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Jue, May

El enorme precio de jugarse la vida

Deportes
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TRAGEDIA EN JEREZ... Padres de pilotos como el fallecido Marcos Garrido narran el sacrificio que supone intentar llegar a la élite

(ABC) La muerte de Marcos Garrido, un golpe durísimo para el motociclismo español, heló la sangre de manera especial a cientos de familias que, al igual que en el caso del joven piloto gaditano, invierten tiempo, dinero y mucho sacrificio para subir a sus hijos a una moto los fines de semana. Hay pocas pasiones deportivas que enganchen tanto como la velocidad. Pero también cuesta encontrar alguna tan peligrosa. Cada vez que ocurre una desgracia son muchos los que se cuestionan si merece la pena. Javi Luna, empresario afincado en Barcelona, inoculó el virus de las motos a su hijo Marc cuando no tenía ni tres años. «A mí me encantaban, y lo vi una forma de pasar tiempo juntos. Lo de competir fue casi una consecuencia de que el niño iba rápido». Marc Luna, el niño, fue quemando etapas, ganando carreras y campeonatos y tratando de tú a tú a pilotos hoy mundialistas como Fabio Quartararo, Arón Canet o Joan Mir. Pero el dinero se acabó. «Según van pasando categorías es más y más caro. Son licencias, seguros, desplazamientos, hoteles, inscripciones... Y si quieres estar con los mejores, necesitas pagar también a los mejores técnicos y mecánicos. Todo, para que al final tu hijo se esté jugando la vida en cada curva». Hoy, Javi Luna tiene claro que no recomendaría a nadie seguir su camino. «Me cuesta, porque me gustan las motos y las carreras como a nadie. Pero si un amigo viene a pedirme consejo, le diría que mejor le compre una pelota a su hijo».

Marc Luna, 19 años en la actualidad, compite ahora en Italia con una Supersport 300, la misma moto con la que encontró la muerte Marcos Garrido. De momento, le quedan lejos los campeonatos más populares y prestigiosos, pero se muestra feliz de poder seguir corriendo sin necesidad de arruinar a la familia. «Antes era otra cosa, pero el mundo de las motos ahora se ha profesionalizado muchísimo y ya no vale ir de cualquier manera».

Mundo de locos

Con Marcos Garrido coincidió el año pasado Bea Neila, joven piloto madrileña de 16 años que la semana próxima inicia el Mundial de Supersport, el mismo que ganó en 2018 Ana Carrasco. «Al enterarnos de la muerte empezamos a repasar las fotos de la pasada temporada», cuenta a ABC Carlos Neila, el padre de Bea. «Este mundo es de locos. Yo hace dos años vi a mi hija estrellarse a 180 kilómetros por hora contra un muro en Alcañiz. Se rompió dos costillas, el fémur, la muñeca y hasta la nariz. Estuvo dos meses en silla de ruedas. Después de eso, claro que le dije que se había terminado».

Neila, al igual que tuvieron que hacer los padres de Marcos Garrido, tiene que firmar cada año la autorización para que su hija menor de edad corra en moto. Su simple lectura es una invitación a la huída: «El padre/madre/tutor... autoriza al menor de edad... responsabilizándose de todos y cada uno de los daños y perjuicios que el autorizado pueda causar a terceras personas y a sí mismo, aceptando, por tanto, todas las responsabilidades que pudieran derivarse de esta participación, y renunciando a toda reclamación por los daños y perjuicios que por esta causa pudiera sufrir». Aun así, firman. «Creo que no me perdonaría arrebatarle el sueño de su vida a mi hija. Ella se esfuerza más que nadie, levantándose a las seis de la mañana solo para entrenar y estudiar. Ha renunciado a su vida de niña, a las amigas, a las salidas... Por eso digo que es de locos. Yo soy peluquero y todo lo que gano va para la moto. No tengo vacaciones desde hace nueve años. Ni siquiera un domingo libre en el que tirarme en el sofá para ver una película o ir a un restaurante. Todo es llegar el fin de semana, cargar la furgoneta e ir a entrenar».

Un pozo sin fondo

Las motos, cualquiera de sus campeonatos, son una fuente inagotable de gastos, con cifras difícilmente digeribles para el común de los mortales. «Empezando por lo más básico, en campeonatos de mini motos o copas de promoción, no hay fin de semana en el que poner la moto en marcha cueste menos de mil euros», explica Javi Luna. «Por eso hay tantos pilotos que acuden solo a citas escogidas y no hacen temporadas completas». Ese era el caso de Garrido.

Pero a partir de ahí, según se van quemando etapas, las cantidades aumentan de forma exponencial. Una temporada en la European Talent Cup, copa de promoción auspiciada por la Federación Internacional para chavales a partir de 12 años, cuesta por encima de 70 mil euros. El Mundial júnior, el siguiente escalón, se puede ir hasta los 230.000 euros. Es un trayecto casi obligatorio para quienes quieren alcanzar el Campeonato del Mundo. Una vez allí, los números se disparan. Unos 400.000 euros para una temporada de Moto3 y por encima del millón de euros para quien quiere hacerse con un asiento en MotoGP, que también los hay de pago. Fuera de ese circuito está el mundo de las Super bikes, más barato al tratarse de motos de serie, pero aún así al alcance de muy pocos bolsillos. «Una temporada en Super sport puede salir hasta por 90 mil euros», explica Carlos Neila, quien tiembla al pensar todo el dinero invertido en las motos: «Y con mi hija jugándose la vida... Lo que te digo, de locos».