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Vie, Jul

Estalla la violencia en las protestas de Hong Kong con el asalto al Parlamento

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HONG KONG PROTESTAS...Destrozan todo a su paso para protestar contra la ley de extradición a China cuando se cumplen justo 22 años de su devolución

Protestas de Hong Kong: el asalto al Parlamento de Hong Kong en directo

La violencia estalló ayer en las protestas de Hong Kong, justo cuando se cumplían 22 años de su devolución a China por parte del Reino Unido. Como todos los aniversarios, había convocada una manifestación multitudinaria que, formada por personas mayores y familias, recorrió el centro de la isla de forma pacífica y mostrando su repulsa contra la controvertida ley de extradición a China, suspendida pero no anulada.

Por otro lado, miles de jóvenes asediaron desde el mediodía el Parlamento local, siguiendo con la estrategia de cercos a edificios públicos que ya habían llevado a cabo durante las dos últimas semanas frente a la comisaría central de Policía y otras sedes gubernamentales. Pero, si en aquellas ocasiones se habían cuidado de no intentar un asalto, esta vez tenían muy claro su objetivo: la toma del Consejo Legislativo (Legco) como si fuera La Bastilla de Hong Kong.

Con vallas de hierro ensambladas a modo de arietes, intentaron durante horas romper las ventanas y puertas de cristal blindado del edificio, donde se había atrincherado un destacamento de policías. Pertrechados con cascos y escudos antidisturbios y máscaras antigás, los agentes contemplaban el asedio desde detrás de los cristales rotos sin hacer absolutamente nada.

El 12 de junio, su contundente actuación para dispersar otra protesta frente al Parlamento desató las críticas por lo que los manifestantes consideran una «fuerza excesiva» para los estándares de Hong Kong, una de las ciudades más cívicas del planeta y poco acostumbrada a estas escenas. Parecía que la Policía quería evitar que se repitiera la historia y dejó hacer a los jóvenes, cada vez más numerosos. Aunque las autoridades declararon, por primera vez en su historia, la alerta roja en el Parlamento y advirtieron varias veces de que la Policía iba a actuar, finalmente se marcharon y lo dejaron a expensas de los manifestantes.

Ataviados con camisetas negras y cascos de albañil amarillos y rojos, y protegidos por gafas de plástico y máscaras contra los gases lacrimógenos y espray de pimienta, los jóvenes vencieron la primera línea defensiva del Parlamento al romper finalmente sus puertas y ventanas de cristal blindado. Ante ellos se alzaba entonces una persiana metálica en la entrada principal, que también se esforzaron durante horas para reventarla mientras en los alrededores crecía la tensión.

«No servirá de nada»

«Sabemos que esto no servirá de nada y pondrá a mucha gente en nuestra contra, pero el Gobierno nos ha forzado porque lleva un mes sin escuchar las demandas pacíficas de millones de personas para que se retire totalmente la ley de extradición a China», se justificaba ante ABC Steven, un estudiante de Nutrición de 20 años en primera línea del asalto. A su lado, algunos de sus compañeros pasaban barras de hierro y todo tipo de herramientas para forzar la verja, mientras otros se subían a escaleras para tapar con espray las cámaras o, sencillamente, machacarlas con martillos. Uno por uno, el razonamiento de Steven era repetido por todos los entrevistados -estudiantes de instituto, universitarios, personas de mediana edad-, que se solidarizaban con la causa, pero rechazaban el vandalismo.

«Esto es una locura, estoy en contra de que se destrocen edificios públicos. Pero el Gobierno se está comportando de forma irracional porque no escucha a la gente y los adolescentes se han vuelto locos», se escandalizaba Alan Keung, un pastor protestante que había acudido «para pedir calma e impedir que alguien resultara herido».

Al anochecer, algunos jóvenes consiguieron entrar en el Parlamento y abrir una de su puertas laterales. Siguiendo a la multitud, por allí entró el corresponsal de ABC. Destrozando todo lo que se encontraban a su paso, como las taquillas de los diputados o las pantallas de televisión de los pasillos, los manifestantes se colaron por todo el edificio y llegaron hasta el hemiciclo.

Escribiendo en las paredes pintadas contra la ley de extradición, los manifestantes desplegaron una bandera de la época colonial británica, colocaron en la tribuna de oradores carteles con los rostros de las principales autoridades de la ciudad, como la jefa del Gobierno local, Carrie Lam, y el comisario de Policía, Stephen Lo. En medio de una anarquía total, con las alarmas sonando sin parar y el suelo encharcado por la apertura de las mangueras contra incendios, los jóvenes montaron barricadas y llenaron las paredes de insultos con sus pintadas. Entre ellas había una que rezaba «For those three» («Para esos tres»), en referencia a las tres personas que, según apuntan todos los indicios, se han suicidado para protestar contra la ley de extradición.

«¡Esto no es violencia! No hemos herido a nadie, solo hemos ocupado el edificio. ¡Violencia ha sido la muerte de esos tres!», se enfadaba un diseñador de anuncios, apellidado Chan, cuando se le preguntaba por el caos en el que se había hundido la protesta.

Vandalismo y violencia

No hay ninguna duda de que el vandalismo y la violencia dañarán al movimiento pro-democrático de Hong Kong, que hasta ahora se había caracterizado por el civismo de sus manifestaciones, admirado en el mundo entero. Aunque la sociedad hongkonesa, bastante conservadora y pragmática, podrá comprender la desesperación que aseguran sentir los jóvenes, sus demandas han perdido legitimidad con el asalto y destrozo del Parlamento y dado argumentos al Gobierno local y al autoritario régimen chino para que resuelva la crisis con contundencia.

«Puede que nos vayamos o que nos quedemos. Pero lo que queremos dejar claro con esto es que podemos volver en cualquier momento porque el Parlamento es la casa del pueblo y el Gobierno no está escuchando a los siete millones de hongkoneses. ¡Retiren totalmente la ley de extradición y sufragio universal ya!», anunció uno de los portavoces de este movimiento juvenil, con la cara totalmente cubierta, en la tribuna del hemiciclo.

«Estoy preocupado por los jóvenes y no habría sugerido hacer esto, pero estoy orgulloso de los jóvenes porque son valientes en defender unas libertades que temen perder bajo China», señalaba en su escaño el diputado independiente Eddie Chu, presente en la invasión para intentar mediar ante las autoridades y buscar una solución. A su espalda, dos manifestantes discutían a gritos si debían quedarse o marcharse, ya que la Policía antidisturbios habían empezado a rodear el Parlamento.

Sin un líder visible que dirija a los jóvenes, que se organizan a través de internet y redes sociales encriptadas como Telegrama, enseguida cundió el pánico y empezó la desbandada. A medianoche (hora local), optaron por marcharse del Parlamento, en cuyos alrededores estaba esperando la Policía. Para dispersarlos rápidamente, a los antidisturbios les bastó con disparar varios rondas de gases lacrimógenos y los jóvenes salieron huyendo hacia la avenida frente al Gobierno que habían cortado por la mañana. Con varias cargas, los agentes los hicieron retroceder y dispersarse por las calles adyacentes.

Las protestas de Hong Kong, que habían sido pacíficas, caen en la anarquía y el vandalismo porque los jóvenes se quejan de que el Gobierno no ha respondido a sus demandas para retirar totalmente la ley de extradición a China. Justo cuando se cumplen 22 años de su devolución, al régimen del Partido Comunista le ha estallado en Hong Kong una revolución juvenil.

El vandalismo empaña la manifestación por el 22º aniversario de la devolución

En medio de una fuerte agitación política y social por la controvertida ley de extradición a China, suspendida pero no cancelada, Hong Kong celebró hoy el 22 aniversario de su devolución por parte del Reino Unido al autoritario régimen de Pekín. Como todos los años, una manifestación con cientos de miles de personas recorrió el centro de la isla para conmemorar la efeméride y reclamar el sufragio universal que China prometió en su día bajo la fórmula de «un país, dos sistemas», vigente hasta 2047. Pero lo que solía ser una marcha festiva se vio ensombrecida por las protestas violentas contra la polémica ley de extradición, que tiene revolucionada a la ciudad desde hace un mes.