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Mar, Nov

Zverev prolonga la maldición de Nadal en París-Bercy

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El alemán fue muy superior y brilló en las semifinales de un torneo que se le sigue resistiendo al español

(ABC).- El otro París, el que se juega en pista rápida y bajo techo, sigue siendo maldito para Rafael Nadal, reducido esta vez por Alexander Zverev en semifinales (6-4 y 7-5) para alimentar la leyenda negra. Por lo que sea, París-Bercy no se le da nada bien al español y seguirá siendo uno de los cuatro grandes torneos que se le resiste, completa la colección con los Masters 1.000 de Miami y de Shanghái y la Copa de Maestros. A estas alturas, no mancha una carrera esplendorosa, pero sí es curioso ver cómo siempre falla en el intento.

Es, en cualquier caso, el peor de los escenarios para el campeón de 20 grandes, que al menos cierra la semana con el orgullo de haber alcanzado las mil victorias en la ATP.  Sin embargo, ha jugado a trompicones desde su estreno y ya tuvo que remontar ante Feliciano López y Pablo Carreño, algo más cómodo fue el triunfo sobre Jordan Thompson. En este tenis vertiginoso, con la pista rapidísima, un error es una condena y Nadal nunca fue capaz de pelear en igualdad ante Zverev, cuyo tenis funciona mucho mejor en este tipo de canchas.

El alemán, díscolo de 23 años, jugadorazo con todas las virtudes que puede tener un grande, va y viene, aunque cuando está bien es un peligro de los serios. Hizo final en el US Open y llegó a tener dos sets de ventaja sobre Dominic Thiem, pero se le apagaron los focos, todavía por hacer esa cabecita. En los últimos tiempos, ha sido noticia de prensa rosa porque va a ser papá al quedarse su exnovia embarazada y porque otra ex ha denunciado un supuesto maltrato, pero por fin se gana su espacio en los diarios por lo buen tenista que es. No en vano, es maestro de maestros.

Zverev, a quien ahora dirige David Ferrer, rompió en blanco el saque de Nadal en el tercer juego de la primer manga y ya no titubeó, contundente con su servicio y muy certero desde el fondo de la pista. Ciertamente, tiene un repertorio de golpes estupendo y unas condiciones físicas envidiosas, expuestas en toda su plenitud en el Palais Omnisports de París-Bercy. Demasiado para este Nadal intermitente.

Por momentos, llamó la atención la falta de energía del español, siempre a remolque, pero jamás, jamás de los jamases, se le puede dar por muerto, ya se sabe qué pasa entonces. Cuando ya había perdido su saque en el segundo set, tuvo sus primeras opciones de rotura, pero no fue hasta el octavo juego cuando hizo break y prolongó como pudo la pelea, aunque se enredó poco después y volvió a perder su servicio. Esta vez, la concesión fue definitiva.

En una hora y 39 minutos, el germano, séptimo del mundo y que precisamente había derrotado a Nadal en el último enfrentamiento (en la Copa de Maestros de 2019), alzó los brazos y dio el salto a la gran final, en donde le espera Daniil Medvedev, quien antes se deshizo de Milos Raonic por 6-4 y 7-6 (4).