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Sáb, Oct

OLA DE CALOR...Cuando la temperatura interna llega a los 40ºC, aparece el golpe de calor y se puede incluso perder la consciencia

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La llegada de una ola de calor esta semana puede facilitar la aparición del golpe de calor y de otros síntomas. El organismo cuenta con varios mecanismos fisiológicos para tratar de evitarlo

Acapulco Gro., 01 de agosto del 2018 (ABC) Con la llegada de las olas de calor aumenta la probabilidad de que suframos problemas de salud por las temperaturas extremas. Lógicamente, y como cada año recomiendan las autoridades sanitarias, en estos casos es conveniente hidratarse y resguardarse en sitios frescos y prescindir de hacer deporte o cualquier otra actividad física intensa, sobre todo durante las horas centrales del día. Además, niños, mayores y enfermos crónicos son los más vulnerables y deben cuidarse de las temperaturas extremas.

El calor produce daños en el organismo cuando se alcanza la hipertermia, una situación en la que la temperatura corporal es inusualmente elevada, tal como informan los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos. Normalmente esto ocurre cuando el cuerpo está a más de 37,5 o 38,3 ºC. Si se llegan a temperaturas corporales de 40ºC puede aparecer el peligroso golpe de calor, y si se aumenta hasta los 42ºC, puede llegar la muerte. El motivo es que el calor excesivo afecta al funcionamiento de la maquinaria celular (como las enzimas), que es esencial para la obtención de energía y el funcionamiento de los órganos principales.

La hipertermia se caracteriza porque los mecanismos fisiológicos del cuerpo humano no son capaces de mantener el equilibrio térmico (y una temperatura de alrededor de 37 ºC). Por ese motivo, aparece toda una colección de síntomas, como fatiga, mareos, calambres, bajada de tensión, aceleración del pulso, náuseas, dolor de cabeza, enfriamiento de la piel, piel de gallina y, finalmente, golpe de calor. La hipertermia puede llegar tan rápido como en diez minutos, si hay elevada humedad y una temperatura ambiental de 60ºC.

El peligroso golpe de calor

Entre todos estos, la consecuencia más grave de la hipertermia es el golpe de calor. Este fenómeno ocurre cuando la temperatura del organismo alcanza los 40ºC, a causa del calor y de la elevada humedad del ambiente. Cuando esto ocurre aparecen varios síntomas: irritabilidad, confusión, pulso muy rápido, ausencia de sudación, enrojecimiento de la piel o desmayos. De hecho, se puede llegar al síncope o pérdida de consciencia. En esos casos, y tal como han recomendado a Efe los responsables de Emergencias de la Junta de Extremadura, lo primero que hay que hacer es llamar al 112.

Además de eso, el NIH recomienda que la persona se tienda en el suelo, en un lugar fresco, que se duche o refresque con agua (en especial humedeciéndose el cuello, las axilas, las ingles o las muñecas) y que beba o zumo o bien que coma fruta. En todo momento se recomienda evitar el café y el alcohol.

 

Si la exposición al calor se mantiene o empeora puede llegar la muerte. Se considera que una temperatura interna de 42ºC o 43ºC puede producir daños cerebrales y ser fatal.

 

¿Cómo responde el cuerpo?

Para evitar los daños por exceso de calor, el cuerpo humano cuenta con un gran mecanismo conocido como termorregulación, que está encaminado a mantener la homeostasis o estabilidad de las condiciones del organismo.

En primer lugar, la piel funciona como una especie de termostato: cuando se detecta que el organismo ha llegado a cierta temperatura, activa una serie de respuestas para refrigerarlo. El hipotálamo, una región del cerebro que controla funciones vitales básicas, activa la respuesta de sudación o sudoración, que consiste en la secreción de agua y sales (sudor) para disipar el calor de la piel.

Este «truco» aprovecha que el agua tiene un elevado calor de vaporización, es decir la capacidad para disipar mucho calor al evaporarse. Por ese motivo, bañarse o sudar es realmente refrescante.

Además, el hipotálamo activa la vasodilatación periférica o cutánea, que es la respuesta que ocurre cuando la piel se enrojece y nos ponemos colorados (este fenómeno es muy típico cuando se hace deporte y el cuerpo aumenta su temperatura). Al ocurrir esto, los vasos sanguíneos que transportan la sangre hacia las partes más externas del organismo se ensanchan y aumenta el flujo de sangre en las zonas exteriores, lo que facilita que se libere calor al entorno (lo contrario, la vasoconstricción, se activa en invierno y permite disminuir la pérdida de calor). Gracias a la vasodilatación y a la sudación, la piel se comporta casi como el radiador de un coche.

Sin embargo, la vasodilatación facilita que disminuya la presión arterial y el flujo de sangre en los órganos internos, lo que puede llegar a hacer que nos desvanezcamos.

Además de usar la piel como radiador, el hipotálamo trata de disminuir la producción de calor en el cuerpo humano, y lo hace ralentizando algunas funciones del metabolismo.

Por último, las personas recurren de forma instintiva a varias soluciones para evitar el calor, como ponerse a la sombra, refrescarse, beber agua o echarse la siesta, al igual que hacen muchos otros animales.

Hay que tener en cuenta que algunos factores disminuyen la capacidad de termorregulación del organismo, como la edad, el alcohol, algunos medicamentos y la elevada humedad atmosférica, por lo que conviene tenerlo en cuenta a la hora de exponernos al calor. Además, cada persona tiene un umbral de tolerancia determinado.