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Vie, Ago

El tigre dormido...la alusión al tigre, en una clara referencia a la furia popular que se podría desatar en caso de un claro fraude electoral.

Opinión
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BAJO FUEGO/   José Antonio Rivera Rosales

   

De manera críptica, el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador rompió el esquema de las presentaciones ante la Asociación Mexicana de Bancos (AMB), en cuya convención participaron representantes de 52 instituciones de crédito.

   Sus palabras, en cita textual, fueron vertidas de la siguiente manera: “Si se atreven a hacer fraude electoral, yo me voy a Palenque y a ver quién va a amarrar al tigre. El que suelte al tigre que lo amarre”.

   Esta convención bancaria, que por 15 años consecutivos se celebra en el puerto de Acapulco, sirvió como pasarela para los candidatos presidenciales, incluidos los independientes, que de esta manera plantearon inquietudes y proyectos en un inédito diálogo con el capital. Por ello es menester hacer algunas apreciaciones que nos permitan dimensionar este diálogo directo entre los presidenciales y los representantes del gran capital financiero.

   A diciembre de 2017, según información de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), recogida en reportes de la prensa especializada, la banca tuvo ganancias superiores a 130 mil millones de pesos, un ingreso que superó con creces los 107 mil millones captados al cierre de 2016.

   El llamado Grupo de los Siete (G7) -integrado por Bancomer, Santander, Banorte, Citibanamex, Inbursa, Scotiabank y HSBC- concentró el 90 por ciento de las ganancias del sector, lo que se traduce en un crecimiento financiero sin precedente.

   El otro 10 por ciento de los ingresos globales se repartió entre otros bancos menores que, de todos modos, crecieron aunque a un ritmo menor.

   Esa es la dimensión del capital especulativo, cuyos principales ingresos provienen del cobro de intereses así como de las operaciones con divisas. Aunque las operaciones de crédito son necesarias para impulsar algunos sectores de la economía mexicana, en realidad es el capital productivo el que genera empleo y riqueza. 

   Está comprobado que las pequeñas y medianas empresas son las que generan el 80 por ciento del empleo. Son estas empresas las que con frecuencia necesitan financiarse mediante las operaciones de crédito de los bancos, que sin embargo son los que más ganan con este servicio.

   Por eso sostenemos que el capital productivo, el que genera empleos y riqueza, con frecuencia se ve atrapado por el círculo vicioso del capital especulativo que, vía créditos caros, generan un fenómeno de dependencia del cual es muy difícil salir victorioso.

   Con todo y ello, esta convención era una oportunidad sin par para semblantear a los candidatos presidenciales, de quienes sin duda esperaban escuchar buenas noticias a futuro. 

   El mejor recibido fue José Antonio Meade Kuribeña, un hecho comprensible a partir de que su vida profesional se desarrolló en el sector financiero. Meade Kuribeña era un viejo conocido, a quien ven como uno de los suyos y, como es natural, fue bien recibido por los más de 600 representantes del sector bancario.

   Cuando tocó el turno a López Obrador, un silencio expectante invadió el salón. Lo que hizo López Obrador fue tranquilizar a los grandes capitales para evitar que, en caso de un eventual triunfo, se produzca un fenómeno de fuga de capitales.

   Sin embargo, después vino la advertencia, que a algunos les sonó a amenaza: la alusión al tigre, en una clara referencia a la furia popular que se podría desatar en caso de un claro fraude electoral.

   Pero con esa advertencia lo que en realidad hizo López Obrador es decirles: no repetiré lo de 2006, cuando la estrategia fue la de invadir la avenida Reforma en la ciudad capital para canalizar con una protesta pacífica, aunque incómoda, la furia popular que ya se había presentado en diferentes sectores del país.

   Eso es lo que parece significar la frase “el que suelte el tigre, que lo amarre”, una muy nítida alusión a la comisión de un fraude electoral por parte del sistema, que para instalar José Antonio Meade como presidente de la república podría tomar decisiones desesperadas dado el tercer lugar que ocupa ese candidato en casi todas las encuestas. Tercer lugar y bajando.

   López Obrador sin duda sabe de lo que está hablando.

   Hasta donde se tiene conocimiento, en el país existen por lo menos 18 organizaciones político-militares de izquierda, así como unos 80 grupos armados de menor dimensión para quienes un eventual fraude electoral sería una invitación para, ahora sí, tomar las armas. Esto es a lo que llanamente se le conoce como oposición armada.

   La dimensión real de los grupos armados en México es todavía desconocida, porque existen grupos o núcleos de ciudadanos que aún se mantienen en el clandestinaje total. La estimación probable es que se trataría de los 80 grupos citados líneas arribas, cuyas estructuras son muy diversas e irregulares. Hay grupos de autodefensa armada, hay grupos de avanzada y también hay grupos armados anarquistas.

   En principio, esas formaciones militares irregulares ya tienen las banderas que necesitaban para motivar un estallido popular: los 43 jóvenes desaparecidos en Iguala, la depredación de las mineras, la reforma energética que está entregando el petróleo a las transnacionales y, finalmente, el proyecto en ciernes para privatizar el agua.

   Un fraude electoral sin duda alguna hará sonar los tambores de guerra para algunos  miles de ciudadanos mal armados, mal pertrechados y menos adiestrados, pero con una profunda rabia contra el sistema imperante, sustentado en la depredación y el robo del erario público como nunca antes se había visto.

   Aunque se asumen como vanguardia armada, las dirigencias de esas formaciones apelarán a las manifestaciones de enojo popular que se podrían expresar de modos diferentes al conocerse los resultados de la elección, que podría ser imputada  entonces como elección de estado. 

   Esa es una realidad brutal que podría presentarse en algunas regiones del país, lo que haría mucha gracia a los halcones del Pentágono, porque les ofrecerá un escenario idóneo para una intervención más profunda en México, con el pretexto de que nos vienen a salvar.

   Esperemos que no llegue la sangre al río.