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Sáb, Dic

LIGA SANTANDER ... Messi y nada más

Deportes
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Un triplete del argentino da la victoria al Barcelona, que fue redondeada con el tanto de Busquets

(ABC) Dicen que los animales se parecen a sus dueños y el césped del Barça, en muy mal estado y no sólo en las porterías, empezaba a parecerse a la cara de empleado de pompas fúnebres que tiene siempre Valverde. Peor estado presentaba la grada, con una pobrísima entrada, que es lo que exactamente mereces cuando tu juego es una porquería y tu actitud de niño malcriado una puñetera vergüenza. Por no haber no hubo ni la habitual pancarta independentista que cuelga del lateral justo cuando salen los dos equipos. Tal vez forma parte del botín de dinero, preservativos y otras sustancias prodigiosas que independentistas, okupas y demás energúmenos se han robado entre ellos en la acampada de plaza Universidad, que ayer por la tarde quedó -no sé si temporalmente- suspendida.

Aburrido y mediocre comienzo. Lo único bueno del 0 a 0 era que de confirmarse el resultado, Valverde dejaría de ser el entrenador del Barça. En el minuto 10, el partido se había jugado en su 70 por ciento en campo azulgrana. El Barcelona iba a remolque de lo que proponía el Celta. Decepcionante tirando a deprimente, y por supuesto vergonzoso. Lo primero destacable lo hizo Messi, asociándose con Sergi Roberto. Disparó duro y raso pero paró bien Rubén.

Los gritos de independencia del minuto 17:14 fueron tenues como una camamilla fría. De regreso al fútbol, impaciencia en la grada. Silencio tenso, aburrido. Los primeros pitos -y los segundos-. Sólo la grada de animación, dopada de subvención. En el 20, mano clarísima de Aidoo, y Messi transformó el indiscutible penalti. Justo antes, Semedo, lesionado, tuvo que ser sustituido por Busquets.

Messi celebró poco el gol, muy poco, y se dedicó a dar severas instrucciones a sus compañeros, uno por uno, en una demostración más de la incomodidad de los jugadores sobre el terreno de juego. Con este resultado, Valverde se salvaba, lo cual era hacer el ridículo -sólo de penalti podíamos ganar al Celta- y asegurarse de que lo continuaríamos haciendo, comandados por Valverde, y con el geriátrico a cuestas. El Celta se fue empequeñeciendo, sin fuerza ni idea, y al Barça le bastaba la más tediosa mediocridad para controlar el partido y que los minutos pasaran como pasan las cosas que no tienen mucho sentido. Pero de una falta que no era y por la que Arthur vio una tarjeta que lógicamente tampoco era, Olaza disparó milimétricamente y logró el impacto. El disparo fue un gran disparo pero el Celta no merecía empatar, aunque tampoco el Barcelona merecía ir ganando. Con el 1 a 1 Valverde estaba fuera y eso era lo único merecido, junto con el elogio a Olaza.

Lo que sucede es que mientras Leo Messi esté en activo será siempre él quien tenga la última palabra para dictar sentencias y categorías, lo que es merecido y lo que no lo es, y de un disparo de falta angelical, como una parábola de Dios, salvó otra vez la cabeza de su entrenador, aunque volvió a condenar a su equipo a un destino perdedor. Pero eso será en abril, en Londres o en Roma, porque ayer, por si con la primera falta no había quedado claro, justo al inicio de la segunda mitad, Messi volvió a explicar por qué es el mejor jugador del mundo con otra deliciosa ejecución de una falta directa. Fue tan hermoso y tan letal, brillante, alegre y fácil que los 71.000 asistentes al estadio, más que el gol, celebramos la vida. Durante el descanso, Valverde había sustituído a Ansu por Dembélé.

En el minuto 17:14 de la segunda parte los cánticos de independencia degeneraron de camamilla a mercromina, casi nada, pero hubo una gran y extraordinaria novedad y es que un sector de la grada de animación cantó el Virolai, el himno dedicado a la Virgen de Montserrat, morena de la sierra. Esta mezcla de folklore y cursilería con que el independentismo todo lo banaliza es única en la Historia.

Cuando ya nada importaba, Busquets marcó el cuarto. El Barça es Messsi y nada más. Bueno sí, algo más: un fútbol vergonzoso y un entrenador al que estamos consumiendo mucho más allá de su fecha de caducidad.