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Mar, Dic

La cara oculta de Miles Davis, por los músicos que eligió para emprender sus revoluciones

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Con motivo del 30 aniversario de su muerte, algunos de los músicos que tocaron con Miles Davis nos hablan de sus vivencias junto al genio, de su legado y de la influencia que tuvo en sus carreras

(ABC).- ¿Qué estará haciendo dentro de diez años?». La pregunta se la hizo ABC a Miles Davis al final de una larga entrevista, en su apartamento de Nueva York, en 1986. El trompetista tenía 60 años y un nervio incontrolable. «No puede quedarse quieto. Nunca lo ha estado en su actividad musical y tampoco lo está ahora mientras se relaja tras haber dado cuatro conciertos en tres noches. De sus labios, que valen un millón de dólares, brotan torrencialmente anécdotas de sus primeros días de jazz en East St. Louis. Su energía es inagotable», advertía el periodista.

 

Miles acababa de iniciar una dudosa carrera como actor en ‘Corrupción en Miami’, la serie protagonizada por Don Johnson, y se había lanzado al mundo de la moda con su propia línea de ropa, pero ninguno de esos quiebros fruto de su excéntrica personalidad de estrella le harían desviarse del único camino que había querido recorrer desde niño: «Dentro de diez años seguiré siendo músico. La música es mi vida. Me despierto con música y me voy a dormir con ella. Está siempre en mi cabeza y lo ha estado desde que tengo seis años», aseguraba.

 

El trompetista no se imaginaba que cinco años después ya estaría muerto. Falleció el 28 de septiembre de 1991 en el hospital californiano de Santa Mónica. Los médicos dijeron que de una neumonía agravada por sus problemas respiratorios y un ataque al corazón, pero nadie dudaba de que eran los achaques de una salud maltrecha tras décadas de adicción a la heroína y cocaína que comenzó durante la grabación de ‘Birth of the Cool’ en el verano de 1948. Hablamos del disco con el que protagonizó su primera revolución al usar una formación inusual de nueve músicos jóvenes sacados de la escena ‘underground’. Tenía solo 22 años, pero ya les enmendaba la plana a sus ídolos.

 

« Dizzy Gillespie y Charlie Parker tocaban aquellas partidas rapidísimas y sofisticadas. Si no eras un oyente ágil, no llegabas a captar el sentimiento que había en su música. Su sonido no era dulce, no tenía líneas armónicas que pudieras tararear fácilmente por la calle junto a tu chica mientras te dispones a darle un beso. El bebop no tenía la humanidad de Duke Ellington. Por eso ‘Birth of the Cool’ fue diferente, porque podías oírlo y tararearlo», destacó el trompetista en su celebrada autobiografía, sobre este nuevo estilo más reflexivo, calmado y elegante que reinó en la costa oeste de Estados Unidos durante una década.

 

Un caballo desbocado

Desde ese momento, nadie ha protagonizado tantas revoluciones ni derribado tantas fronteras como Davis en el jazz. Un ejemplo que nos toca de cerca fue su aventura de ‘Sketches of Spain’ en 1960, un álbum inspirado en el folclore andaluz, en el que reinterpretó el ‘Concierto de Aranjuez’ y para el que contó con la ayuda de Giles Evans, el famoso pianista canadiense obsesionado con la voz de La Niña de los Peines. «Miles era un genio y su sonido es irrepetible, por eso está entre mis principales influencias. En una ocasión copié el ritmo de su ‘Soleá’… ¡Es increíble! Y la ‘Saeta’ que toca en ese disco siempre me hace llorar. Se acercó al flamenco con todo el respeto del mundo», reconoce a ABC Cultural el guitarrista Víctor Monge ‘Serranito’. El mismo que durante décadas acompañó a cantaores como Juanito Valderrama y Antonio Mairena y fue compañero de batallas de Paco de Lucía por medio mundo.

 

Este disco es uno de los que refleja la capacidad de absorción e innovación de Davis. Siempre iba un paso por delante de la mayoría de los músicos, como un caballo desbocado desde aquel improvisado concierto con Parker y Gillespie en el club Riviera de East St. Louis en 1944. «Oír aquel día a Diz y Bird tocar en la banda de B [por Billy Eckstine] es la sensación más fuerte que he experimentado en mi vida con la ropa puesta. Tenía 18 años, y pensé: ‘¡Qué es esto!’. Tío, esa mierda era tan fuerte que asustaba. Era de puta madre. Aquello me inundó el cuerpo, era precisamente la música que yo quería escuchar. Fue algo grande... y yo allí arriba tocando con ellos», recordó en sus memorias.

 

Su segunda revolución llegó en 1959 con ‘Kind of Blue’, el disco más vendido de todos los tiempos en el género. Lo grabó tras desengancharse por primera vez de la heroína y es, para muchos, la cumbre de su carrera. «No solo incluía a algunos de los mayores talentos de su época tocando al máximo nivel, como el pianista Bill Evans y el saxofonista John Coltrane, sino que la banda estaba dotada, además, de una química excepcional», defendía el crítico Ted Gioia en su ‘Historia del jazz’ (Oxford University, 1997).

Para Gonzalo Rubalcaba esa fue una de las grandes habilidades de Miles. «¡Fíjate en la lista de músicos que tocaron con él y se convirtieron en leyendas! A todos les inculcó ese espíritu suyo extremadamente desprejuiciado, esa expresión pura de la libertad y su necesidad constante de acercarse a lo nuevo. Eso siempre me inspiró, además de su coraje y su empeño en romper las estructuras musicales. No hay duda de que fue mucho más lejos que cualquier otro jazzista», explica el famoso músico cubano.

 

George Benson

Una de aquellas estrellas es George Benson, que todavía se acuerda de lo nervioso que se puso cuando Davis le llamó en 1968. Quería que grabara las guitarras de ‘Miles in the Sky’. Le extrañó mucho que no se comportara como un líder al uso y que les abandonara varios días en el estudio. «Miles, yo he venido a trabajar y tú no tocas nada. No quiero coger tu dinero si no vamos a hacer un disco», le avisó. Luego descubrió que estaba cabreado con el productor, Teo Macero, por cómo estaba soñando, pues era un obseso del sonido más que de las florituras. Pero luego todo fluyó. Todavía califica aquellos días como los más importantes de su carrera: «Al final cogimos mucha confianza. Le hacía mil preguntas del pasado y me respondía a todo. Me gustaba estar a su lado por cómo hablaba de jazz. Aprendí mucho de él, era una persona muy interesante», cuenta.

 

La experiencia de Mike Stern fue diferente, pero reconoce igualmente que sin Miles su éxito habría sido muy distinto. Señala que fue el disco ‘Kind of Blue’ el que le empujó a dedicarse al jazz: «Mi madre tenía muchos vinilos, pero ese era el que yo escuchaba en mi habitación una y otra vez. Fue una obsesión y me inspiró mucho. Nunca me imaginé que acabaría tocando con Miles». El guitarrista se unió a su banda en 1980 y grabó ‘The Man with the Horn’‘We Want Miles’ y ‘Star People’, pero todo se torció como consecuencia de las drogas, siempre muy presentes en el entorno del trompetista: «Hasta 1983 nuestra colaboración fue genial, pero justo al final de esa etapa yo tenía muchos problemas, estaba todo el día colocado y me despidió con razón. No podía dar ni un concierto. En 1986, cuando me desenganche, me volvió a llamar».

 

La última gran revolución del trompetista se produjo en 1970 con ‘Bitches Brew’. Fue su ruptura más radical con el pasado. ¿Qué leches le pasa a Miles?, ¿temas de media hora con un solo acorde?, se preguntaban los periodistas y seguidores más conservadores. «El jazz parecía marchitar la parra en lo que respecta a la venta de discos y las actuaciones. Fue la primera vez en mucho tiempo que, dondequiera que yo tocase, no se quedaba gente en la calle. Si comparaba los discos que vendía yo con los de Bob Dylan, no había color. Él estaba por las nubes», se justificaba.

El presidente de Columbia Records, Clive Davis, empezó a presionarlo para que se ganara al mercado juvenil y Miles había empezado a escuchar a James BrownMuddy Waters, el «genial hijoputa de Sly Steward con toda su mierda funky» y Jimi Hendrix. «No estaba preparado para convertirme en un recuerdo ni para figurar en la lista de ‘clásicos’. Vislumbre la senda del futuro e iba a seguirla hasta la meta como siempre. No por Columbia ni por las ventas, ni para hacerme con compradores de discos blancos y jóvenes, sino por mí y por mi música. Tenía que cambiar el rumbo para seguir amando lo que tocaba», subrayó.

Dave Holland

El 18 de agosto de 1969 entró en el estudio con el saxofonista Wayne Shorter, el pianista Chick Corea, el batería Jack DeJohnette, el pianista Joe Zawinul, el guitarrista Larry Young, los percusionistas Juma Santos Airto Moreira y el contrabajista Dave Holland. Este último tenía 21 años cuando Davis fue a buscarle al club Ronnie Scott de Londres. «Sabía que vendría y lo tuve un rato en mi cabeza, pero luego me concentré en la actuación. Desde joven había aprendido a pensar solo en la música, así que no intente impresionar ni tocar de forma más moderna. Él no se fijaba en las notas, sino en la actitud de los músicos y en cómo se relacionaban entre ellos. Eso fue lo que le gustó de mí», rememora para ABC Cultural.

 

Lo primero que le dijo al entrar al estudio fue que tocaran lo que quisiera mientras todo sonara como un acorde. El trompetista quería retroceder a fórmulas más sencillas, como Stravinsky, así que le ordenó a Teo Macero que dejara correr las cintas y grabará toda la improvisación sin interrumpir. El experimento salió perfecto, porque ‘Bitches Brew’ vendió más de 400.000 copias el primer año, mientras que las míticas producciones de los 60 nunca llegaron a 100.000.

El jazz superó sus años de declive. Se inauguraron clubes y se multiplicaron las discográficas, a pesar de que le acusaron de vendido. Aquellos temas, sin embargo, estaban pensados para evitar su comercialización, ya que todos duraban más de diez minutos. Quería desafiar al público blanco que empezó a ir a verle en directo, dejando que sus músicos desplegaran largos solos sobre una base repetitiva cercana a la psicodelia.

Miles plantó la semilla de fusión con el rock y desapareció de escena tras su accidente con el Lamborghini en 1972. A esto se sumó una depresión y su recaída en el alcohol y las drogas. No tocó una sola nota hasta que, en 1981, regresó, ganó un Grammy, incluyó en su repertorio temas de Cyndi Lauper y Michael Jackson y siguió innovando. «Para mantenerse como un gran músico, hay que estar abierto a la novedad».