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Vie, Jun

REAL MADRID... El secreto jamás contado de la volea de Zidane

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Mañana se cumplen 18 años del gol de la «novena». Di Stéfano estaba enamorado del fútbol de Zizou. Disfrutaba. Le decía que intentara el tiro desde cualquier posición. «¡Vamos francés!» Lo hizo, con un giro de pierna para que no se fuera alto

(ABC) Solari lanza un pase a Roberto Carlos por la banda izquierda, vertical, preciso, para que el brasileño penetre. La carrera de Roberto Carlos es magnífica, pues impide que le tapen la salida. Va tan deprisa que no puede precisar el centro, pues el campo se le acaba. Envía al área un balón bombeado a Zidane, difícil, complicado, más producto del esfuerzo titánico que de la precisión. Solari y otros jugadores han bromeado en diversas ocasiones sobre la excelencia del pase, para tomar el pelo rapado a Roberto Carlos. El brasileño, que no entra al trapo, siempre sonríe cuando le hablan de su asistencia.

El secreto de Zinedine era meter la pierna izquierda al balón de lado, colocándola paralela al momento de la llegada de la pelota. Así podía pegarle fuerte y que no volara alto por encima de la portería. El balón entró por la escuadra. Si le hubiera metido la pierna por abajo habría salido a las gradas. Pero Zizou tenía una técnica para dominar esos balones que caen del cielo y que suelen ser enviados de nuevo al cielo

Pero Zizou sabía cómo modular esos balones. Normalmente, a otro futbolista le saldría un disparo a la luna. Zinedine tenía un secreto para saber dominar ese tipo de balones que caen del cielo y no sabes cómo controlarlos. Zinedine sí sabía.

Cuando caía la pelota no metió la pierna desde abajo, porque le saldría muy alta. Utilizó la pierna izquierda de lado para atacar el esférico a la misma altura, no por debajo, y hacer la volea sin que el balón volara. Y la pelota entró por la escuadra para engrosar la leyenda blanca.

Zidane gritó «¡toma ya!» en español. Le salió nuestro idioma, en vez del francés, cuando celebró el gol que sabía sería único en su historia. Y en la historia.

Pero había un segundo secreto en este disparo: Di Stéfano. El gran jugador histórico del Real Madrid estaba enamorado del fútbol de Zidane. Acudía al Bernabéu con la ilusión de la juventud porque disfrutaba. Ver jugar a Zizou era un deleite para Don Alfredo.

El gol es considerado el mejor de la historia de la Champions desde que el torneo nació en 1955

Di Stéfano le decía que intentara toda clase de disparos, que su calidad le permitía arriesgar. «¡Vamos francés!», decía La Saeta cuando recibía el balón. Esperaba siempre algo distinto. Y lo hizo diferente a todos en el momento decisivo, ante un rival muy fuerte físicamente, el Bayer Leverkusen. El golazo significó el 2-1, al filo del intermedio. Y ha sido considerado el mejor gol de la historia de la Champions, liderazgo que hoy mantiene.

La tijereta de Cristiano a la Juventus es el cuarto tanto de la leyenda de la Copa de Europa. La chilena de Bale al Liverpool es la sexta. Y en el puesto 35 está la gran jugada de Redondo frente al Manchester United en 1998, con remate final de Raúl.