30
Vie, Oct

Nadal no nota el parón: arrolla a Carreño en su regreso a las pistas

Deportes
Typography

MASTERS 1.000 ROMA... El 2 del mundo luce ganas, tenis y potencia, y anula al asturiano en una hora y 14 minutos

Aunque el tenis ya lleva un mes en circulación, no hay duda de que se esperaba con ganas el regreso de Rafael Nadal. Por ver cómo le habían sentado estos 200 días de ausencia por el coronavirus. Pero el número 2 del mundo ni ha notado el parón, a juzgar por cómo arrolló a Pablo Carreño en su primer partido desde el 29 de febrero. No solo no se le ha olvidado jugar, tampoco ser competitivo, ni los automatismos. Lejos de evidenciar la falta de rodaje, que apenas se notó en el primer juego, firmó un partido lleno de energía y potencia para alcanzar la tercera ronda del Masters 1.000 de Roma. Nadal vuelve, seis meses después, como si fuera ayer.

Al balear nunca le han sentado mal los regresos, pues en 2013, tras otra pausa larguísima por lesión, fue finalista en el torneo de Viña del Mar, en Chile. A partir de ahí: campeón en Sao Paulo, Acapulco, Indian Wells, finalista en Montecarlo, campeón en Barcelona, Mutua Madrid Open, Roma y Roland Garros. También en esta ocasión, el balear volvía a las pistas en tierra batida, para un aterrizaje fuera más cómodo dentro de las circunstancias. Y en el Foro Itálico, además, se encontró con un buen primer examen: un rival al que conoce de sobra, para empezar a recuperar esos automatismos perdidos en la cuarentena, y con las estadísticas a favor, que no juegan, pero sí pueden ayudar a la confianza: cinco victorias previas y solo un set perdido.

Esos seis meses sin competición se presentaron de golpe en el primer turno de saque para el 2 del mundo. El primer servicio no entró, y aunque se aprovechó de varios regalos de un nervioso Carreño, también erró lo suficiente como para tener que afrontar una primera bola de break. Es en lo único que pudo notarse esos 200 días. Soluciona la papeleta apostando por un gran juego de fondo, con un drive que no ha notado el parón y con un revés cruzado que ya, desde el inicio, hace mucho daño.

Levantar una bola de break y conseguir una a favor en el siguiente turno ofreció al de Manacor ese punto de confianza que también necesitaba recuperar en competición. A partir de ahí, tras un 1-1 que duró quince minutos, fue entrando en calor a pesar de la frialdad con la que lo acogió la pista central del Foro Itálico, vacía de afición.

Tan activado, que hasta señaló a uno de los pocos presentes en la grada que tenía la linterna del teléfono encendida. Tan armado y con tantas ganas de tenis que el drive y el revés volaban de maravilla, tan alta la confianza con cada punto ganado, que los golpes que fallaba nunca fueron a la red. Y para apuntillar la defensa del rival, el revés cortado, que funcionó como un cuchillo. Si los dos primeros juegos habían durado 15 minutos, apenas 20 duraron los cinco siguientes, todos del lado del balear, quince puntos ganados por solo dos de Carreño. Enchufado con su primer servicio (82 % de puntos ganados), en blanco ganó sus siguientes turnos de saque, y con un ace se llevó el primer set. Se cumplía la media hora de partido.

Conforme uno se encendía, se apagaba el otro. Un Carreño que fue consumiéndose, enredado por el juego del balear, quizá todavía atrapado en el desgaste físico y emocional de perder las semifinales del US Open tras dos sets a favor. Más rodaje, pero poco más. Y ante un Nadal «normal» necesitas activación. Ante esta versión pos coronavirus, necesitas todo. El tenis del asturiano fue bajando enteros, también la concentración, la energía, evidencia palpable en cierta lentitud de piernas incluso para ir al banco, y en un remate que estrelló sin remedio en la red.

Le alivió en cierta manera poder levantar una bola de break al inicio del segundo parcial. Pero no pudo aguantar la presión en su siguiente turno, arrollador Nadal con 14 golpes ganadores en la primera hora de partido, cuando consolidó el break, por solo 10 errores, cuatro de ellos en el primer juego del partido, el único momento en el que al balear se le notó que había pasado 200 días sin un partido oficial.

Ya no hubo más partido, porque todo lo que tocaba Nadal se convertía en punto, y todo lo que intentaba Carreño no llegaba a hacer daño o a entrar. Un tormento que se acabó con un nuevo break. Y cumplida la hora y cuarto de choque, raquetas en lo alto para felicitar a uno y despedir al otro. Nadal, 200 días después, sigue siendo Nadal. Y en una versión con muchas ganas y con mucho tenis. Ya en tercera ronda del Masters 1.000 de Roma donde ya aguarda a Raonic o a Lajovic.