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Más allá de los problemas que pueda ocasionar la lluvia ( hay previsión altísima de agua durante buena parte de la jornada de hoy), la gente de Roland Garros estaba ayer como unas castañuelas. Mientras se afanaban en preparar el renacer del gran clásico del tenis, que será la portada de «Le Quotidien» (la revista que se entrega aquí a los espectadores), Novak Djokovic y Dominic Thiem cerraban por la vía rápida sus compromisos ante Alexander Zverev (7-5, 6-2 y 6-2) y Karen Khachanov (6-2, 6-4 y 6-2) y completaban unas semifinales históricas, pues no estaban los cuatro favoritos en la penúltima ronda de un torneo desde Australia 2012. 488 eventos después, la criba ha respetado la lógica y se presenta un viernes fantástico en París, mejor imposible.

(ABC) El Djokovic-Thiem tiene su miga, claro, pero aquí todo el mundo habla del Federer-Nadal, que abrirá la sesión en la Chatrier (12.50 horas, Eurosport, DMAX y ABC.es) y tiene a la gente revolucionada. Quién sabe si será la última vez, así que solo queda disfrutar de este regalo.

Se juntan en la central francesa 37 Grand Slams, dos tenistas antagónicos que se han retroalimentado en estos 15 años de alegría y batallas para siempre. En 2004 se enfrentaron por primera vez y en 2005 se cruzaron en las semifinales de Roland Garros, prólogo de una rivalidad que ya ha completado 38 capítulos, cinco de ellos en este mismo escenario.

Sobra decir que en la tierra de París siempre ha ganado el mismo, Nadal, pero lo de las rachas se consume al gusto del consumidor y Federer prefiere aferrarse a la estadística más reciente, que le dice que se ha impuesto en los últimos cinco duelos y que no pierde ante el mallorquín desde 2014. Mientras el suizo se alejaba del gentío y se entrenaba en las instalaciones del Jean Bouin (utilizó a un zurdo, Corentin Moutet, como sparring), el español cumplía con sus manías y se esmeró durante una hora y media con Carlos Moyá y Elie Rousset al otro lado de la red.

Dos estilos muy distintos

Nadal y Federer, Federer y Nadal, no se citan desde Shanghái 2017, demasiado tiempo sin esta joya del deporte. Van haciéndose mayores (37 años contra 33) y van reinventándose para estirar sus carreras, y nada tiene que ver un partido como el de hoy si se compara con uno de hace diez años. «El que quiera acortar el punto tiene la manija de cómo se quiere jugar», apuntaba Moyá ayer ante una nube de periodistas españoles que le reclamaban un análisis. «Si Federer quiere jugar a un tiro, nada puede hacer el rival. Si juega a tres o cinco tiros, tiene que arriesgar un poco menos. Con Rafa, sabiendo eso, hemos intentado que tenga la mayor comodidad posible en los puntos cortos de dos, tres, cuatro o cinco bolas. En eso ha mejorado mucho, tenemos estadísticas que nos enseñan que Rafa no es de puntos tan largos. Pero con un rival así, un punto intermedio es lo que nos beneficiaría, y, para ello, los primeros golpes han de tener mucha calidad».

Federer, ausente en Roland Garros desde 2015, ha sorprendido a la mayoría al llegar hasta aquí, convincente además en sus formas y genial para adaptar el juego de saque-red a la tierra. «Tengo que subir a volear como una pantera», explica el helvético (175 subidas a la red), al que hoy le espera uno de los mejores pasadores que ha existido jamás. «Roger hace daño a todos –resuelve Sergi Bruguera–. Es uno de los mejores sacadores del mundo, tiene una de las mejores derechas, es muy agresivo y puede hacer daño a cualquiera, también a Nadal. Pero Rafa tiene más armas con las que defenderse y está en una forma espectacular», completa el capitán de la Copa Davis.

Álex Corretja, ya comentarista de altura y respetadísimo por sus opiniones, añade un elemento a considerar para este duelo. «Tiene la experiencia y ha llegado con muy buen ritmo. Le pondría como el candidato número uno». Y también Toni Nadal, que estuvo unos días en París, apuesta por su sobrino. «En tierra es superior. Sabemos que Federer es probablemente el mejor de la historia, un gran jugador, pero en tierra Rafael ha sido casi siempre superior a Federer. Confío en la victoria de Rafael, pero también confiaba en la victoria del Barcelona y perdió», bromea.

Hay que sumar también la voz de Juan Carlos Ferrero, el más optimista de todos. «A tres sets es más vulnerable, pero a cinco es un jugador muy roca, la gente lo sabe. Normalmente cuando se pone set y ventaja en el segundo, la gente se deja llevar un poco... No creo que vaya a pasar con Roger, pero diría que ganará Rafa en tres sets».

«¿Quién lo dice?», pregunta Moyá. «Entiendo que pueda dar esa impresión, pero Rafa siempre ha respetado a los rivales, cómo no hacerlo con Federer». La veneración es mutua antes del gran clásico, quién sabe si quizá el último.