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Mié, Feb

El Madrid vuelve a su ser

Deportes
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RESUMEN Y GOLES DEL OSASUNA 1 - REAL MADRID 4

(ABC) Victoria en Pamplona que reafirma a los de Zidane. Tras un inicio dubitativo, los blancos se impusieron con brillantez

Recuperó el Madrid su ser liguero en un campo norteño y difícil y lo hizo yendo de menos a más, de poco a bastante e incluso a mucho, a partir de la presencia tranquilizadora y fundamental de Casemiro, que es en el Madrid, como en Brasil, la columna que lo sujeta todo. "No hay nadie imprescindible", se dice. Casemiro lo es.

Se inició el partido con un Osasuna agobiante. Tres llegadas a la portería del Madrid en cuatro minutos. El Madrid se repuso con el método del toque, la pelota, y en esos minutos de primeros capotazos al enérgico fútbol-toro local, Modric “lesionó” con un recorte a Moncayola, que fue sustituido por Fran Mérida. Modric estuvo muy hábil todo el partido, juvenilmente desequilibrante.

El Madrid parecía meterse en el partido, pero no del todo. Osasuna seguía llegando y en el 14 marcó en un córner con remate de cabeza de gran categoría de Unai García. La jugada previa fue originada por una pérdida de Valverde, lo que hablaba de cierto amodorramiento e incluso frialdad en al Madrid, visible también en las primeras respuestas a ese gol, una circulación más rápida de la pelota pero acompañada de cierto aire maquinal, casi somnoliento. El equipo navarro aún respondía con jugadas muy rápidas y bien trazadas, y en el Madrid el juego resultaba poco imaginativo y nada vibrante. Valverde parecía limitado en el espacio, y afloraban solo centros de Bale, con el inevitable aire de trámite evacuado sin espíritu.

La señal de optimismo, las primeras florecillas primaverales para un Madrid que parecía flirtear con la depresión, las llevó Isco al bajar a por la pelota, al iniciar su apnea futbolística hacia ella. Ahí, alrededor de su vicio pelotero, el Madrid comenzó su retorno, "recomenzó", como dijo de su nuevo “procés” Pedro Sánchez o como decía Valery que hacía el mar con cada ola. La primera pasión o el especial interés futbolístico lo puso Isco, con barba de artista impresionista, de jugador artista-especialista en la pelota, muy necesario en el Madrid. Es el que consiguió el primer oxígeno, un jugador para momentos, con algo de "primeros auxilios", de urgente tranquilo, de “vísteme despacio que tengo prisa”. Así, en el 29 llegó ya una ocasión clara del Madrid en intento doble de Carvajal y Bale.

Con Isco, hombre brújula activado, y con los laterales penetrantes, el Madrid fue siendo el Madrid e Isco empató en el 3 rematando un rechace de Bale.

El gol animó aun más al Madrid, desvelando el componente psicológico de su mal inicio, y poco después llegó el 1-2, un gol característico de este Madrid liguero: córner, toque al segundo palo de Casemiro, muy poderoso, y remate de Ramos.

Pero no fue mera estrategia, fue la conclusión natural a un juego mejorado. Melancólicamente, un defensa debajo del larguero pedía fuera de juego, imagen que de alguna forma resume el fútbol español y un poco España entera.

El Madrid recuperó en esos minutos la velocidad con la pelota y la temperatura en las marcas. Al llegar al descanso, estaba ya a la altura calórica del estadio, tonificado para un clásico partido norteño.

En la segunda parte salió aún mejor. Modric desbordaba en carrera por la banda con una facilidad sorprendente y le dejaba una buena ocasión a Benzema, que estaba para otra cosa y salió absolutamente estelar dirigiendo el juego muy abierto a la izquierda.

Ante este buen inicio, Osasuna subió el nivel físico, con cierta inhibición de Gil Manzano, o lo intentó con Enric Gallego, la figura del 9 clásico, pero a todo respondió el Madrid con una mezcla ya habitual en esta Liga de solidaridad, orden y “tenencia”.

Además se sumaba Valverde, que volvía a ser ese jugador que va y viene de área a área con la velocidad creciente de una correa de transmisión.

Rendían todos salvo quizás Bale, y Lucas lo sustituyó en el 70. El partido parecía entrar en un valle, calmado, como si esa tranquilidad presagiara algo. Rubén García tuvo una buena ocasión en un córner y Osasuna subió otro escalón su intensidad, un último intento que el Madrid también sofocó. Sus contras ya eran frecuentes, pero dirigidas por Isco morían en la orilla, así que Zidane dio entrada a Vinicius, y en los diez minutos finales se descorchó definitivamente el juego a la contra del Madrid con un Modric rejuvenecido y un Benzema extrasensorial que en el 1-3 recuperó una pelota, esperó a que llegara Lucas y se la cedió anticipando su llegada con los ojos de la nuca.

Era una acción característica y memorable. Toda la segunda parte estuvo dando pasos así, de reojo, como primer atacante que espera al resto y lo dirige (dirigir es esperar) con la cámara de visión trasera, como si estuviera aparcando el Mercedes del Madrid.

Modric, que volvió a driblar ligero y deslizante, fue el que orquestó el cuarto para que Valverde cediera a Jovic, que con una volea zurda a la altura de su rictus, por fin, marcó el cuarto y devolvió todo, tras el trauma de Copa, a esa felicidad coral y llena de repartos y pedreas que venía siendo el reciente Madrid de Zidane. Se reafirmó con una victoria de las que valen ligas.