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Lun, Jul

Daniel Gamper, premio Anagrama de Ensayo con «Las mejores palabras»

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La obra ganadora invita a reflexionar sobre el valor «ético, político y civil de las palabras»

(ABC) «Si tuviese que responder que para qué sirven las palabras, diría para cuidarnos los unos de los otros. En cuanto las palabras se ponen al servicio de alguien y dejan de cuidarnos, entonces dejan de ser las mejores palabras», explica el pensador y profesor de Filosofía Daniel Gamper (Barcelona, 1969) para tratar de presentar en sociedad «Las mejores palabras. De la libre expresión», obra que le ha valido este lunes la 47 edición del Premio Anagrama de Ensayo.

Las palabras, insiste Gamper, sirven para construir un «nosotros», por lo que, a la hora de elegir el bolsillo en el que habrían de acabar de los 8.000 euros que acompañan al galardón, el jurado ha valorado muy especialmente que el texto premiado aparezca justo ahora que la voz cantante parecen llevarla «las palabras desbocadas y abyectas, desbarradas y ajumadas». Las palabras, en fin, «huecas, hirientes, troleras, quejicosas y malolientes», tal y como destaca el también profesor y miembro de jurado Daniel Rico.

«Es un libro actual sobre dos lugares comunes: por una parte, la devaluación de la palabra, que ha tomado la expresión de posverdad o fake news; por otra, la reivindicación de la palabra como respuesta a ciertas tendencias iliberales en las democracias occidentales», constata Gamper, profesor de Filosofía Política de la Universidad Autónoma de Barcelona que propone aquí pensar y repensar «cómo llegar a las buenas palabras». «No es un tratado sistemático ni un libro de filosofía; tiene una cierta ambición literaria», añade Gamper sobre un ensayo que, destaca, invita a reflexionar sobre el valor «ético, político y civil de las palabras».

Un libro que, dicho de otro modo, recorre los diferentes estratos públicos y privados que contribuyen a hacer de las palabras lo que son (o, mejor dicho, lo que deberían ser) y que, de la casa a la escuela y de las redes a los medios de comunicación, se fragmenta en una veintena de capítulos para acabar abordando temas como la censura, el bilingüismo, las sociedades multilingües, la democracia..

Una sucesión de conceptos encadenados que Gamper hace desembocar en preguntas concretas (¿cómo se eligen las mejores palabras?; ¿cómo se reprimen?; ¿cómo se educa a través de las palabras?) mientras evita referirse a la libertad de expresión -prefiere hablar del free speechinglés o de la «libertad de manifestación de pensamiento» italiana- aunque defienda hasta sus últimas consecuencias su significado. «Ejercer enfáticamente la palabra libre supone pagar un precio; la libertad de expresión es un lugar de combate», subraya.