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Lun, Nov

La victoria del candidato de Morales sume a Bolivia en la incertidumbre

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Euforia entre los dirigentes de la izquierda latinoamericana, mientras el vencedor, Luis Arce, promete que «gobernará para todos»

(ABC).- Hay elecciones insólitas, fraudulentas, previsibles y hasta normales. Las de Bolivia no forman parte de ninguna de estas opciones pero, al menos, arrojaron un resultado sin cuestionamientos de legitimidad. Luis Arce, el delfín de ese tiburón político que es Evo Morales, se convirtió en presidente electo con una mayoría que rondaría el 52 por ciento, según sondeos a pie de urna y recuentos rápidos de diferentes misiones de observación internacional, como reconoció Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana), el gran derrotado en las urnas.

Quizás Luis Arce y David Choquehuanca no lleguen finalmente a ese 52 por ciento que anticiparon los pronósticos pero los candidatos del MAS (Movimiento Al Socialismo) se impusieron al resto sobradamente. Les bastaba el 40 por ciento de los votos y una diferencia de diez puntos para gritarle al mundo y a Bolivia que «el jefe», una vez que se celebre la ceremonia de investidura, será Arce. El economista no tendrá fácil demostrar su autoridad cuando regrese Evo Morales de su refugio argentino pero en sus primeras palabras se mostró conciliador y dispuesto a unir a un país partido, como por un hachazo, en dos. «Vamos a gobernar para todos los bolivianos, vamos a construir un Gobierno de unidad nacional… Vamos a reconducir un proceso de cambio sin odio, defendiendo y superando nuestros errores», se comprometió.

Felicitaciones del eje bolivariano

La felicidad manifiesta del exministro que puso a Bolivia en la senda del crecimiento y equilibró las cuentas maltrechas del país más pobre de Sudamérica, era comparable con la expresada por el viejo bloque bolivariano. Nicolás Maduro, recibió la noticia como un balón de oxígeno propio. Pletórico, celebró la «derrota al golpe de Estado que le dieron a nuestro hermano Evo… Felicidades a nuestro jefe indio del sur», proclamó. La alusión a la renuncia y huida de Morales del pasado año, tras su pucherazo electoral, era inevitable. Desde Buenos Aires, Alberto Fernández, fue determinante al considerar «un acto de justicia» ante «la agresión» sufrida por los bolivianos. Su vicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner, fue directa a su teléfono móvil al despertar. «Buen lunes para todos y todas. Felicitaciones a Lucho Arce y David Choquehuanca que, junto a Evo, construyeron en Bolivia un gran triunfo popular. La Patria Grande feliz», escribió en su cuenta de Twitter. El ecuatoriano y prófugo de la justicia, Rafael Correa, también se despachó a gusto: «!Qué castigo para la criminal derecha boliviana, su prensa cómplice, Almagro y sus secuaces!». Ironías de la historia, el secretario general de la OEA ya se había apurado a «felicitar» a la pareja ganadora y hacer un pronóstico optimista: «Estoy seguro que desde la democracia sabrán forjar un futuro brillante para su país».

El triunfo de Arce y Choquehuanca, alimenta las esperanzas de construir un nuevo tablero sudamericano a modo de revival del socialismo siglo XXI. Algo inviable hoy por hoy con Jair Bolsonaro, Ivan Duque, Luis Lacalle Pou, Lenin Moreno y Mario Abdo Benítez. Con la idea de volver a ser lo que fue está también Luiz Inacio Lula. «Felicitaciones al pueblo boliviano que restauró su democracia…», escribió el brasileño apuntando dónde más duele.

Mesa, cabeza de la oposición

Carlos Mesa, se le hizo cuesta arriba asumir unos sondeos sin escrutinio oficial determinante pero lo hizo. «La diferencia es amplia y nos toca, como corresponde a los que creemos en la democracia» reconocer, «que hay un triunfador. Es un resultado que aceptamos». Dicho esto, añadió, «obviamente esperaremos los resultados oficiales» para saber cómo queda la composición de la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde el MAS tendría mayoría en ambas Cámaras.

La resignación de Mesa no impidió que hiciera un recordatorio y asumiera, «el mandato de ser la cabeza de la oposición… El país hereda una crisis de salud, económica y de corrupción». En ese contexto, anunció su voluntad de «fiscalizar y exigir» al futuro Gobierno. La otra misión, velar por: la «independencia de poderes» porque «el respeto a las instituciones es un imperativo al que todos estamos obligados». Sin rencor, al menos aparente, añadió: «Es el pueblo el que decide con sabiduría lo que quiere. Ojalá todos estamos a la altura». Para la escritora y analista, Verónica Ormachea, generosidad es lo que le falto al líder cívico Fernando Camacho (Creemos), «expulsó a Evo y ahora lo trajo de vuelta. Primó sus intereses personales y regionales (por la rica Santa Cruz de la Sierra) al mantener su candidatura», segura. En resumen, añade, «dividió a la oposición y volvió a polarizar al oriente y occidente de Bolivia».

La victoria del MAS en primera vuelta era la única oportunidad que tenía el movimiento que lidera Evo Morales para recuperar el poder. La totalidad de los pronósticos advertían una derrota segura de haberse dado un balotaje. ¿Cómo se explica entonces un resultado tan demoledor?. «Pese a los largos años de Gobierno y el desprestigio creciente de Morales, la base del MAS seguía siendo sólida», analiza Carlos Malamud, investigador de América Latina del Real Instituto Elcano. «Tenían –añade- un piso cercano al 40 por ciento de los votos». Pero son varios los factores, añade el historiador:«El electorado masista y sectores medios, sintieran que las conquistas sociales y económicas de los últimos años estaban amenazas si volvía la derecha». Dicho esto, observa que la gestión de Jeanine Áñez, resultó contra producente para sus intereses al sostener, un «mensaje de polarización y confrontación… Casi revanchista, con la persecución de muchos de los dirigentes del MAS». Finalmente, el efecto de esas «agresiones» se tradujo en, «una vuelta del voto pérdido del MAS». El gran perjudicado: Carlos Mesa.