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Mar, Abr

López Obrador bombea 4 mil 894 millones de euros en ingresos extra a Pemex

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La petrolera es la más endeudada del mundo con un total de 106.000 millones de dólares

A la desesperada. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha puesto toda la carne en el asador para tratar de salvar a la extremadamente endeudada Pemex, la petrolera estatal. Para conseguir ese objetivo, AMLO bombeará una inyección de 107.000 millones de pesos (4.894 millones de euros) en ingresos extra para fortalecer las finanzas de la compañía pública, la petrolera más endeudada del mundo con un total de 106.000 millones de dólares.

«Nos van a tratar bien porque son muy buenos técnicos», dijo López Obrador en referencia a las agencias de calificación al anunciar el paquete de medidas que incluye exenciones de impuestos, un aumento del presupuesto federal, prevé ingresos extra por la lucha contra el robo de combustible y, además, que Pemex no incurra en nuevas deudas. Y es que la inyección de capital llega sólo días después de que Fitch bajara la calificación de la deuda de Pemex a BBB-, es decir, la estatal está sólo un nivel por encima de convertirse en «bono basura». México está a sólo tres niveles de ser «bono basura», por lo que podría ver una mayor reducción en su calificación si continúa el deterioro de las finanzas de Pemex.

«Llegado el caso, el Gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda, hará lo que sea para mantener las finanzas de Pemex sanas», comentó Carlos Urzúa, el secretario de Hacienda, con un mensaje en el que afirmó que el país apoyará a la empresa «de manera absoluta». Y es que de pasar a ser considerada «basura», Pemex y México necesitarían mayores intereses por su deuda ya contratada y por los bonos que tuvieran que emitir en el futuro para financiar nuevos proyectos.

La compañía petrolera representa aproximadamente el 18% de los ingresos totales que recibe México. El petróleo es una de las principales entradas Miende dólares en el país junto con las exportaciones industriales a Estados Unidos, las remesas de los emigrantes y el turismo. Por ello, AMLO aprueba estas medidas para dar confianza a los mercados y, presumiblemente, obtener mayores ingresos con los que realizar mayores inversiones en exploración y producción, puesto que la producción petrolera de México ha pasado de producir en 2009 a cerca de 2,7 millones de barriles diarios a apenas 1,8 millones en 2018.

Para revertir está situación, la anterior administración de Enrique Peña Nieto aprobó una reforma petrolera para permitir la inversión de las empresas extranjeras en el sector hidrocarburos por primera vez desde 1938, cuando México expropió la industria petrolera a los inversores privados. Existen muchas áreas de México -sobre todo en aguas profundas- por explorar y, así, encontrar nuevos yacimientos. Ante la elevada deuda de Pemex, Peña Nieto cerró acuerdos con empresas privadas para que se encargaran de buscar nuevos pozos y extraer el crudo a cambio de pagar onerosas al país. La llegada de AMLO ha congelado la celebración de nuevas rondas públicas para licitar proyectos.

La arbitrariedad de AMLO

Un aumento de los costos financieros, resultado de una calificación «basura», sería un golpe mortal a los planes petroleros de AMLO. El presidente había anunciado un programa de 10.000 millones de dólares para construir una nueva refinería y modernizar las seis que ya hay en el país. Actualmente, México no tiene suficiente capacidad para refinar todo el petróleo que produce, por lo que el 45% de su producción es enviado a Estados Unidos para ser procesado y, posteriormente, es importado de nuevo. Es el programa de las refinerías y, para llevarlo a cabo, López Obrador necesita el apoyo de los mercados financieros, quienes ven con estupor la ambigüedad, incertidumbre y arbitrariedad con la que normalmente actúa el nuevo presidente mexicano.

Un ejemplo es la cancelación del nuevo aeropuerto de Ciudad de México, un megaproyecto de 11 mil 400 millones de euros en el que participaban las españolas Acciona y FCC. A pesar de que la obra ya inició en 2015 y estaba completada a más del 30%, López Obrador decidió celebrar en octubre -aún no era presidente- un referéndum en el que sólo participó un 1,9% del censo electoral para decidir si la obra tenía que continuar. El 69,9% de los votantes optaron por suspender la obra y, desde entonces, el gobierno está involucrado en un complejo proceso con inversores y constructoras para detener el proyecto desde que tomaron posesión el 1 de diciembre 2018.

La última víctima del dedo acusador de López Obrador han sido las empresas de generación de energía eléctrica, acusadas por el presidente de tener contratos muy negativos para el estado. Por ello, AMLO ya ha dicho que quiere renegociar los contratos con las compañías que le venden electricidad a la empresa pública Comisión Federal de Electricidad (CFE). Entre otras compañías, se encuentra la española Iberdrola, que vende el 76 de la energía que produce a la CFE.

Corrupción

La corrupción es uno de los principales factores que lastran el desempeño de Pemex. El robo de combustible genera al año unas pérdidas de 2 mil 744 millones de euros (60.000 millones de pesos) en la empresa. La lucha contra la corrupción es justo una de las principales banderas de AMLO. Como parte de estas medidas, el gobierno ha cesado a tres funcionarios de Pemex por estar involucrados en este delito. De funcionar todo el paquete de medidas que AMLO ha propuesto para intentar salvar la empresa, el país recibiría de Pemex 1 billón de pesos (45.742 millones de euros) con los que espera retomar la confianza de los mercados.