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Vie, May

Marcelo, capitán ejemplar, futbolista residual

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El brasileño, que mañana cumple 15 años de su debut con la camiseta blanca, encara sus últimos meses en el club

(ABC).- Esta noche vienen los Reyes Magos y siempre hay un hueco para un regalo inesperado. Qué se lo digan a los aficionados del CD Alcoyano, que hace doce meses tumbaron al Real Madrid en dieciseisavos de Copa y esta noche sueñan con repetir la gesta en El Collao. El año pasado les tocó verlo por televisión, por la prohibición de público en las gradas debido a la pandemia, pero el destino se ha puesto de su lado y les ha premiado con lo que le ‘quitaron’ la pasada temporada. Papel vendido por completo. 4.700 almas en El Collao ávidas de vivir in situ una noche de Reyes en la que Melchor, Gaspar y Baltasar les hagan convertir, otra vez, sus sueños en realidad.

 

No será sencillo. Que un equipo de Segunda B, ahora primera RFEF, eche de Copa a todo un Real Madrid no es el guión habitual del fútbol. Hacerlo dos temporadas de manera consecutiva suena a milagro, pero en el fútbol hay ocasiones en que uno más uno no son dos. Por si acaso, Ancelotti ha advertido a los suyos públicamente. Tras el traspiés en Getafe, un sonrojo copero encendería la bombilla roja en Valdebebas: «No he visto el partido del año pasado, pero sé lo que pasó porque me lo han contado jugadores. Esa herida sigue abierta por una derrota en un momento complicado de la temporada y los jugadores saben mejor lo que pasó y lo que no debe pasar mañana», explicó ayer el técnico italiano en la sala de prensa de Valdebebas.

 

Carletto se pone serio

 

Ancelotti no deja opción alguna para la relajación. Da igual si enfrente hay un equipo de Primera RFEF: «Quiero ser bastante claro en este sentido. Este es un partido donde quiero dar minutos sólo a Lunin, que se merece haber jugado bastante más. El resto voy a meter el mejor equipo posible porque nos lo vamos a tomar muy en serio y no es para dar minutos a los que han jugado menos. Tenemos bajas, pero pondré el mejor equipo posible».

Dentro de esos parámetros no está Marcelo, pero la ausencia de Mendy, fuera de la convocatoria por molestias musculares que ya le obligaron a ser sustituido en el descanso ante el Getafe, permitirá al brasileño jugar su segundo partido como titular esta temporada. El capitán será uno de los que repita del descalabro de la pasada temporada. En la Copa deposita sus pocas opciones de jugar antes de poner fin a su andadura en la capital.

Marcelo debutó con la camiseta blanca un 7 de enero de 2007. Mañana hará quince años de aquello. ¿Tanto? Sí, el tiempo vuela, también para los futbolistas de élite. El segundo mejor lateral izquierdo de la historia del club, tras Roberto Carlos, tendrá en esta Copa la oportunidad de despedirse del club de su vida. Acaba contrato en junio y no va a renovar. Desde la conquista de la Decimotercera en Kiev, en mayo de 2018, Marcelo dibuja un trazado cuesta abajo que está tocando sima esta temporada con Ancelotti. Solo 184 minutos en lo que va de temporada, el segundo jugador de campo menos utilizado. Hoy tiene un valor de mercado de 3 millones de euros. Cuando sumó su cuarta Champions hace tres años y medio, estaba valorado en 70 millones.

Es un caso extraño el suyo. Su luz se apagó con solo 29 años, edad en la que la mayor parte de los futbolistas ofrecen su mejor versión. Aquel verano, en el que se cerró el segundo mejor ciclo de la historia del Madrid, se marcharon Cristiano y Zidane, y con ellos el indomable fútbol de Marcelo. Impredecible de medio campo en adelante, zozobra para defensas rivales y quebradero de cabeza para sus oponentes directos sobre el verde, el brasileño fue pieza clave en ese Madrid que enganchó cuatro de cinco Champions League.

Su tendencia a coger kilos de más y su facilidad para acumular lesiones musculares son dos causas de su declive deportivo, pero solo él sabe por qué de la noche a la mañana, y en plena madurez de su carrera, Marcelo pasó de ser el mejor lateral izquierdo del mundo a un futbolista residual.

Ramos como maestro

En esta metamorfosis, a la par que perdía protagonismo sobre el verde lo iba ganando en otras funciones. Bajo el paraguas de Ramos, aprendió cómo debe llevar el brazalete un capitán del Real Madrid. En el vestuario es un ejemplo para los más jóvenes. Les cuida, les aconseja y les muestra el camino para triunfar de blanco. Y él siente el respeto y a la admiración de todos ellos, sabedores que el gris presente no puede borrar el eterno y brillante pasado de Marcelo.

Ahí están sus números. 534 partidos de blanco, el segundo extranjero con más encuentros en la historia del Madrid, tras Benzema (583). Donde no le supera el francés es en títulos. 22 para el brasileño, a solo uno de igualar a Sanchís y Gento (ambos con 23) y a dos de superarles como futbolistas del Real Madrid con más títulos de su centenaria vida. No parece una quimera. En la Liga es el claro candidato a llevársela, y tiene otras tres balas con la Supercopa, la Copa y la Champions.

Son sus últimos cinco meses como jugador del Real Madrid, en los que tiene serias opciones de levantar con sus propias manos, al menos, un trofeo. Ya sin Ramos en la plantilla, él disfruta de la primera capitanía, que además de responsabilidades también tiene algunos privilegios. La próxima semana, en Riad, tiene la primera oportunidad de sumar su título número 23. Seguramente, no será protagonista en el verde. Sí en la Copa, torneo bonito para ir diciendo adiós, como lo hará desde esta noche, en Alcoy.