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Vie, Jul

Trump 2020: regresa a la campaña de la que nunca se fue

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Después de un triunfo electoral histórico, contra pronóstico, y de dos años y medio de presidencia volcánica, el multimillonario neoyorquino presenta su campaña de reelección este martes en Orlando (Florida)

(ABC) Se acaban de cumplir cuatro años desde que Donald Trump bajó por las escaleras mecánicas de la Torre Trump de Nueva York, entre adornos dorados y en compañía de su mujer, Melania, para anunciar su candidatura a presidente en las elecciones de 2016. Entonces se le tomaba por una más de las excentricidades de las campañas electorales, un buscador de fortuna que aprovecharía un par de discursos polémicos y, con suerte, ser incluido en los debates electorales para llamar la atención, mejorar su marca y emprender un nuevo proyecto televisivo. Entonces el gran favorito de los republicanos era Jeb Bush -hijo y hermano de presidentes-, el representante del ‘establishment’ conservador. Entonces se equivocaron todos.

Cuatro años después, Trump va a por más. Después de un triunfo electoral histórico, contra pronóstico, y de dos años y medio de presidencia volcánica, el multimillonario neoyorquino presenta su campaña de reelección este martes en Orlando (Florida).

Trump no se tendrá que volver a poner el traje electoral porque nunca se lo ha quitado. Durante este tiempo en la Casa Blanca, siempre se ha encontrado mucho más a gusto en los mitines entre seguidores, improvisando, a tumba abierta, que en las farragosas políticas públicas, la compleja relación con sus aliados republicanos en el Congreso o el tacto de las visitas de estado.

Nada más llegar a la presidencia, se fue de gira de celebración, con mítines en algunos de los estados clave que le habían brindado la victoria, en el llamado «Thank You Tour». Pero el fin de la gira no fue el fin de los mítines, que han continuado con el nombre de su lema electoral, «Make America Great Again Rally» (Mitin «Hacer a EE.UU. grande otra vez»). Sus apariciones habituales con la gorra roja de «Make America Great Again» son una evidencia literal de que ha seguido en la caravana electoral.

Es una muestra más de la forma en la que Trump ha sacudido las normas del juego político. Durante la campaña, escandalizó -y, sobre todo, se comió la atención de los medios- con declaraciones exageradas, falsedades, motes ofensivos a sus contrincantes políticos, insultos a periodistas y vetos a algunos medios de comunicación. Al mismo tiempo, creó un mensaje innovador y atractivo para buena parte del electorado, saltándose las normas establecidas de comunicación política, sin mirar al guión, apelando a su descontento y con el trampolín de su cuenta en Twitter y el altavoz de los medios convencionales.

Ahora ha vuelto a trastocar esas normas con la forma de encarar la campaña de reelección. Los presidentes en sus cargos no suelen tener dificultades para obtener la nominación de sus partidos y ese es el caso de Trump, que no tendrá que hacer campaña de primarias. Sus antecesores optaron por dejarla de lado la reelección y centrarse en su Administración hasta bien entrado su primer mandato. Barack Obama no anunció que iría a por la reelección hasta abril de 2011 y no apareció en un mitin hasta mayo del año siguiente, seis meses antes de las elecciones. El caso de George W. Bush fue similar: anunció que se presentaría a las elecciones de 2004 en 2003, pero no hizo campaña hasta el año electoral.

Trump es diferente: más que un candidato, se considera el líder de un movimiento. Se esfuerza en conservar la energía -esa palabra que adora, sobre todo para acusar a sus enemigos de no tenerla- que despertó en 2016 y que debe prolongar hasta noviembre del año que viene.

El mitin de este martes en Florida -un estado clave, de esos que dan y quitan elecciones- es además una forma de quitarles la iniciativa a los candidatos demócratas y sentar las bases de la campaña desde el primer minuto. Él se dará un baño de multitudes, en un estadio para 20.000 personas (había gente haciendo cola desde 40 horas antes del inicio), rodeado de su familia y con un discurso todavía más agresivo que en 2016, mientras que, la semana que viene, una veintena de candidatos demócratas de todo pelaje repartirán cuchilladas y mostrarán sus diferencias en los primeros debates televisados.

Hace cuatro años, en su rascacielos neoyorquino, Trump iniciaba la campaña calificando a los inmigrantes mexicanos de «criminales» y «violadores», llamaba a la guerra comercial contra China y prometía acabar con Obamacare, la reforma sanitaria de su antecesor. Serán temas a los que regresará en su elección, pero con la agresividad renovada y con el espaldarazo de una economía, al menos de momento, que va viento en popa. Entonces, las encuestas no le daban posibilidades. Ahora, no demasiadas (la más reciente, de Fox News, la cadena más amable con el presidente, da a Joe Biden, favorito demócrata, una distancia de diez puntos). Habrá que ver si la historia se repite.