07
Sáb, Dic

COPA DAVIS ... Nadal da a España la sexta Copa Davis

Deportes
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El balear, descomunal toda la semana, supera a Denis Shapovalov en el segundo partido de la final y la selección levanta la Ensaladera en una Caja Mágica entregada

Bautista gana el primer punto y deja a España a un paso de ganar la DavisLas lágrimas de Bautista tras adelantar a España en la finalNadal se emocionó con el discurso de Bautista sobre la pista

(ABC) La Copa Davis de Piqué, en su bautismo mundial, pasará a ser la Copa Davis de Nadal, héroe indiscutible de España en otra fiesta nacional que él mismo se encargó de organizar. No ha existido jamás un líder tan fiable como el mallorquín, jamás es jamás, y completó la obra con el triunfo decisivo de la selección, mucho más aliviada ante Canadá que en los cruces ante Argentina y Gran Bretaña, enfervorecido el grupo en un abrazo que supone muchísimo. Ganó España, ganó su sexta Ensaladera, y lo celebró como en las cinco anteriores, que es la mejor noticia para los chicos de Kosmos, abrazados a un lema muy de anuncio: «Nueva era, misma alma».

El alma de este torneo es el alma de Rafael Nadal, que se ha vaciado en esta semana de excesos con cinco partidos de individuales y tres de dobles. Sobra decir, claro, que en todos ha terminado igual, cerrando el puño y saltando al cielo, emocionando a una grada que suplica para que el tiempo no pase. Aunque se asume un adiós más o menos temprano, pura lógica por el paso de los días, cuesta pensar en el mañana después de Nadal, capaz de levantar el ánimo de cualquiera simplemente jugando al tenis. Es un antidepresivo magnífico, un remedio para todos los males, el español más universal por sus valores y por su manera de entender la vida y el compromiso. Da gusto verle.

España, no podía ser de otra manera, se ha entregado a él en esta Davis formato de bolsillo, que exige una revisión profunda, pero que en lo deportivo ha funcionado bastante bien. Más allá del debate, tenis de nivel ha habido y la selección, sin duda alguna, ha sido el mejor de los equipos, buena comunión en el vestuario bajo las órdenes de Sergi Bruguera. Básicamente porque España forma una pandilla de amigos que encima se ha tenido que enfrentar a la adversidad, durilla la semana por el golpe anímico que supuso la muerte del padre de Roberto Bautista. Además, se han lesionado Pablo Carreño y Marcel Granollers, contratiempos propios en esta época del año.

 

En la Davis de Nadal también hay espacio para el ya mencionado Roberto Bautista, al que por fin le llegó su gran día en este torneo tan sentimental, una victoria que recordará para siempre. El jueves abandonó a toda prisa la expedición porque su padre, Joaquín, había empeorado en su estado de salud, y pocas horas después llegó la trágica noticia de su muerte, un mazazo para él y para sus compañeros. Bautista, sin embargo, quiso regresar a Madrid y asintió cuando Bruguera le preguntó si estaba en condiciones de jugar. «Sí, quiero», le respondió. Y Bautista salió al ruedo, y Bautista ganó su partido a Felix Auger-Aliassime, y Bautista lloró recordando a su padre.

Bautista mira al cielo

Hasta ahí, hasta que explotó, hizo un tenis estupendo y sin fisuras, que es precisamente la mayor de sus virtudes. Es una roca desde el fondo, un tenista robótico con movimientos muy coordinados, y esta vez comprendió lo que exige una gran tarde de Davis. Por su parte, Auger-Aliassime, de 19 añitos, es el 21 del mundo, aunque sin horas de vuelo en citas de las serias. Además, estuvo tocado de un tobillo durante toda la semana y no había jugado ni un solo partido de esta Davis, pero el capitán canadiense le alineó por delante de Vasek Pospisil, perfecto en las rondas anteriores.

La lucha fue seria durante el primer set, resuelto en el tie break, pero en el segundo hubo un bajón evidente en Auger-Aliassime, que entregó su saque nada más empezar y se le escapó cualquier amago de remontada. Tampoco le dejó Bautista, tan concentrado que estalló después de alzar los brazos. Sin consuelo, y después de abrazarse a todos sus amigos del banquillo, cogió el micrófono y no pudo controlar el llanto mientras la Caja Mágica le reconocía la proeza. Cabe recordar que Bautista, en mayo de 2018, también perdió a su madre y a los días se plantó en Roland Garros, el mejor homenaje, a su entender, para dignificar a los suyos.

Con el Rey disfrutando ya en el palco una silla más allá de Piqué, a España se le iluminó la cara porque ya solo quedaba rematar, y se le encomendó la misión a Nadal, qué fácil es todo con él. El número uno quedó emparejado con Denis Shapovalov, otro jovenzuelo de 20 años y con un futuro estupendo, muy duro con su saque y con un revés a una mano de los que gustan porque cada vez quedan menos. El campeón de 19 grandes, todavía con fuerzas para una última gesta, no estaba dispuesto a que se alargara la tarde del domingo más de la cuenta, suficientes desvelos ha habido esta semana con tenis hasta las tantas, y finiquitó su Davis a lo grande, enésima exhibición de compromiso, liderazgo y tenis, muchísimo tenis.

Shapovalov, que tuvo sus momentos de magia, le complicó las cosas durante una hora y 55 minutos, agónico el tie break del segundo, el mejor adiós para esta Davis soñada. Se tiró Nadal al suelo de la pista Manolo Santana y a por él que fueron todos, la piña de un equipo histórico que reverdece el palmarés de España, con mucho el mejor equipo del siglo XXI y que buscaba una portada desde 2011. Ya la tiene, y se la debe en gran parte a la brutalidad de estos días de Nadal, que ganaba antes, gana ahora y ganará siempre.