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El terrorista de Manhattan logró el visado por sorteo y fue investigado por la Policía

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Las autoridades interrogaron a Sayfullo Saipov en 2015 por sus lazos con sospechosos de terrorismo; se radicalizó una vez establecido en Estados Unidos

Acapulco Gro., 02 de noviembre del 2017 (ABC) La matanza de Nueva York tuvo un precio, fue de 19 dólares. Eso es lo que cuesta alquilar la camioneta con la que Sayfullo Saipov dejó un reguero de víctimas en la orilla oeste de Manhattan, como recuerda de forma trágica el anuncio en la carrocería del propio vehículo-arma, con el frontal destrozado, en cada imagen del atentado.

Con el paso de las horas, se despejan las incógnitas sobre el atentado del último «lobo solitario» vinculado al terrorismo islámico. Saipov alquiló la camioneta en Passaic, Nueva Jersey, cerca de donde tenía su casa, en la localidad de Paterson. Debía conocer bien Manhattan, su tráfico y las calles, porque llevaba seis meses como conductor de Uber.

Es habitual que los vecinos de Nueva Jersey utilicen el servicio de transporte privado para llegar hasta Manhattan y no sería raro que en ese tiempo le hubiera tocado circular por las calles de Nueva York llevando y trayendo clientes. De hecho, solo tres días antes del accidente, su coche pasó por el túnel Holland y por el puente George Washington, las dos principales vías para salvar el río Hudson y llegar a Manhattan, según los registros de la máquina que se utiliza para pagar los peajes, aseguró «The New York Post», citando fuentes policiales.

No está claro si esos viajes fueron para preparar el atentado o parte de su trabajo. De lo que no dudan las autoridades es que Saipov preparó el ataque «durante semanas». Así lo dijo ayer John Miller, vicecomisionado de la Policía de Nueva York, que también aseguró que Saipov lo hizo «en el nombre de Daesh». Se encontraron una decena de papeles escritos a mano por Saipov cerca de la camioneta con alusiones al grupo terrorista islámico, en el que el mensaje principal, según Miller, es que «Daesh durará para siempre».

«Parece que siguió al pie de la letra las instrucciones que Daesh ha colgado en sus redes sociales, en las que explica a sus seguidores cómo ejecutar este tipo de ataques», dijo Miller. Desde 2014, la red terrorista ha animado a lobos solitarios, incrustados en países a los que Daesh considera enemigos, a atacar a infieles con armas improvisadas. Desde cuchillos y rocas a vehículos. Este último método ha sido uno de los más mortíferos para los terroristas. Los yihadistas han perpetrado hasta quince ataques con vehículos –muchas veces alquilados, como en el caso de Nueva York–, que han acabado con la vida de 142 personas, según el recuento de la organización New America. Entre ellos, los atentados de Niza, Berlín y el de este verano de Barcelona.

En su caso, Saipov decidió embestir a sus víctimas en un carril bici, el que jalona la orilla del Hudson de norte a sur en Manhattan. Está separado del tráfico y es muy ancho porque lo comparten ciclistas y peatones, muchos de ellos corredores. La posibilidad de repetir un ataque en una plaza pública es más difícil, tras los atentados en Europa y tras el ataque de un perturbado en las inmediaciones de Times Square del pasado mayo, que dejó un muerto.

El segundo más letal

Saipov vio una laguna de seguridad en este carril bici, quizá el más frecuentado de la ciudad y con suficiente espacio para meter su camioneta. Entró en él a la altura de la calle Houston y condujo cerca de quince manzanas en dirección sur, dejando un reguero de cuerpos y bicicletas. Su intención parece que era prolongar la matanza, pero en el cruce con la calle Chambers chocó contra un autobús escolar. De lo contrario, podría haber seguido su camino hasta las inmediaciones del World Trade Center, el escenario de la matanza del 11 de septiembre de 2011. El de Saipov, con ocho muertos y doce heridos de gravedad, es el acto terrorista más mortífero en Nueva York desde el de las Torres Gemelas.

Saipov, ciudadano de Uzbekistán, entró de forma legal en EE.UU. en 2010. Lo hizo a través de la llamada «lotería de la tarjeta verde», un programa de entrada de inmigrantes que sortea decenas de miles de permisos de residencia permanente cada año para países con poca presencia migratoria en EE.UU. Nada más llegar se estableció en Ohio, donde tenía amigos de su familia. El «sueño americano» se le resistía a Saipov, que no hablaba inglés y al que le costó encontrar trabajos estables. No tardó en casarse y formar una familia y se mudó a Florida, donde trabajó como camionero y donde al parecer comenzó su proceso de radicalización.

Quienes han tratado con él describen una persona con problemas de carácter y con ataques de ira habituales. «Eres demasiado emocional», le decía uno de los clérigos de la mezquita que frecuentaba en Tampa, Abdula, según relató a «The New York Times» y que aseguró que trató de sacarlo del camino del extremismo.

«Se radicalizó en EE.UU.», defendió ayer el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, en la misma comparecencia en la que el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, aseguró que los actos de terrorismo «no nos amedrantarán».

Hace años que Saipov había llamado la atención de las autoridades, que tenían al sospechoso bajo su radar. En 2015 lo interrogaron por lazos con sospechosos de terrorismo, ya que aparecía como «punto de contacto», con dos hombres que estaban en el listado de la unidad de antiterrorismo, según la cadena ABC. Los agentes, sin embargo, no encontraron suficientes pruebas para abrir una investigación contra Saipov.