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Lun, Abr
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BAJO FUEGO / La fractura / José Antonio Rivera Rosales

Opinión
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Los resultados de las encuestadoras más serias coinciden en que, si en este momento se
llevaran a cabo elecciones, Morena obtendría un triunfo indiscutible por encima de los
demás partidos de la oposición.

Sin embargo, lo que las encuestadoras no pueden predecir son las fisuras internas que
se están produciendo al interior del partido guinda. Y esto es lo que debería preocupar a
los dirigentes de ese partido.
La preferencia por los aspirantes a ocupar la silla presidencial ha causado no una fisura
sino un cisma en Guerrero entre las militancias de ese partido mayoritario en el estado.
Esa ruptura -porque eso es, una ruptura- se generó principalmente entre quienes
prefieren a Claudia Sheinbaum Pardo y Marcelo Ebrard Casaubón.
Aunque hay otros aspirantes a la candidatura presidencial, la verdad es que difícilmente
podrían remontar las prererencias alcanzadas por Sheinbaum y Ebrard, que se mantienen
como punteros en la puja por la presidencia de la república.
Ricardo Monreal, que se avizoraba como uno de los fuertes en esa pugna, finalmente
retrocedió -en una decisión táctica que le permita reorganizar sus fuerzas- para evitar
chocar de frente con el autócrata habitante del Palacio Nacional. El secretario de
Gobernación, Adán Augusto López, muy difícilmente podría alcanzar a los dos punteros.
Su gestión al frente de la Segob lo delata más como un papanatas que, muy en el estilo de
su jefe en el gobierno, le gusta generar conflictos en lugar de resolverlos.
Si las cosas siguen así, sin duda el próximo presidente estará entre Claudia y Marcelo. Es
muy difícil predecir a estas alturas un eventual resultado, pero si la instrucción
presidencial se carga en favor de Claudia -como todo parece indicar-, Marcelo quedará
dentro de un cerco de inmovilidad que sólo podría romper si juega por la libre, como
parece que hará también Monreal.
Esas decisiones, que con seguridad la tomarán ambos aspirantes en los primeros meses
de 2024, complicará las cosas para Andrés Manuel López Obrador, a quien no le van a
servir de nada los manotazos sobre la mesa. Y eso es lo que parece que va a ocurrir.
Por lo pronto, en Guerrero las fuerzas morenistas están divididas entre quienes se
pronuncian por Ebrard y Sheinbaum. Augusto López y Monreal nada tienen que hacer
aquí.
Es claro que la preferencia mayoritaria entre las militancias guindas está a favor de
Sheinbaum, la candidata de la gobernadora Evelyn Salgado y del senador Toro, el líder
nato de ese sector de las izquierdas en el estado de Guerrero.

En menor grado existe una inocultable preferencia por Marcelo Ebrard entre otros
sectores de Morena, que encabezan Luis Walton Aburto y Abelina López Rodríguez,
ambos personajes non gratos para diferentes sectores de la comunidad guerrerense.
A Walton lo caracteriza su prepotencia y menosprecio por los sectores populares -es
decir, por los pobres-, mientras que a Abelina la ha distinguido su carácter volcánico -que
se ha manifestado con frecuencia a partir de su arribo al poder-, lo cual los convierte a
ambos en factores negativos para el canciller.
Lo peor del caso es que ambos se aliaron con personajes impresentables, como la frívola
alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández, y el impresentable Alfredo Sánchez
Esquivel, quien de entrada usurpó una curul que correspondía a los pueblos indígenas
(para lo cual se hizo pasar como indio sin serlo).
Ya integrados como bloque, comenzaron a cuestionar las decisiones de la gobernadora
Evelyn Salgado, lo que les valió el repudio de diferentes sectores de población. Por fortuna
la conspiración no llegó más allá de los gritos y sombrerazos y todos ellos quedaron
reducidos a su mínima expresión.
El problema de Marcelo Ebrard es con quiénes estableció una alianza que no lo va a
llevar a ningún lado. Su única posibilidad se cimenta en lo que podría hacer en su favor
Angel Avila, uno de sus verdaderos operadores de confianza en Guerrero.
Aunque lo nieguen, esa fractura existe y sin duda alguna va a incidir en el futuro de esa
candidatura en Guerrero. Un atisbo del estado de fuerza de Ebrard fue el mitin que se
llevó a cabo el domingo pasado en el zócalo de Acapulco y que, además de exibir el
acarreo patrocinado por el municipio, dejó mucho que desear si es que de verdad trataron
de mostrar músculo frente a los partidarios de Sheinbaum.
Por lo que se ve, Claudia Sheinbaum se perfila como la anadofra indiscutible de la
encuesta cuyos resultados decidirán quién compite por Morena…aunque también habrá
que tomar en cuenta a la alianza de partidos opositores que ya están perfilando un
eventual candidato.
Pero, como decía el extinto gobernador Rubén Figueroa, la caballada está flaca.
No existe hasta el momento una figura en la oposición partidista que pueda competir
con Morena…a menos que se postule Angel Aguirre Rivero.
Aún así, la preferencia ciudadana se inclina mayoritariamente por Morena, con todo y
los errores cometidos por el inquilino de Palacio Nacional que, si bien lo ha negado, todo
parece indicar que estará tras bambalinas para conducir las principales políticas públicas
del poder.
Es decir, un maximato disfrazado.
Claro que estaremos ante decisiones cruciales para el futuro del país, que vcristalizarán
tanto dentro como por fuera de Morena. Y será una decepción mayúscula que afectará al
mesías tropical.
Ya lo veremos.