07
Mar, Dic

REAL MADRID 1 - SHERIFF 2 .. El Sheriff detiene al Real Madrid

Deportes
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Con dos golazos y una gran actuación del portero, los debutantes evidenciaron las debilidades del Madrid

 

(ABC).- El Madrid será muy divertido de ver, pero tiene un problema de debilidad defensiva. Ancelotti está siendo muy audaz con los cambios y con los jóvenes y hay un clima favorable a contentarse con eso, pero ya no se puede negar: el Madrid no controla contra el Villarreal y cuando controla, como contra el Sheriff, no sujeta las áreas. Tuvo mucha suerte el equipo visitante, con dos golazos de antología y un festival de paradas del portero y hubo treinta tiros del Madrid, pero quedarse en eso sería olvidar los temblorcillos y grietecillas que se le adivinan al Madrid en su estructura. La derrota es fea. Es una derrota de las que antes hacían volar almohadillas.

 

Debutaba en Chamartín el Sheriff, un club-Estado sin Estado, rizando el rizo la Champions, y era un partido para ver a Hazard y además adaptado a Hazard con el 4-2-3-1. Ancelotti volvía a meter jóvenes y el juego empezaba alegre por donde Miguel, Camavinga y Vinicius. Con Alaba en el central zurdo y la posibilidad próxima de Mendy, es como si el Madrid hubiera descubierto un hemisferio de fútbol nuevo. Un juego rápido, técnico, de ritmo moderno entrevisto en Camavinga, que partía del doble pivote y subía por el interior hacia dentro o hacia afuera. Era ubicuo y marcaba el comienzo de un Madrid con la defensa arriba y un fútbol alegre concentrado en ese lado, demasiado por ese lado. Era sabido que la amenaza del Sheriff estaba en su banda izquierda, donde el Madrid había hecho el remiendo para Hazard: Nacho con todo lo demás para Valverde, el elegido siempre para compensar bandas cojas. La banda parecía ser un ejemplo de esa regla no escrita de las organizaciones por las que siempre se castiga al cumplidor.

 

Había pocas llegadas. Tuvo una primera el viejo Vinicius, y se vio muy claro el motivo: incumplía el consejo de Carletto con demasiados toques al llegar al área; pisarla, tocarla, retocarla, volver a tocarla es la muerte de la ocasión. Ancelotti se lo tiene que repetir diariamente: Vinicius, uno o dos toques en el área, ni uno más.

 

Al Madrid el juego no le cristalizan y la amenaza silente del Sheriff se cumplió. Con la banda derecha del Madrid medio desnuda, Cristiano, el bueno de ellos, ovacionado tras la megafonía, metió un centro de primerísimo nivel que el delantero uzbeko, Yakhshiboev, no falló.

Se desordenó al Madrid. Todo lo que antes era alegría juvenil (y general confianza) se convertía en desconcierto. Aun tuvo un susto en una cantada de Courtois, la primera en meses (una grietecilla) hasta que algo activó al Madrid a la altura del minuto 35. Será casualidad, pero fue exactamente el ese minuto cuando reaccionó ante el Villarreal (constantes los biorritmos).

Hubo una ráfaga de ataques del viejo Madrid, esos arrebatos en los que el Madrid es siempre el mismo Madrid: Vini (tras bellas dejadas mudas y quietas de Hazard, lo mejor suyo, lo que se recordará: las inhibiciones), luego Benzema, Casemiro, Nacho, a veces en ocasiones dobles y hasta Hazard, renacido un poco, muy poco, casi nada. El mayor trabajo que parece haber hecho Hazard, su gran logro en estos decepcionantes años ha sido el entendimiento con Benzema. Se percibe una inteligencia desarrollada entre los dos, una auténtica relación de pareja y pensamientos mutuos. Hay un trabajo ahí, pero latente, un fútbol imaginario, sólo pensado.

 

El asedio no dio goles y al descanso se llegó con dos cosas: una sensación satisfactoria y un alarmante 0-1.

La debilidad trasera del Madrid no había sido una sensación pasajera, y a la vuelta el Sheriff volvió a asustar.

El ataque daba otros problemas. Poco espacio, demasiados seres en la frontal, tendencia a la rifa de centros y poca profundidad por la derecha, donde el problema amenaza con ser crónico.

La esperanza parecía estar de nuevo en la conexión entre Alaba y Vinicius, con el intermedio de Camavinga. Ahí estaba el chispazo, la electricidad, el más lujoso kilovatio. Vinicius le pedía a la grada que se pusiera a su misma temperatura. Tiraba del juego y del ánimo del Madrid. Invadía el área una y otra vez. En todos los partidos se hace un autopenalti descarrilando de pura velocidad. Pero Addo le hizo uno claro que el VAR salvó del olvido y marcó Benzema. Vino de un regate mágico entre dos rivales, la jugada que se le suena a un extremo.

 

Ancelotti hizo un cambio múltiple y ambicioso que añadía a Rodrigo y Jovic al ataque y dejaba a Valverde y Camavinga de laterales. Modric y Kroos movían el conjunto, amasaban una pizza familiar con doble de extremos y delanteros. Era un paso hacia el enloquecimiento cuando el Madrid mejor estaba y se perdió algo de control, incluso volvieron los sustos transnistrian.

Una vez reajustado el Madrid, volvió el ataque y volvió un ataque, si no mejor, más amplio, ya no solo de Vinicius y por Vinicius

Pero Athanasiadis, bien todo el partido, alcanzó cotas heroicas llegandole a parar a Modric un tiro con la faz. Cogió ese puntito invencible de los porteros que entran en trance. También le paró otra a Jovic tras una brillantez de Rodrigo como extremo.

 

Los noventa minutos del Bernabéu se alargaban, media Transnistria estaba en el área y cuando se esperaba al Madrid, Thill marcó un gol absurdamente bueno desde fuera del área y en el Bernabéu solo se oyeron, desgarradores, los gritos de júbilo visitantes. Cómo sería en Transnistria... El Madrid, no se puede negar, ha empezado a llevar la alegría a los lugares más insospechados.