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Sáb, Sep

Simeone cae finalmente en el Bernabéu

Deportes
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RESUMEN Y GOL REAL MADRID 1 - ATLÉTICO DE MADRID 0

Tras una buena primera parte del Atlético, las decisiones de Zidane en el descanso cambiaron el partido. Seis años llevaba llevaba el Cholo sin perder en Liga en casa de los blancos

Llevaba años Simeone sin caer en Liga en el Bernabéu y su derrota fue celebrada casi como otro título honorífico por el estadio madridista.

La victoria del Madrid tiene varios efectos: aleja al Atlético de cualquier pretensión liguera, le confirma como mejor defensa del campeonato y ensalza a Zidane, que planteó dos equipos distintos y demostró reflejos y valentía en el descanso al pasar del control al ataque.

Acudir al estadio era quedar para ir a ver un 0-0. Poca confianza había de más. Zidane casi no pierde con Simeone y Simeone ya no perdía en el Bernabéu. El resultado más frecuente y más probable era un 0-0.

Zidane salía además con el pentacampismo y Simeone con el Thomas-Llorente. Es como si Zidane tuviera un abuelo en Ascoli y Simeone otro en Perugia. Inspiración italiana de los dos. Fútbol control, prudencia absoluta. Todo parecía encaminado.

El Madrid salió a tener la pelota y combinar con unas triangulaciones bastante previsibles. Valverde quedaba de exterior, lejor.

Conseguía el Madrid desplegar su ataque de banda a banda, y llgaban los defensas, gran paradoja de este equipo. Ramos remató en el minuto 6 y luego tuvo una clara ocasión tras un córner en el 10. Seguía el Madrid la pauta habitual: control y reducción del otro, dominio pelotero y aproximación progresiva al área que acababa desgranando llegadas a balón parado, ocasiones esporádicas aquí y allá.

 

La velocidad solo la aportaba Valverde, reducido en la banda derecha, y en el Atleti preludiaban los primeros intentos de Vitolo y la presión de Morata, bien vigilado por Varane.

El Madrid dominaba con premios muy cuestionables: Kroos tiró con flojera en el 16, y a Isco se la aplaudió una presión.

EL primer cuarto de hora fue del Madrid, pero con un dominio leve e inútil, y el Atlético empezó a asomar en el 18 con una clara ocasión de Vitolo (pase de Vrsljko) que atajó Courtois. Volvió a ser clave y cuando tocó, estuvo. El Atleti se estiraba, encontraba el oxígeno del balón y reequilibraba el partido. No solo era el robo arriba: hubo un peligroso tiro de Saúl, la conexión Thomas-Vitolo, acabó en clara ocasión de Correa en el 23, y además se reclamó un posible penalti a Morata.

El partido ya era un pulso igualado. En cada jugada había un toma y daca. Como en las batallas antiguas, había soldados matándose con espadas en duelos por todo el campo y el balón parecía solo una excusa para observarlo, como la cámara en un gran plano secuencia.

Pero en esa pelea no había la entropía cerocerista de otras veces, se percibía una tendencia: los rojiblancos se iban imponiendo. Felipe le ganaba a Benzema, Llorente secaba a Kroos y Modric no desbodaba.

El deby además se caldeaba y asomaba el carácter rojiblanco. Gritaban a Morata desde la grada una rima animalizadora, Morata se envalentonaba y Ramos lo atajaba casi con guapeza. El partido cogía temperatura, y aparecían las personalidades.

Simeone hacía su personal trabajo de marca en la banda y en el 39 era amonestado. Tras recibir la amarilla, siguió hablando igual a la oreja del juez de línea y cuestionando cada decisión de la misma manera, igual que sus hombres se imponían al rival en cada lance. No es casual que Simeone vaya de negro. Es como una gran sombra del rival y del árbitro.

El Madrid se adaptó a la nueva pujanza rojiblanca y bajó expectativas. En el 37, Carvajal se trabajaba un córner como si fuera petróleo. Al descanso, el Madrid necesitaba velocidad arriba y centrar a Valverde, y eso hizo Zidane metiendo a Vinicius y Lucas (ya sobre Rodrygo y sobre Bale). Esta vez no esperó al minuto 60, actuó con prontitud y fue a por el partido. Movió ficha antes que Simeone.

Y el Madrid fue otro. Primero se activo la banda izquierda con Vinicius y Mendy, y por ahí llegó el gol, en una jugada en la que Vinicius atrajo a tres rivales antes de pasar con inteligencia al lateral, que asistió a un inapelable Benzema, todo al primer toque.

El Madrid añadió a su juego velocidad, y a su posesión una nueva fluidez y se entonó Benzema para coronarlo todo con lucidez. Mendy definitivamente se confirmó como titular, pero fue Valverde el gran hombre de esos minutos. En el interior, volvió a acogotar al rival con sus robos y lanzó otra vez la presión del Madrid. Después de ser dinamizado, el equipo era agresivo por él.

El Atleti poco pudo oponer. Carrasco entró por Vitolo y su buenos intentos los zanjó un Ramos autoritario. Morata dejó el puesto a Lemar, quedando Correa de nueve. Pero el Atlético apenas pudo pasar la línea de presión que Valverde lideraba. En el 78 se alcanzó un clímax cuando robó el enésimo balón y lanzado a la contra la luchó en un tackling que levantó al estadio. Era como una importación de fútbol inglés que devuelve al madridismo a un centrocampismo de tiempos de Stielike. Con Lucas de ayudante en la presión (Lucas siempre sabe ser la pareja del mejor, el escudero del jugador en boga), Valverde llevó el ardor local hasta lo inexpugnable y, como en la Supercopa en Arabia, fue la némesis cholista en el derby, el nuevo corazón madridista. Porque no es un interior, es un ventrículo.

Ese enérgico Madrid, descorchado por Vinicius y sostenido por Valverde, derrotaba años después en Liga a Simeone en el Bernabéu y el estadio lo celebraba como algo especial. “Cholo, quédate”, cantaban. Era más que un partido o un derby. En el estallido final hubo algo de homenaje al gran rival que tuvo estos años el Madrid de Zidane, un equipo que ahora se prolonga, revive por la energía de Valverde y Vinicius