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Sáb, Jun

Ancelotti y su futuro en el Madrid: el italiano desperdicia una bala

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Con la Liga imposible tras el clásico, la continuidad a final de curso del técnico, mirado con cierto recelo por su inmovilismo, pasa por conquistar la Champions

(ABC).- A dos meses y medio de que termine la Liga, y con 12 jornadas aún por delante, el Real Madrid tiene prácticamente imposible sumar su título doméstico número 36. Tras la derrota en el clásico, lo saben los jugadores, la planta noble, los aficionados y, por supuesto, Carlo Ancelotti. Jamás un equipo ha remontado esa cantidad de puntos para acabar llevándose el campeonato y no parece este Madrid el conjunto más fiable para romper ese techo de cristal. De hecho, el Atlético de Simeone, que llegó a estar alejado a 13 puntos de los blancos y ahora se encuentra a cinco, aparece como una amenaza real para atar la segunda plaza. Da igual quedar segundo o tercero, pero es un dato que refleja la vulnerabilidad merengue en una Liga que, de puertas para dentro aunque no para fuera, ya se da por perdida. Una bala menos para la continuidad de Ancelotti en el banquillo a final de curso.

El deseo de futuro de Ancelotti es seguir en el club, como aclaró, en la previa del clásico, pero en el fútbol, y más en un club de la exigencia del Real Madrid, los resultados siempre mandan. «Mi pensamiento es que quiero seguir y espero que sea así. Lo que decida el club no es tan importante, yo disfruto todos los días que el club me quiera aquí; si me quiere tres meses, disfrutaré tres meses, y si me quiere tres años, disfrutaré tres años. Se lo agradeceré para toda la vida», afirmó el pasado sábado.


Pero en los veinte años de presidencia de Florentino Pérez, solo un entrenador del Real Madrid ha continuado en el cargo sin haberse llevado a la boca el mordisco de la Champions o de la Liga. Ni siquiera conquistar la Copa del Rey suele ser argumento suficiente para no poner el pulgar hacia abajo, aunque Jose Mourinho se libró de la guillotina en 2011 gracias a ella. Las circunstancias de entonces, sin embargo, nada tienen que ver con las actuales. Desde aquel año, ningún otro técnico ha continuado en el banco sin asegurar uno de los dos trofeos de caza mayor y no tiene pinta de que el máximo dirigente del club esté dispuesto a cambiar esta regla no escrita. Bien lo sabe Carlo Ancelotti.

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En 2014, el gol de Sergio Ramos en Lisboa, en el minuto 93 de la final de la Champions ante el Atlético, dio inicio a la mejor era de la historia moderna del Real Madrid, y también fue decisivo para que Ancelotti permaneciera al mando del vestuario. Esa temporada, el equipo ganó la Copa del Rey al Barcelona con una memorable cabalgada de Gareth Bale ante Bartra, pero no consiguió entrar de lleno en la pelea de una Liga que acabó celebrando la tropa de Simeone. Caer en la final de la máxima competición europea ante el eterno rival en el último partido del curso hubiera supuesto un billete seguro de despedida para el técnico, que acabó salvando la cabeza impulsado por el testarazo de Ramos. Con ciertos matices, el guion se repite esta temporada.

Marcador difícil de digerir
De ahí la reacción de Ancelotti a la conclusión del clásico. A sus ojos, el equipo salió reforzado del Camp Nou, pese a decir adiós al título a falta aún de doce jornadas. «No podemos tener dudas tras un partido así, en un campo complicado y rival complicado. A veces con un partido así el resultado vale, hoy creo que no merecimos la derrota, honestamente», afirmó tras el clásico. El técnico también puso en solfa el fuera de juego en la acción del gol anulado a Asensio. «Fue un partido completo del primer al último minuto, no lo ganamos por un fuera de juego del que todavía tenemos dudas», añadió. Dos valoraciones que sorprendieron a algunos jugadores y miembros de peso del club.

Caballero en la victoria y en la derrota, a Carletto le costó digerir el resultado en el Camp Nou. También le hizo un flaco favor asegurar que el equipo mereció ganar el clásico y justificar sus cambios tardíos. Sustituciones que, por cierto, le dieron al Madrid sus mejores minutos en el partido. Este es, precisamente, uno de los puntos que esta campaña está generando más controversia en la cúpula blanca sobre la labor del entrenador.

El inmovilismo de Ancelotti genera dudas. Ha perdido tres clásicos en dos meses y en ellos el equipo solo ha logrado un gol, en el minuto 90 de una final (Supercopa de España) que ya estaba de sobra sentenciada. El otro, en el duelo del domingo en el Camp Nou, se lo ha marcaba el Barça en propia puerta en una acción desgraciada de Araujo. En todas estas derrotas, el técnico no encontraba soluciones al duelo de Vinicius con el defensa uruguayo, insistía en mantener la dupla Modric-Kroos y hacía desenvolverse a Camavinga en tres posiciones distintas, una de ellas de lateral izquierdo, uno de los movimientos tácticos que menos ha gustado en el club.

Sin opciones en marzo
En el Madrid también se mira con recelo que un Barcelona sin nada de especial, y que salió derrotado con claridad del Santiago Bernabéu en la primera vuelta, no sólo tenga la Liga ya ganada, sino que además lo pueda hacer con tanta distancia y superioridad. Con mejor plantilla y con el poso de la inolvidable temporada 2021-22, el club no entiende cómo el equipo ni siquiera ha sido capaz de llegar a abril y mayo con opciones de pelear el título. Mancha que deja cerco.

Nada va a suceder de aquí al final de temporada. Ancelotti va a ser el entrenador del Real Madrid hasta el último partido del curso, pero el año de contrato que le resta no será un grillete para el club. Cuando en junio se sienten José Ángel Sánchez y Florentino Pérez, la cuenta de resultados será la posición dominante. La Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes engordan el palmarés del club, pero son títulos que no sustentan entrenadores. La Decimoquinta sería el billete automático para que Ancelotti cumpliera los tres años que firmó en su día, pero el camino hacia Estambul está lleno de trampas. Toca remangarse la camisa, pedir un esfuerzo extra al vestuario, rezar para Benzema se ponga por fin a tono en estas dos semanas de parón de selecciones, y que los internacionales vuelvan sanos. A la vuelta, Ancelotti pondrá en juego si la próxima temporada entrena al Real Madrid o a la selección de Brasil.