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Jue, Sep

En la EUROCOPA... España, adiós con la cabeza bien alta

Deportes
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Muy superior a Italia en todo el partido, perdió en la tanda de penaltis y se queda sin final de Eurocopa

Olmo y Morata, que se inventaron de forma brillante el gol que llevaba a la prórroga, fallaron sus tiros en la tanda

 

(ABC).- En el fondo Italia, por mucho que nos empeñemos en mirarle con otra cara, siempre será Italia, el equipo con mayor capacidad para desesperar a cualquiera, tan competitivos sus soldados que no necesitan casi nada para ganar. No lo merecieron en Wembley, qué maravilla tanta gente en un campo tan imponente como este, pero acabaron abrazados mientras España maldecía su suerte, condenada esta vez por su mala puntería en los penaltis y por no poner nombre antes a su enorme dominio. En una semifinal muy bien jugada por la selección, llegó el adiós de esta Eurocopa tan extraña, pero hay motivos de sobra como para creer que habrá más alegrías, debe quedar esto como un punto de partida para el mañana. No estará en la final por los fallos de Olmo y Morata, es verdad, pero ha conseguido despertar de nuevo el interés del pueblo, y puede que esa victoria sea casi más importante.

Fue un partido puro de Eurocopa, tensión hasta el lanzamiento final de Jorginho para castigar a un equipo que crece y que tiene múltiples posibilidades. No se le podrá negar a Luis Enrique su capacidad para sorprender, muy llamativo su once porque se cargó a Álvaro Morata y rescató la figura del falso nueve, tan rentable en otros tiempos. Se quedaron pasmados y sin saber muy bien qué hacer Bonucci y Chiellini, dos caimanes que esperaban batallar con Morata y que bailaron, de golpe y porrazo, con un incordio como Dani Olmo, titular como lo fue Oyarzabal en lugar de Sarabia. En la defensa, con vistas a sacar la pelota con más nitidez, regresó Eric García por Pau Torres, no hay pareja fija para Laporte. Y así, con tres cambios de entrada, España se presentó en Wembley con un traje nuevo y el prescindir de un delantero puro le concedía una presumible superioridad en el centro del campo, fundamental imponerse en la pelea por la posesión que tanto preocupaba en la víspera.

Le salió a España un muy buen inicio de partido, vertiginosa la velocidad a la que se movía el balón porque el césped de Londres, bien regado, convirtió el suelo en una pista de patinaje. Con la movilidad previsible de los tres muchachos de arriba, la selección hizo que Italia volviese a ser Italia en su máxima expresión, replegada en su propio campo y esperando cazar alguna para salir a caballo. Después del desmelene de esta Eurocopa, la 'Azurra' regresó al pasado, que tampoco le fue tan mal, pero se sintió bastante incómoda y encorsetada en ese retroceso. La batalla ideológica, que realmente no sirve para nada, la ganó España, eso es innegable, pero pisó menos de lo deseado el área enemiga.

 

A lomos de un Pedri ya consagrado, la selección se gustó y le dio un repaso descomunal a Italia en ese primer tiempo, con el gol, o con la falta de mismo, como única pega. De hecho, España no dispuso de muchas ocasiones, si acaso algún amago sin precisar por algún mal control de Oyarzabal o por algún pase de más. La mejor oportunidad la tuvo Dani Olmo a los 25 minutos, listo el delantero para cazar la pelota y estrenar los guantes de Donnarumma, quien se corrigió con un paradón porque fue él el que inició mal desde atrás.

Un partido esperanzador

Italia, para mal, fue una sorpresa, pero sin embargo transmitió cierto peligro en sus pocos aullidos. Con una receta tan primitiva como la buscar continuamente la espalda de los centrales españoles con pelotazos en vertical, los azules engancharon en una fallida salida a Unai Simón (peor fue la no finalización de los delanteros de Mancini) y Emerson, justo antes del descanso y asistido por Insigne, lanzó un balón que golpeó en el palo. No fue un palo clarísimo ni un mano a mano, fue un tiro desde el costado que puso en alerta a España. Por cierto, que al intermedio se llegó en plena contra de la selección, con Olmo a la carrera y frenado porque a Felix Brych se le antojó dar por terminado el primer acto.

Fue algo más accidentado el juego en la reanudación, aunque el guion se mantuvo, agitada España con el despertar de un Oyarzabal mucho más activo y directo. El realista, impulsado por su acierto en la tanda contra Suiza, un jugador que encanta al cuerpo técnico, lideró desde la derecha y una de sus internadas acabó con un pase a Busquets, cuyo remate desde la frontal, franco, se fue arriba por un palmo. Volvió a intentarlo Oyarzabal desde la lejanía y España seguía tranquila hasta que, de la nada, un zarpazo le envió a la lona.

Fue una acción vertiginosa de Italia, con Donnarumma iniciando rapidísimo al hacerse con un centro blando de Alba. En un visto y no visto, el equipo de Mancini se plantó en área contraria y Laporte, en otro ejercicio de tibieza por parte de la zaga española, no frenó como tocaba el avance de Immobile y dejó la pelota muerta para que Chiesa, apellido siempre vinculado al gol, superara a Unai con una ejecución fantástica. Tortazo en toda regla.

Porque nada es más duro en esta vida que jugar en desventaja contra Italia, así que España se armó de valor pues disponía de media hora de tortura, erre que erre buscando un espacio entre un muro infranqueable. Entraron Morata y Gerard Moreno y Luis Enrique se reforzó con Rodri en el centro del campo para evitar las contras, que resultarían inevitables por la propia evolución de la velada.

Tenía mala pinta el epílogo y se escribía del infortunio, de la vieja Italia de siempre, de la notable Eurocopa de España que invita a creer... Se escribía de eso y más hasta que Morata, cuya aparición sembró el pánico entre los viejos centrales italianos, tuvo una revelación. Cogió el balón, entró por el centro como un búfalo, se apoyó en Olmo y el delantero de la Juventus, con el oficio que no exhibió otras noches, resolvió plácidamente con la izquierda, ese acierto lo compensa todo. Su celebración escondía todo el mal rato que ha pasado, un tanto que llevaba a la tercera prórroga seguida de esta Euro. Qué agonía, qué paliza.

A Italia le valía con agonizar hasta los penaltis y España, desinflada por pura lógica, se desgañitaba porque no había manera y quería ahorrarse la histeria que suponía otra tanda. Contrariamente a la tarde de Suiza, ayer salió cruz y Olmo y Morata, que fueron los mejores antes, fallaron sus disparos y no valió la intervención inicial de Simón. Pero sí, hay equipo, España ha vuelto y hasta hay honor en su despedida. Y tal y como estaba el patio, no parece que eso sea poca cosa.