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Lun, Sep

El «plan original» del cerebro del 11-S con diez aviones que Bin Laden no vio «factible»

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El creador del mayor atentado de la historia, con casi 3 mil muertos entre las Torres Gemelas y el Pentágono, fue Jalid Sheij Mohamed, un paquistaní que estudió ingeniería en Estados Unidos y que está condenado a muerte

Casi veinte años después del peor atentado terrorista de la historia, los testimonio de las víctimas y los supervivientes sigues sobre cogiéndonos. «Se me notificó y pensé que se trataba de un avión ligero. Solo pensé que algo extraordinario le había pasado al piloto. Sin embargo, cuando me dijeron que América estaba siendo atacada pensé: "¿Quién demonios haría eso a América?"», recordaba el expresidente de Estados Unidos, George W. Bush, en el décimo aniversario del 11-S.

«Era como transmitir desde la cubierta del Titanic; cuando las Torres caían tratamos de meter a toda la gente posible dentro del camión en que estábamos, y cuando ya no pudimos meter a más, los de fuera seguían aporreando con desesperación los cristales; y lo peor era preguntarse qué sería de esa gente que no había podido entrar», contaba a la corresponsal de ABC en Nueva York, Anna Grau, el italoamericano John Schiumo, una de las estrellas del canal de televisión NY1 y uno de los primeros en llegar al World Trade Center aquel 11 de septiembre de 2001.

Con 2.996 muertos, incluidos los 19 terroristas, la desaparición de veinticuatro víctimas y más de seis mil heridos, no ha habido hasta el día de hoy un atentado que ni tan siquiera se le acerque en cuanto a las consecuencias. Un plan que fue bautizado como «Operación Aviones» por Jalid Sheij Mohamed, un ingeniero paquistaní que había estudiado en Estados Unidos y que se convirtió en el «cerebro» de la matanza.

La yihad

De familia originaria de la región de Baluchistán, Mohamed se crió en Kuwait, pero al terminar la educación secundaria, se trasladó a Carolina del Norte para obtener un título de Ingeniería Mecánica en 1986. Fue ese el momento en el que decidió entrar en la yihad, después de un viaje a Peshawar, para luchar contra los soviéticos en Afganistán.

Según el informe de la Comisión del 11-S del Congreso estadounidense, Mohamed explicó que, sin embargo, su animadversión hacia Estados Unidos no nació durante su periodo de estudiante en el país, sino de su rechazo a la política exterior de la Casa Blanca y del hecho de que siempre busque favorecer a Israel en su conflicto con Palestina y su entorno árabe, explica la agencia Europa Press.

Tras Afganistan, el cerebro del 11-S se mudó a Qatar para trabajar como ingeniero de proyectos para el Ministerio de Electricidad y Aguas hasta 1996 y luego regresó a Pakistán para escapar de Estados Unidos, que ya le tenía en el punto de mira por su relación con el responsable del primer atentado contra las Torres Gemelas en 1993, su sobrino Ramzi Yousef.

Ideando atentados

Fue en esa época cuando empezó a diseñar atentados contra el enemigo occidental, siendo ya entonces su objetivo soñado el corazón de Estados Unidos, el mismo país que le había acogido y formado de joven. Llegó incluso a viajar a varios países y organizar algunos ataques fallidos, como uno en Filipinas que habría causado cientos de víctimas de haber tenido éxito.

Mohamed luchó con Osama Bin Laden en Afganistán en 1987 y convivieron asiduamente hasta su último encuentro en 1989. Pasaron siete años y se volvieron a reencontrar en el otoño de 1996 en Tora Bora. Fue en esa reunión donde el ingeniero paquistaní le presentó al líder de Al Qaida y a su jefe de operaciones, Abú Mohamed al Masri, varias ideas de atentados. Una de ellas incluía la opción de entrenar a pilotos de la yihad para que estrellan aviones contra edificios de Estados Unidos. Un plan que, según confesó a la CIA el mismo Mohamed, ya había desarrollado para llevarlo acabo en Filipinas en 1995 e, incluso, contra el World Trade Center de Nueva York y contra la sede de la CIA.

«¿Quién demonios haría eso a América?», se preguntó Bush y algo parecido debió pensar en principio el propio Bin Laden, quien su primera reacción fue de absoluto escepticismo. Pero Mohamed incluso le había puesto ya un nombre a su obra: la «Operación Aviones». «No es factible», le habría respondido el líder de Al Qaida, según la versión de Alí Soufan, antiguo agente del FBI y experto en terrorismo, en su libro «Anatomía del terrorismo».

Ingreso en Al Qaida

Aún así, Bin Laden le invitó a unirse a Al Qaida, pero Mohamed rechazó la oferta educadamente. Eso no impidió que mantuvieran el contacto. El objetivo principal del ingeniero paquistaní era poder llevar a cabo sus planes fuera como fuera, pero eso no ocurrió hasta principios de 1999, momento en el que se dio luz verde a los atentados del 11-S.

El líder de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), Nasser Al Wuhayshi, contó años después que lo que ayudó a Bin Laden a decidirse a acoger el plan de Mohamed como una posibilidad real fue el atentado suicida del copiloto del vuelo 990 de EgyptAir que, el 31 de octubre de 1999, estrelló su aparato contra el Atlántico y mató a más de 200 personas. Al ver la noticia en la televisión, Bin Laden se preguntó preguntó por qué no había estrellado el avión contra algún edificio y causado muchas más víctimas.

Durante los interrogatorios del FBI, Jalid Sheij Mohamed decribió el «grandioso plan original» que había presentado primero a Bin Laden y que este también acogió con reticencias: secuestrar diez aviones, nueve de los cuales se estrellarían contra objetivos en ambas costas de Estados Unidos. «Él mismo iba a hacer aterrizar el décimo en un aeropuerto estadounidense y, tras matar a todos los pasajeros varones adultos a bordo y alertar a los medios, ofrecería un discurso criticando el apoyo de Estados Unidos a Israel, Filipinas y los gobiernos represivos en el mundo árabe», contó en su momento la comisión de investigación, según EP, que da un primer listado de objetivos en los que se pensó: el Capitolio, el World Trade Center, la Casa Blanca y el Pentágono. Al líder de Al Qaida le interesaban, sobre todo, los dos últimos.

Medio millón de dólares

La Comisión del 11-S calculó que toda la operación costó entre 400.000 y 500.000 dólares. Los miembros del operativo recibieron los fondos necesarios para sus acciones mediante transferencias o dinero en efectivo entregado por Mohamed. Tal y como aseguraba en un vídeo encontrado en Afganistán por las tropas estadounidenses, Bin Laden era «el más optimista» de todos en cuanto al resultado de los ataques. Y eso que él solo pensaba «el fuego por el combustible derretiría la estructura de hierro del edificio y derrumbaría la zona en la que el avión golpeó y todos los pisos por encima». Es decir, no todo el edificio, como así ocurrió.

Michele Heidenberger, de 52 años, era la principal azafata del vuelo 77 de American Airlines que se estrelló contra el Pentágono. «Aquella mañana, a eso de las 6.45, llamó para asegurarse de que me había levantado y para decirme que había dejado la comida preparada», explicaba su marido, piloto de avión, al corresponsal de ABC en Washington, Emili J. Blasco. Ese día se encontraba en casa porque se repartían los días de trabajo de manera que al menos uno de los pudiera estar en casa con los hijos.

«No pudo llamarme desde el avión. Barbara Olson [una conocida comentarista de televisión que viajaba como pasajera] llamó a su marido, que le informó de que dos aviones acababan de impactar contra las Torres Gemelas, y otra azafata consiguió hablar con su padre. Yo creo que Michele habría estado con los tres niños que iban a California después de haber ganado un concurso de National Geographic, diciéndoles que todo iba a salir bien. O quizás fue una de las primeras personas que los terroristas mataron, porque tenía un carácter muy fuerte», explicó a este periódico Thomas Heindeberger «Son conjeturas, porque no sabemos lo que pasó dentro del avión. Pero sea como fuere, pagaron el precio más caro», añade.

Mohamed fue capturado en Rawalpindi (Pakistán) en marzo de 2003, en una operación conjunta de la CIA y los servicios de Inteligencia paquistaníes. Tras varios años en prisiones secretas, fue trasladado en 2006 a Guantánamo, donde terminaría confesando ser el «cerebro» del 11-S. Su juicio debería comenzar el próximo 11 de enero.