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Mar, Abr

Mueller da un espaldarazo a la reelección de Trump

Mundo
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La exoneración en la trama rusa descoloca a los demócratas y se convierte en arma política para el presidente.

(ABC) Donald Trump ha vuelto a ganar. Las conclusiones del fiscal especial Robert Mueller sobre la trama rusa son, en esencia, una vindicación de su victoria electoral en 2016. Las sospechas de complot con Rusia y de obstrucción a la justicia y el goteo de revelaciones han ocupado buena parte del ruido político y mediático que le han acompañado en su primer mandato. La decisión de Mueller de que ni Trump ni su campaña conspiraron con Rusia y de que no tiene suficientes evidencias para determinar que el presidente obstruyó la acción de la justicia -aunque no le exonera de ello- son su mayor victoria desde que llegó a la Casa Blanca, una suerte de reválida que le propulsa hacia su reelección dentro de año y medio.

Es cierto que Trump no sale limpio al cien por cien de la investigación de Mueller. El fiscal especial constató que hubo interferencia de Rusia en las elecciones para favorecer al candidato republicano, algo que Trump ha negado para mantener el lustre de su triunfo electoral. Las imputaciones de Mueller a lo largo del proceso han retratado a un círculo íntimo de Trump formado por criminales mentirosos y defraudadores: entre otros, cumplirán penas su director de campaña, Paul Manafort; su primer asesor de seguridad nacional, Michael Flynn; y su abogado personal, Michael Cohen. Además, la decisión de Mueller de no incriminar ni exonerar a Trump sobre obstrucción a la justicia indica que, al menos, hay motivos que no permitieron al fiscal especial ser tajante, como en el caso del complot con Rusia. El fiscal general, William Barr, decidió entonces determinar que no había pruebas suficientes para ver un delito.

Todo ello, sin embargo, apunta a quedar difuminado entre los mensajes de brocha gorda y la hipérbole de Trump: «Exoneración total y completa», celebró el presidente tras conocer la noticia, aunque era una exageración obvia.

La investigación de Mueller pasa de ser una sombra sobre la presidencia de Trump a un arma política de gran calibre para su reelección. Con las conclusiones de Mueller todavía calientes, solo con el resumen del informe que Barr elaboró para el Congreso, el entorno de Trump ya ha mostrado que será una constante en la campaña electoral, con la prensa y la oposición demócrata como principales objetivos.

Las acusaciones contra Trump han sido «una mentira maliciosa y ridícula a la que se le ha dado cobertura mediática completa a pesar de que no había pruebas», reaccionó en Twitter la secretaria de Prensa, Sarah Sanders. Kellyanne Conway, que fue directora de campaña y continúa como asesora de Trump, dijo ayer que todo el proceso «ha convertido a Trump en una gran víctima» y exigió la dimisión de Adam Schiff, el demócrata que preside el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes y que ha sido uno de los grandes defensores de la existencia de complot con Rusia.

Propaganda política

La campaña de Trump ya utiliza las conclusiones de Mueller como propaganda política. Un mensaje de móvil a sus seguidores pedía ayer donaciones porque «los demócratas recaudaron millones por una mentira. ¡Ahora respondemos con pelea!». Un vídeo que hablaba del ’fraude del complot’ fue compartido por Donald Trump Jr., el hijo del presidente, especialmente vehemente contra los demócratas: «Hay que pedir responsabilidades», dijo sobre los demócratas, a quienes acusó de ser «una deshonra para las instituciones». El propio presidente aseguró ayer que hay gente que ha hecho «cosas malvadas» y «será sin duda investigada». Es una indicación que el cierre del informe de Mueller permitirá a Trump pasar de la defensiva a la ofensiva.

El desenlace de la investigación de Mueller es una nueva muestra de cómo Trump ha sabido manejar los hilos de Washington y la atención de los medios. Durante todo este tiempo, centró su mensaje en repetir el mantra de «no hay complot» mientras el resto de sospechas quedaban en un segundo plano en la opinión pública. Ahora recoge los frutos de ello, porque será fácil para él criticar otras investigaciones o revelaciones como un nuevo intento partidista de atacarle.

El informe ha dejado a los demócratas descolocados. La gran mayoría ha exigido que se publique el informe de Mueller -del que solo se conoce el resumen que entregó Barr al Congreso el domingo- de forma completa. Sus líderes en el Congreso, Nancy Pelosi y Chuck Schumer, criticaron ayer que la comunicación de Barr «tiene tantas preguntas como respuestas» y criticaron que el fiscal general «no es un observador neutral». La decisión de Barr de considerar que no hay pruebas suficientes que fundamenten un delito de obstrucción de la acción de la justicia -algo que Mueller no llegó a determinar- será una cuestión conflictiva los próximos días, pero parece complicado que pueda invalidar la exoneración de Trump.

La realidad es que las conclusiones de Mueller les sorprenden a pie cambiado. Hasta cuatro comités de la Cámara de Representante, con mayoría demócrata, han requerido información o interrogatorios al Gobierno alrededor de investigaciones de Trump, mientras otras investigaciones de la justicia se centran en el pago para silenciar romances antes de las elecciones o la financiación de su investidura. Para Trump será ahora más fácil sacudirse todo ello ante la opinión pública y ya hay voces de demócratas que apostaban por pasar página y centrarse en asuntos que importan a la ciudadanía, como la sanidad o las infraestructuras.

A falta de revelaciones sorprendentes del informe, el ‘impeachment’o juicio político para la recusación de Trump parece una quimera. Y su reelección, una posibilidad más real.