22
Mar, May

Así está la brecha salarial en el mundo

Mundo
Typography

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER...Repasamos la situación de la igualdad de sueldos entre hombres y mujeres en distintos puntos del planeta

Acapulco Gro., 07 de marzo del 2018(ABC).-La brecha salarial es el gran enemigo a batir en las reivindicaciones del Día Internacional de la Mujer en España. Acabar con ella está entre los objetivos de la huelga feminista convocada para este 8 de marzo. Pero, ¿cómo está la brecha salarial en el mundo?

De la mano de los corresponsales de ABC, repasamos cómo se encuentra en una amplia variedad de países.

ÍNDICE TOP

1. Francia

2. Alemania

3. Rusia

4. México

5. Egipto

6. Argentina

7. Países nórdicos

8. Estados Unidos

9. Sudáfrica

1. Francia

Según las estadísticas oficiales, las francesas ganan un 9% menos que los franceses, cuando trabajan en los mismos puestos, y un 25% menos en términos globales. El salario medio mensual es de 1.962 euros para las mujeres y de 2.410 euros para los hombres. Una de cada dos mujeres franceses piensa que ser mujer es un «freno» para su carrera profesional.

Para tratar de atajar esta brecha, desde 2013 es «obligatorio» un plan que «instaure» la igualdad salarial y profesional en las empresas, aunque solo un 61,4% de las empresas ha firmado acuerdos comprometiéndose mal que bien a llevar a la práctica las promesas burocráticas. El 60% de los sectores económicos y empresariales tienen acuerdos favorables a la paridad, pero la realidad no siempre coincide con las proclamas administrativas. La precariedad afecta de manera muy desigual a hombres y mujeres. El 82,5% de los empleos a tiempo parcial están ocupados por mujeres

Todos los portavoces oficiales recuerdan sistemáticamente que la igualdad real entre hombres y mujeres es una «prioridad absoluta» del presidente Emmanuel Macron, que comenzó por anunciar personalmente, el mes de noviembre pasado, que la igualdad entre mujeres y hombres debía ser el «gran proyecto nacional» de su mandato presidencial.

Nicolas Sarkozy, entre 2007 y 2012, y François Hollande, entre 2012 y 2017, también prometieron la misma prioridad. Durante los últimos diez años, sucesivos grandes proyectos legislativos han intentado recortar no solo la brecha salarial entre hombres y mujeres, sino también instaurar una igualdad profesional y salarial en las negociaciones colectivas. Con resultados poco estimulantes.

El mes de febrero pasado, la ministra de la igualdad entre hombres y mujeres, Marlène Chiappa, anunció dos proyectos de ley que serán discutidos próximamente en la Asamblea Nacional: un primer proyecto deberá combatir las violencias sexuales y sexistas; un segundo proyecto deberá castigar el acoso sexual callejero.

Varios miembros del gobierno están realizando una gira nacional con el fin de establecer las «nuevas prioridades temáticas» de la igualdad entre hombres y mujeres. Tras esas consultas, se prometen nuevos proyectos de reformas e iniciativas. Vaya usted a saber.

(Información de Juan Pedro Quiñonero, corresponsal en París)

2. Alemania

Desde principios de este año, las trabajadoras alemanas tienen derecho a conocer la remuneración de sus compañeros masculinos que realicen el mismo trabajo que ellas, según una ley aprobada en marzo de 2017 y que entró en vigor con el cambio de año, la Ley Para el Fomento de la Transparencia en las Estructuras Salariales. Según los datos del Gobierno, las alemanas siguen cobrando un 21% menos.

Para seguir reduciendo esa brecha salarial, las empresas con más de 200 trabajadores deberán facilitar a quien lo solicite información sobre el sueldo de otros empleados, aunque sin revelar salarios concretos, sino únicamente la mensualidad media bruta de al menos seis colegas del sexo opuesto con el mismo tipo de trabajo.

Además, el empleado puede pedir que se le proporcione información sobre hasta dos componentes más de remuneración, por ejemplo bonos o vehículo de empresa. Desde el momento en que la empresa reciba la petición, tendrá tres meses para responder. En caso de que no lo haga o lo haga fuera de plazo, el trabajador podrá presentar una queja ante el comité de empresa e incluso una demanda. Además, la ley anima a las empresas con más de 500 empleados a examinar regular, pero voluntariament,e su estructura salarial para promover la paridad en los sueldos e informar de ello en documentos accesibles a todos los empleados.

A pesar de que la legislación alemana prohíbe la discriminación de género desde hace más de medio siglo, una trabajadora acumula un promedio de un 49,8% menos de ingresos a lo largo de su carrera que un trabajador, según un estudio del Instituto de Economía Internacional de Hamburgo. El principal factor de desigualdad, en cualquier caso, se produce en la escalada profesional. De acuerdo con la fundación AllBright, el 93% de los miembros del consejo ejecutivo de las 160 empresas alemanas que cotizan en bolsa son varones, mientras que la mayoría de trabajos a tiempo parcial, temporales y de la economía sumergida, peor pagados por tanto, son desempeñados por mujeres. El Bundesamt confirma que el 47,8% de las mujeres realizan trabajos de medio tiempo, frente a solo un 10,8% de hombres. Al margen de estos factores y de las interrupciones laborales por maternidad, la brecha por discriminación, en un mismo trabajo y por las mismas horas, queda reducida al 6%.

(Información de Rosalía Sánchez, corresponsal en Berlín)

3. Rusia

Según datos facilitados recientemente por la viceprimera ministra, Olga Golodets, las mujeres en Rusia cobran un salario que es un 26% menor que el de los hombres en trabajos equivalentes. Golodets, que se encarga de supervisar la actividad de diversos ministerios, Sanidad, Educación y Asuntos Sociales entre otros, dirige además el Consejo Intergubernamental de Estrategia Nacional para la Mujer, cuyo plan se extiende hasta el año 2022 inclusive.

La viceprimera ministra confía que ese plazo de tiempo se habrá logrado reducir la brecha salarial, aunque no aclaró en qué cuantía. Admitió que Rusia en esta materia «está todavía por detrás de muchos países europeos». «El sueldo medio en nuestro país para los varones es de 38.600 rublos al mes -unos 550 euros- mientras que las mujeres reciben 28.000 rublos -400 euros-», aseguró.

Golodets puntualizó que los sectores en donde las diferencias salariales entre los dos sexos es menor es en la Educación, en donde la presencia femenina, al igual que sucede con la Sanidad, es aplastantemente mayoritaria. La viceministra señaló también que «si en la mayoría de las esferas laborales la mujer está ampliamente representada, no así en los órganos de poder». Ella misma es una de las tres mujeres en un Ejecutivo compuesto por 32 miembros.

Según sus palabras, «Rusia ocupa el lugar número 100 en el mundo en porcentaje de féminas en el Parlamento. En la Duma -Cámara Baja- tenemos un 15% y en el Consejo de la Federación -Senado- un 17%». En un estudio publicado en 2016 por Rosstat, el Centro Estatal de Estadística, la brecha salarial era del 30%.

Ningún partido de la oposición «domesticada», es decir, aquella que cuenta con presencia parlamentaria, ha propuesto ningún plan alternativo al que encabeza Golodets para mejorar la situación de la mujer en Rusia. Las únicas fuerzas concienciadas con el problema son extraparlamentarias.

(Información de Rafael Mañueco, corresponsal en Moscú)

4. México

La brecha salarial en México es del 16,7%, ligeramente superior al 14,3% promedio de los 35 países que forman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En el último informe que ha realizado el organismo sobre la lucha por la igualdad de género en el mundo, destaca que México ha aprobado recientemente políticas importantes para cerrar la brecha entre hombres y mujeres. Por ejemplo, el 42% de los miembros de la Cámara de Diputados son mujeres -por encima del 28% de la media en la OCDE- un éxito que se ha logrado gracias a la implementación de cuotas. A su vez, se han creado una serie de becas que permiten que el número de hombres y mujeres estudiando en la universidad sea parecido, lo que facilita su inclusión dentro del mercado laboral.

Sin embargo, tan sólo el 44,9% de las mujeres mexicanas en edad de trabajar están empleadas, representando la tercera tasa de empleo femenino más baja de la OCDE, después de Turquía (28,7%) y Grecia (41,7%). Por el contrario, el 78,5% de los hombres mexicanos están empleados, lo que representa una enorme desigualdad provocada, según el informe, por los estereotipos que aún limitan las opciones de las mujeres.

México es un país muy tradicional en ese aspecto. Tres cuartas partes de todos los quehaceres domésticos recaen en las mujeres, un trabajo no remunerado que impide que encuentren empleo. Las largas jornadas laborales -México es el país de la OECD donde más se trabaja, con 2.255 horas al año-, tampoco facilita que padres y madres concilien empleo y vida familiar. Asimismo, las mujeres sufren elevadas tasas de violencia doméstica, con 671 presuntos feminicidios entre enero de 2015 y diciembre de 2017, de acuerdo con datos de la Secretaría de Gobernación, el equivalente el Ministerio del Interior en España.

(Información de Adrián Espallargas, corresponsal en Ciudad de México)

5. Egipto

En 2017, la agencia ONU Mujeres se preguntó «¿Dónde están las mujeres de Egipto?» en una campaña en la que, mediante a varios carteles tipo «buscando a Wally» incidía sobre la escasa presencia y representación de las mujeres en el sector laboral egipcio, especialmente en ciencia, política y tecnología. Según la agencia de estadística nacional (Capmas), las mujeres son solo el 23% de la fuerza laboral en Egipto, donde la mayoría quedan relegadas a trabajos no remunerados (doméstico, agrícola) o a la precariedad.

En 2017, Egipto se colocó en el puesto 134 (de 144 países) en el Análisis Global de la Brecha de Género del Foro Económico Global (WEF), que mide la desigualdad de género en participación y oportunidad económica, acceso a la educación, empoderamiento político, salud y supervivencia. Una mezcla de obstáculos económicos, tradicionales, religiosos y de acoso sexual han dificultado el acceso y el salario igualitario en el trabajo de las mujeres en Egipto, que tradicionalmente debían hacerse cargo del hogar familiar pero que poco a poco toman las calles y nuevos trabajos, especialmente en medio de la nueva crisis económica del país, donde un salario ya no basta para llevar una casa y cuando las jóvenes son mayoría en muchas carreras universitarias (Artes, Educación, Matemáticas, Ciencias Naturales).

(Información de Alicia Alamillos)

6. Argentina

En el discurso de apertura del año legislativo, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, se comprometió a igualar los salarios entre mujeres y hombres. La discriminación, en beneficio de ellos, es un tema candente en la sociedad argentina, pero aún más los niveles de pobreza (en torno al 28%) y los ingresos de los más acomodados.

La inflación prevista para este año, en torno al 17%, la padecen con mayor dramatismo los más pobres. Y estos, según el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) ganan 13,7 veces menos que el sector más rico de la población. Para entender mejor el cuadro de situación, conviene recordar que el 10% más rico de la población concentra el 23% del ingreso total del país.

La brecha es enorme, pero estos días lo que está sobre el tapete de la discusión es cuando ésta es por razones de género y en esos casos puede ser hasta del 35%. Ese escenario que Macri calificó de «injusto», según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) lo identifica con más frecuencia de la deseada.

El área donde se da la mayor brecha salarial es la minería, donde la diferencia de sueldos entre varones y mujeres es del 29,6%, seguido del sector eléctrico con un 25,6%, comercio con el 23,6%, servicios sociales con el 20,3%, transporte con el 19,9% y servicios financieros con el 13,4%. La agricultura roza lo ecepcional con apenas es 1,4%.

En este contexto, un dato llama la atención: las mujeres superan en salario a los hombres en donde menos se podía imaginar: la construcción. La explicación, si se piensa con detenimiento, resulta sencilla. Ellas ocupan puestos de trabajo administrativos, mientras que ellos emplean la fuerza bruta.

(Información de Carmen de Carlos, corresponsal en Buenos Aires)

7. Países nórdicos

Por el mismo trabajo, la misma paga. Sin importar el sexo, la identidad de género, el grupo étnico, la orientación sexual, la nacionalidad o la religión. Parece lógico en los países nórdicos, pero no es así. De esta región, sólo Reikiavik ha cerrado la brecha salarial de género por ley: a partir del 1 de enero de este año, en Islandia es ilegal pagar menos a un hombre o a una mujer por realizar el mismo trabajo. La ley islandesa promulgada por la joven primera ministra rojiverde Katrín Jakobsdóttir se veía venir: este país ostenta desde hace nueve años la menor diferencia salarial entre hombres y mujeres, según el Índice Global de la Brecha de Género que elabora el FMI.

Al otro extremo se encuentra Dinamarca que siendo uno de los Estados de bienestar más potentes del mundo se ubica fuera de los diez primeros puestos de igualdad. Según un estudio realizado por la London School of Economics, la maternidad representa el 80% de las causas de la brecha salarial de género en Dinamarca. El país escandinavo, uno de los más felices del planeta, se encuentra en el puesto número 14 del Índice.

En la frontera con Rusia, Finlandia se ubica en el tercer lugar del Índice Global de la Brecha de Género, sólo superado por Noruega (segundo lugar) e Islandia. En este país la brecha alcanza a un 17,3% (la media europea es del 16,3, según la Eurostat 2015). Entre las razones para que los países nórdicos se encuentren entre los primeros lugares de igualdad efectiva de paga entre hombres y mujeres, está en primer lugar la equiparación del permiso de paternidad con el de maternidad: Noruega, por ejemplo, da un permiso a los padres de hasta 112 días de duración, Islandia tiene 90 días de permiso y los padres suecos pueden disfrutar de hasta 70 días.

(Información de José Pablo Jofré)

8. Estados Unidos

La estadística más repetida en EE.UU. para describir la brecha salarial entre hombres y mujeres es la del 80%: es el porcentaje de sueldo que reciben las mujeres de media frente a los varones. La cifra es el resultado de comparar el salario medio de los hombres que trabajan a jornada completa con el de sus compañeras femeninas. «Es una vergüenza. Las mujeres merecen el mismo salario para el mismo trabajo», dijo el expresidente de EE.UU. Barack Obama en uno de sus discursos sobre el estado de la Unión.

Él mismo impulsó la ley Lilly Ledbetter de Salarios Justos para ampliar la capacidad de demandar a una empresa si el sueldo es inferior para una mujer en el mismo puesto. El problema, como han apuntado muchos economistas, es que esto no es cierto: la brecha salarial tiene que ver con que las mujeres normalmente tienen puestos diferentes y trabajan menos horas. Lo ha afirmado una de las mayores autoridades en estos estudios, la profesora de Harvard Claudia Goldin, que explica que, aunque hay excepciones, buena parte de esta brecha salarial se produce porque las mujeres favorecen la flexibilidad temporal en el trabajo: habitualmente, para tener tiempo de dedicarse a su familia. La realidad es que los trabajadores que requieren flexibilidad temporal tienen menos posibilidades de colocarse en puestos con mayor salario. Las estadísticas muestran que la brecha de sueldo entre hombres y mujeres se produce en EE.UU. sobre todo a partir de los 30 años, cuando las mujeres empiezan a tener hijos.

En EE.UU. abundan las iniciativas para tratar de cerrar la brecha. Obama aprobó una norma para que las empresas con más de cien trabajadores publiquen los datos sobre diferencias de sueldos entre hombres y mujeres (debía haber entrado en vigor este año, pero Donald Trump lo detuvo). Otros tratan de arrimar el hombro a su manera, como un bar de Brooklyn que cobraba un 20% menos a las mujeres. Goldin considera que hay que beneficiar la flexibilidad temporal en el trabajo: algunas empresas cada vez lo integran más en su cultura corporativa (por ejemplo, en Silicon Valley) y debería fomentarse desde el sector público. Por ejemplo, con actividades extraescolares en la educación pública para facilitar la conciliación con la vida laboral.

(Información de Javier Ansorena, corresponsal en Nueva York)

9. Sudáfrica

Sudáfrica ocupa el puesto 19, según un nuevo informe sobre la desigualdad de género publicado por el Foro Económico Mundial (FEM). La brecha salarial en el país africano ha aumentado a pesar de que la mujer ha mejorado su ocupación en altos cargos y gerencia así como su presencia en profesiones como la abogacía. Sin embargo, hoy existe una mayor consciencia sobre esta problemática.

La brecha salarial ha estado entre el 15 y el 18% durante 50 años, esto significa que una mujer sudafricana necesitaría trabajar dos meses más que un hombre para ganar su mismo salario anual. Sin embargo, la empresa Stats SA eleva este dato al 23% según un reciente estudio.

La Sección 6 de la Ley de Equidad en el Empleo de Sudáfrica se implementó hace tan solo dos años; ésta estipula que las empresas no pueden discriminar en términos de remuneración y están legalmente obligados a ofrecer igual salario por trabajo de igual valor. Si bien es cierto que la legislación y las políticas de las empresas han abordado este problema, las estadísticas no están cambiando. Según un estudio de Ipsos realizado en 2017, el sueldo promedio de un sudafricano es de R9,222.16 (unos 630 euros) mientras que el de una mujer sería R6,688.80 (unos 550 euros).

La Oficina Nacional de Investigación Económica dice que las mujeres tardan 10 años más en ganar la paga de un hombre y que con la brecha salarial actual, éstas pueden perder unos 5 millones de rands (unos 342.000 euros) en una carrera laboral de 40 años en comparación con sus compañeros.

Esta discriminación salarial no afecta de la misma manera a todos los sectores. En minería y otras industrias pesadas la diferencia es más notable que en el sector de los servicios, donde hay un alto porcentaje de mujeres empleadas. Luchar contra la brecha salarial podría ser clave para el crecimiento de la economía del país.

(Información de Alba Amorós, corresponsal en Johannesburgo)