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Mié, Jun

Guatemala se ve succionada por México para el cultivo de droga

Mundo
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Consolidación de la producción de amapolas para heroína y primer hallazgo de plantación de coca

Es habitual relacionar a México y a Colombia con el narcotráfico, y destacar que este último país, Perú y Bolivia son los tres mayores productores de coca del mundo (como México se destaca por el cultivo de amapolas para la producción de heroína, por más que Afganistán sigue siendo líder). Pero pocos incluirían a Guatemala en esa misma lista. Sin embargo desde hace unos años el nombre de este país aparece junto a esos otros en la tabla de productores de droga del Informe sobre Estrategia Internacional para el Control de Narcóticos, publicado anualmente por el Departamento de Estado de EE.UU.

Es bien conocido que Centroamérica es lugar de paso de la droga que de Sudamérica va a Estados Unidos, pero Guatemala es más que un eslabón en la cadena de transmisión: el cultivo de amapola en México ha traspasado la frontera con Guatemala, derramándose en la región guatemalteca limítrofe de San Marcos; además, en Guatemala, hay intentos de establecer el cultivo de coca, también por presión de los carteles mexicanos. Aunque Guatemala ha desarrollado carteles propios, estos operan en coordinación con las grandes organizaciones criminales mexicanas.

Derrames transfronterizos

Así, las «potencias» del narcotráfico en Latinoamérica –Colombia y México– han ido succionando a sus países vecinos en el negocio. Después de años de utilizar Venezuela como vía de salida de la cocaína de Colombia, el año pasado fue la eclosión del derrame del conflicto del narco colombiano al otro lado de la línea fronteriza con Ecuador, dada la concentración de la producción de coca de los disidentes de las FARC en el suroeste de colombiano (en 2018 hubo atentados y secuestros de elementos exFARC en el norte ecuatoriano).

Pero ni Venezuela ni Ecuador, países de tránsito (si bien en la zona fronteriza venezolana, santuario guerrillero permitido por el chavismo, se han detectado laboratorios de elaboración de cocaína), figuran en la tabla de cultivadores de droga elaborada por el Departamento de Estado norteamericano (que no tiene en cuenta la producción de marihuana, común a muchos otros países), y sí Guatemala.

Amapolas, opio, heroína

En el informe de este año, publicado a finales de marzo, se indica que en 2016 Guatemala cultivó 310 hectáreas de amapolas que podrían haber supuesto la producción de 7 toneladas de opio y la generación de 1 tonelada de heroína pura, cifras que supusieron un incremento respecto al año anterior, aunque por debajo del pico de 2014, cuando cultivo y producción fueron el doble (acercándose a la producción opiácea de Colombia). Datos más recientes aún no se han procesado.

Este volumen, aunque muy por detrás del de México, hace merecedora a Guatemala de estar en esa lista. En 2017 México presentó un récord de 44.100 hectáreas de cultivo de amapolas, 944 toneladas de opio y 111 toneladas de heroína pura, montos que explican la epidemia de opiáceos sufrida por EE.UU., que en 2017 registró un récord de muertes por sobredosis de opiáceos (incluidos los sintéticos, como el fentanilo, que México también elabora).

El informe también señala que, por primera vez, en 2018 fue detectada en Guatemala la producción de hoja de coca. Aunque solo fue una hectárea, donde crecían unas 75.000 plantas (también muy por detrás de los niveles de Colombia o Perú, donde en 2018 se cultivaron 209.000 y 49.800 hectáreas de coca, respectivamente), es indicio de que hay intentos de introducir ese cultivo ilícito. Esto fue localizado en el municipio de Cobán, en Alta Verapaz, en el interior del país, en una de tantas zonas de difícil acceso del Estado, por lo que puede estar ocurriendo también en otros lugares.

Daño en el sistema institucional

Justamente la dificultad de inspección por falta de medios es uno de los problemas de Guatemala en este campo. El Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), un think-tank guatemalteco, destacó en febrero que «la ausencia de datos no permite una comprensión cuantitativa y cualitativa» de la implantación del narcotráfico en el país. En su informe, CIEN subrayó además cómo desde 2013 los volúmenes de cocaína de paso incautados por las autoridades de Guatemala no ha dejado de crecer, llegando a un récord de 16,8 toneladas en 2018.

Si en cualquier país el mero tránsito de droga genera violencia y corrupción, tanto política como judicial (es ilusorio pensar que el simple paso de la droga por el territorio nacional está libre de peaje), ¿qué no habrá de esperarse de la producción misma de la droga? Por eso, es creciente la amenaza que existe sobre el sistema político e institucional de Guatemala, cuyos últimos episodios de corrupción –asunto central de la vida pública del Estado– posiblemente no sean ajenos a las redes del narcotráfico.