas de ensueño, varias de ella tras saque, con el español forzado a recibir con el trasero casi pegado a la nariz del juez de línea. Las pelotas morían ajustadas a la red, imposibles para Nadal, aunque no le falten piernas.

Berrettini además de golpes, mostró una frialdad impropia de un chico de 23 años que acaba de desembarcar en los grandes escenario del tenis. Este año logró llegar a octavos por primera vez en su carrera y las semifinales en Nueva York eran algo inesperado. Pero no le tembló la raqueta en momentos importantes. Nadal tuvo hasta seis puntos de ruptura en el primer set, y de todos se recuperó con serenidad, sacando muy bien y armando su derecha para escupir bolas violentas.

Ni la pitada por cuestionar un ojo de halcón, ni una doble falta inoportuna le sacaron del partido. Así forzó a Nadal a la muerte súbita en el primer set. Se jugó en el alambre y el número dos del mundo estuvo muy cerca de perder la manga. Berrettini consiguió colocarse 4-0 y presagiaba un partido complicado, fuera del guión inicial. Nadal se salvó de milagro, con una mezcla de suerte y de arrestos, en uno de esos momentos que lo convierten en mito: un globo de Berrettini se fuera por nada, Nadal mandó un tiro a la línea, acertó con el saque… Pero una dejada más del italiano forzó a Nadal una vez más y le colocó por primera vez con un punto de set en contra. Si hay algún santo o virgen que proteja al de Manacor se hizo carne en la cinta de la red, que permitió que pasara con un roce una pelota suya y detuvo por la mínima la respuesta franca del italiano. Un suspiro general retumbó en la Arthur Ashe. Pero llegó otro punto de set para Berrettini, y otra dejada más. Esta vez se le quedó corta. Un peloteo fenomenal, de altísimo voltaje, se resolvió a favor de Nadal para darle la primera oportunidad de llevarse el set. Y no falló.

En la segunda manga, Berrettini siguió dando guerra. Los palazos desde el fondo de la pista entraban como misiles en el territorio de Nadal. Este le buscaba el revés, pero el italiano no lo fallaba. Otra vez gozó de puntos de break el español, que Berrettini deshacía con derechas nucleares. A la cuarta oportunidad, le rompió.

Desde ahí, el partido fue cuesta abajo para Nadal. El tercer set, un puro trámite. El que se quedó hasta el final pudo ver puntos maravillosos, como un «passing» cruzado a la media vuelta del español. La gente se echaba las manos a la cabeza.

Ahora queda un último compromiso. Será este domingo, en la final contra el ruso Daniil Medvedev, que antes se había impuesto en su semifinal al búlgaro Grigor Dimitrov. Si Nadal mantiene el nivel de la noche del viernes, hay razones para confiar en que el 19º ‘grande’ se vaya para Manacor.